domingo, 28 de octubre de 2007

Elecciones en Argentina

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Papá

Aquélla, adelantándose a contravenir las sabias ordenanzas todavía vigentes, no era una soleada mañana de domingo, pero su padre era un hombre de hábitos imperturbables que no iba a suspender su paseo, tradición que se remontaba a tiempos inmemoriales, sin duda, sólo porque las mañanas dominicales de provincias careciesen de la más mínima formalidad en el cumplimiento de sus obligaciones como tales, inobservancia propiciada, en opinión de su padre, por el exceso de tolerancia de las autoridades y porque, a fin de cuentas, el castigoestablecido para tales casos, que muy de vez en cuando era aplicado, parecía incluso divertir a las infractoras, que jugaban a confundir a quienes no habían leído el bando ni oído el pregón (o a quienes, habiendo oído el pregón, no habían prestado ninguna atención, pues tal repugnante especie de individuos, por inaudito que parezca, se da también en nuestra comunidad) que advertía, por ejemplo, de que, ante su reiterado incumplimiento de las últimas disposiciones adoptadas para el mejoramiento de las tardes de otoño, la tarde de los jueves había sido condenada a hacer esa semana de mañana de lunes (quien, dicho sea de paso, nunca fue castigada, ya que era muy apreciada por las autoridades, que siempre confiaron en ella, una mañana que nunca se había permitido la más inocente travesura y que acataba sumisa y gozosamente cualquier disposición que las mismas discurrieran), benigno castigo que, en lugar del merecido de un mes haciendo de mañana de lunes, le era aplicado teniendo en cuenta su provecta, que no venerable, edad.

Así que, no dejándose arredrar por la nada estimulante mañana de aquel domingo, su padre dispuso que el niño fuera ataviado con galas apropiadas para dar un paseo temprano en compañía de su progenitor, que habría deseado que su primogénito fuera vestido con ropas de soleada mañana de domingo, mas había cedido en atención a lo perjudicial que ello podría resultar para la endeble salud de un niño de cuatro años.
En cuanto le hubo atado convenientemente los cordones delos zapatos, parte del avíode su vástago que se reservaba cotidianamente, se lo llevó su padre a la calle, dispuesto a arañar su sonrisa en esa desangelada mañana.

Salían de la Grotta Azzurra (el desayuno en la mejor cafetería de la ciudad, porque servía el mejor café, que es lo que cuenta, dejándonos de decoraciones y zarandajas, sostenía su padre, era un lujo dominical) como haciendo ver que no iban a ningún sitio, insolencia permitida y aun alentada los domingos, siempre que no fuera hora de misa o de partido; pero sabiendo que desembocarían irremediablemente en el larguísimo paseo de plátanos de oriente y palmeras datileras, sabiendo que las mañanas de domingo, como las tardes y las noches y todos los días y seguramente todos los días de todos los días, eran como esas danzas tauromáquicas de que tanto gustaban en la localidad, uno puede pedir un poco de leche en el café o una tostada más, subir por el callejón de los Galos o por la calle de Don Vicente Mosquera, pero siempre acaba en el interminable paseo de plátanos y datileras, el Paseo Imperial.

Caminaba, en fin, por el Paseo, dando largas zancadas para pisar raya -su padre lo dejaba de la mano allí- como un gnomo joven pisando piedras para cruzar un riachuelo y con la cabeza llena de números y de cálculos isn fin y sin sentido, jugando a elevar 5 a la enésima potencia, primero al cuadrado, luego al cubo, después a la cuarta...y nunca lograba pasar de quince mil quinientas setenta y cinco, pues el paso siguiente le exigía ya un esfuerzo de concentración que le impedía el más nimio accidente que acertara a caer ante sus sentidos.

Así andaba, salvando un río sin orillas y volviendo a empezar una y otra vez, cinco, veinticinco, ciento veinticinco, seiscientos veinticinco, tres mil ciento veinticinco, quince mil quinientos setenta y cinco; dejando que el número se enganchara en el sonido de una carraca o de un donnicanor que repetía con insistencia quin-ce-mil-quinien-tas-sete-taicinco-quin-cemil-quinien-tasse-tentai-cin-co, simbiosis que lo suspendía; cuando columbró al globero.

Se acercaba el ya indudable globero haciendo sonar una lusciniola amarilla de plástico, con el hidroplástico gorjeo traía aquella mañana un ramillete de globos verdemar, cereza, ámbar claro, índigo, rosanieve, azul diamantino y hasta un globo azabache y otro del color del zafiro blanco y, lo más importante, llevaba una esbelta bombona que su amigo Hormisdas, quien ya tenía seis años y llevaba tres meses cumpliendo una condena de diez años de cárcel en régimen abierto y pasaba el día en la prisión y la noche en su casa, le había explicado que estaba llena de helio y que los globos inflados con helio eran los que volaban alto, que se lo había contado su abuelo Indortes, el que se dedicaba a restaurar piezas de arte sutorio. Y él sabía mucho.

