Nunca se había visto un asno en Kuichú, hasta el día en que un excéntrico, ávido de novedades, se hizo llevar uno por barco. Pero como no supo en qué utilizarlo, lo soltó en las montañas.
Un tigre, al ver a tan extraña criatura, lo tomó por una divinidad. Lo observó escondido en el bosque, hasta que se aventuró a abandonar la selva, manteniendo siempre una prudente distancia.
Un día el asno rebuznó largamente y el tigre echó a correr con miedo. Pero se volvió y pensó que, pese a todo, esa divinidad no debía de ser tan terrible. Ya acostumbrado al rebuzno del asno, se le fue acercando, pero sin arriesgarse más de la cuenta.
Cuando ya le tomó confianza, comenzó a tomarse algunas libertades, rozándolo, dándole algún empujón, molestándolo a cada momento, hasta que el asno, furioso, le propinó una patada. "Así que es esto lo que sabe hacer", se dijo el tigre. Y saltando sobre el asno lo destrozó y devoró.
¡Pobre asno! Parecía poderoso por su tamaño, y temible por sus rebuznos. Si no hubiese mostrado todo su talento con la coz, el tigre feroz nunca se hubiera atrevido a atacarlo. Pero con su patada el asno firmó su sentencia de muerte.
FIN
Cuento tradicional chino: Anonimo
viernes, 11 de enero de 2008
El asno de Kuichú
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jueves, 10 de enero de 2008
Fíjense...
cual velocistas.

A veces, vas en el coche mientras llueve. Atasco afuera. Cuántos coches parados. Paraguas negros se pelean por ganar la posición en la primera fila de la acera, esperando a que el semáforo se abra. O aún peor, pasos apresurados que en silencio maldicen al hombre del tiempo.
Entonces, mientras miras por la ventanilla, se cruza una gota que se desliza por el cristal. Sigues su curso, espectante ante la posibilidad de que consiga la proeza de llegar al filo inferior sin haber chocado. Sin haber muerto.
La mayoría caen en el intento. Pero no pasa nada. Buscas otra candidata.
Me gusta la lluvia.
¿Alguien más ha estado tan aburrido en alguna ocasión de observar a las gotas en el cristal del coche u otro vehículo ?
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Die Toten Hosen: Alles aus Liebe
Ich würde dir gern sagen,
wie sehr ich dich mag,
warum ich nur noch an dich denken kann.
Ich fühl mich wie verhext und in Gefangenschaft
und du allein trägst Schuld daran.
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Worte sind dafür zu schwach,
ich befürchte, du glaubst mir nicht.
Mir kommt es vor, als ob mich jemand warnt,
dieses Märchen wird nicht gut ausgehen.
Es ist die Eifersucht, die mich auffrisst,
immer dann, wenn du nicht in meiner Nähe bist.
Von Dr. Jekyll werde ich zu Mr. Hyde,
ich kann nichts dagegen tun,
plötzlich ist es so weit.
Ich bin kurz davor durchzudrehn,
aus Angst, dich zu verliern.
Und dass uns jetzt kein Unglück geschieht,
dafür kann ich nicht garantiern.
Und alles nur, weil ich dich liebe,
und ich nicht weiß, wie ich's beweisen soll.
Komm, ich zeig dir, wie groß meine Liebe ist,
und bringe mich für dich um.
Sobald deine Laune etwas schlechter ist,
bild ich mir gleich ein, dass du mich nicht mehr willst.
Ich sterbe beim Gedanken daran,
dass ich dich nicht für immer halten kann.
Auf einmal brennt ein Feuer in mir
und der Rest der Welt wird schwarz.
Ich spür wie unsere Zeit verrinnt,
wir nähern uns dem letzten Akt.
Und alles nur, weil ich dich liebe,
und ich nicht weiß, wie ich's beweisen soll.
Komm, ich zeig dir, wie groß meine Liebe ist,
und bringe mich für dich um.
Ich bin kurz davor durchzudrehn,
aus Angst, dich zu verliern.
Und dass uns jetzt kein Unglück geschieht,
dafür kann ich nicht garantiern.
Und alles nur, weil ich dich liebe,
und ich nicht weiß, wie ich's beweisen soll.
Komm, ich zeig dir, wie groß meine Liebe ist
und bringe mich für dich um.
Komm, ich zeig dir, wie groß meine Liebe ist,
und bringe uns beide um.
TODO POR QUIEN QUIERO
Me gustaría decirte
cuánto te quiero -
Porque solo puedo pensar en ti -
Me siento como embrujado y en cautiverio
Y solo tu tienes la culpa
Las palabras son para esto muy débiles
Temo
que tú no me creas -
A veces siento
como si alguien me advirtiese:
Con esta chica no te va a ir bien
Son los celos
que me refrescan -
siempre después
que tu no estás a mi lado
Del Dr. Jekyll paso a Mr. Hyde -
no puedo hacer nada contra esto
de pronto estás tan lejos
Estoy a punto de enloquecer
por miedo a perderte
Y de que ahora no nos ocurra ninguna desgracia
no puedo garantizarlo
Y todo solo
porque te quiero -
Y no sé
cómo debo comportarme -
Ven
Te mostraré
qué grande es mi amor -
Y me mataré por ti
En cuanto te pones de mal humor -
De inmediato me figuro
que tu ya no me quieres
Me muero entre pensamientos
de que no te podré tener para siempre -
De pronto se enciende un fuego en mí
y el resto del mundo se vuelve negro -
Siento como nuestro tiempo se reduce
Se acerca nuestro último acto.
Ven
Te mostraré
qué grande es mi amor -
Y nos mataré a los dos
El negador de milagros
Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno.
Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo.
El piadoso yerno se horrorizó. -Oh, venerado suegro -suplicó- no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros.
El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.
FIN
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miércoles, 9 de enero de 2008
Air Madrid, un año después (VI)
El éxito de la manifestación en el aeropuerto de Ezeiza nos mostró que la vía más fructífera podía ser presionar a la compañía que se hizo cargo de los damnificados: Air Comet, es decir, Aerolíneas Argentinas. Su oferta, como he dicho, era viajar por 200 euros a Madrid como único destino y sólo para los pasajeros de nacionalidad española (muchos argentinos tienen la doble nacionalidad por su ascendencia, pero no todos, claro).
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De esta manera, en cualquier momento podía pagar el billete y regresar a España, pero seguía sin estar de acuerdo. No quería tener ningún gasto añadido de 200 euros cuando ya había comprado el billete y, sobre todo, no quería abandonar a N. (la coordinadora que se hizo cargo del grupo cuando renunció F.), ni a los 30, 40 damnificados que habían estado en todas las reuniones y todas las manifestaciones ni a los que a la distancia animaban cuanto podían a no rendirse. El resto del grupo lo tenía sólo en cuenta para darle la información del tema, pero no esperaba nada más, no sentía que a ellos los representara si no daban muestra alguna de apoyo, crítica o repulsa. Si no fuera por el ánimo de los habituales me habría olvidado del tema desde hacía tiempo. En fin, las siguientes manifestaciones las dirigimos a la oficina central de Aerolíneas Argentinas, en la peatonal contigua a la calle Florida.Fueron dos las manifestaciones que hicimos allí, no fue necesaria ninguna más. Ante la puerta de la oficina hicimos mucho ruido, sobre todo gracias al altavoz de la incansable P., uno de los miembros más decididos y más atrevidos. Mediante sus consignas llamamos la atención lo suficiente para agotar enseguida todos los folletos informativos que repartíamos entre los curiosos y el ruido determinó que las puertas de la oficina se cerrasen antes de su horario habitual. Además, también contamos con la ayuda de miembros del grupo de La Plata, que viajaron a Buenos Aires expresamente para las manifestaciones. En la repartición de los folletos nos ayudaron unos niños que en un principio creí hijos de los miembros del grupo. Mirá todos los que metimos debajo de la puerta, me dijo uno, y entonces me di cuenta de que en realidad eran hijos de unos cartoneros que estaban descansando al lado de la oficina. Para ese mal no había manifestación que valiese (los cartoneros, antiguos miembros de la clase media, se pasean dóciles por las calles reuniendo papeles y cartones que les comprará una fábrica al final del día).Entonces llegó el mayor éxito que tuvimos: nuestros abogados hablaron con representantes de Aerolíneas que decidieron acudir al ver que la manifestación se repetía, y acordaron otorgar a todos los damnificados un billete por 200 euros con plazo hasta finales de junio; es decir, en las mismas condiciones que tenían los españoles. Los abogados aconsejaron que aceptáramos ese trato porque era imposible lograr otro mejor. Y eso fue lo que hicimos. A partir de entonces acabaron las acciones activistas y nos dedicamos a reservar nuestro billete, pues tan enorme era la demanda que no pude lograrlo hasta la primera semana de junio.Aún así no habían terminado todas las medidas de presión. A las cartas a Zapatero y a Kirchner (que no obtuvieron respuesta) les sumamos otra a la Cancillería (el Ministerio de Asuntos Exteriores argentino), ya que había accedido a recibirnos. Yo no estuve en esa reunión (es decir, estuve pero no participé en la reunión ya que no soy argentino); en cambio, sí que asistí a la entrevista con el subsecretario del embajador de España. El resultado en ambos casos fue previsiblemente el mismo: harían cuanto pudieran, que bien poco podía ser, ya que no nos sirvió de nada. De todos modos poco quedaba por hacer. No haríamos más manifestaciones ni más reuniones. Las actividades del grupo habían terminado.
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