Corrió a cogerse de la mano de su padre, pero en seguida se soltó porque así no podía concentrarse, le resultaba imposible proveerse de osadía para pedirle que le comprara un globo, un globo lleno de helio.
Caminaba muy junto a su padre, viendo cada vez más cerca al hombre de los globos, que se había instalado en mitad del paseo. Tenía que atreverse de una vez, antes de que fuera tarde, miraba las palmeras como si buscara la que hubiera de serle más propicia para determinarse a elevar su súplica al pasar junto a ella pero, cuando
creía estar a punto de decidirse, una inoportuna ráfaga de viento agitaba las hojas del árbol, que se movían como negando.

Aún aguardaba un augurio favorable cuando el globero estaba ya ahí, a un plátano escaso. No, no podía hacerlo, no. No estaba preparado. Pero lo estaría a la vuelta, cuando volvieran a pasar junto al hombre de los globos él ya estaría dispuesto y le sugeriría a su padre que le comprara un globo -¿de qué color- y su padre se lo compraría porque ¿por qué no se lo iba a comprar?
Desde que habían pasado junto al hombre de los globos, su padre había comenzado a caminar con una parsimonia que jamás había visto en él y la estatua de Lordút con su perro Maera que estaba en la glorieta donde ellos daban siempre la vuelta (nadie llegaba más allá de esa glorieta, que venía a separar el propiamente llamado Paseo Imperial, lugar inevitable de desembocadura de todas las mañanas de domingo no excesivamente insumisas, de la Alameda, una alameda de tilos, acacias e incluso álamos, con un suelo de tierra por donde nunca se veía pisar a nadie, pues todo el mundo sabía que la Alameda finalizaba en el abismo y que quien entrara en ella no podría resistirse a la tentación, al deseo imperioso, a la necesidad fatal de llegar hasta el final, de dejarse caer en el vacío sin fondo)parecía hallarse más lejos a cada instante.
Caminaba sin volver la cabeza, a pesar de que no podía dejar de rumiar que el tiempo huía apremiante, que esa mañana era demasiado ventosa, que apenas había nadie en el paseo y hacía un buen rato que no veía a ningún niño (pensándolo bien, sólo había visto dos al llegar) , que el vendedor de globos, que quizás había salido con su mercancía esperando que al avanzar la mañana iría soleándose como correspondía auna mañana de domingo, no estaría ahí.
Caminaba sin volver la vista atrás como si de ello dependiera la permanencia en el mundo de lo visible de los globos, temeroso de que el giro de su cuello los hiciera desaparecer como bajo una trampilla activada inadvertidamente por él, convencido de que había una regla tácita según la cual se perdía irremediablemente lo que se miraba volviendo la cabeza.

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sábado, 27 de octubre de 2007

Ni en la hora lo oficial es lo real



¿Por qué almorzamos en España a partir de las 2 de la tarde? No por el clima, porque en ningún país mediterráneo sucede esto. Tampoco por la siesta, en España hay bastante menos de lo que se dice. Tampoco por tradición cultural: no se da en ninguna antigua colonia, y aquí hace un siglo tampoco, se puede ver en novelas de Emilia Pardo Bazán, Galdós, Clarín,... ¿Spain is different?

Un día de invierno a las 12 en Polonia o en Italia es mediodía, pero en España estamos aún en plena mañana. Islandia duerme todavía. A las 2 es mediodía en España, tal y como en Inglaterra, Portugal y Marruecos.

¿Qué pasó? Siempre y en todas partes se almuerza a partir del mediodía solar. Hasta el Siglo XIX, la hora oficial era la del reloj solar más cercano, o la del campanario del pueblo. Pero aparecieron los ferrocarriles a larga distancia, y con ellos la necesidad de armonizar la hora oficial. España participó con tres representantes en la Conferencia Internacional del Meridiano, celebrada entre 25 países en octubre de 1884 en Washington. Se establecieron el meridiano de Greenwich como referente mundial, y 24 husos horarios alrededor de cada meridiano múltiple de 15º. Los límites de estos husos luego se adaptaron en muchos casos para coincidir con fronteras estatales, ríos, montañas o costas.

Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Francia tenían que haber adoptado la hora de Londres, pero adoptaron la de Berlín porque el recién nacido imperio alemán, con Bismarck, estaba en su apogeo. Y España hizo lo mismo. Pero España está ya muy descaradamente al oeste de este huso horario de Europa Central. Deberíamos tener la hora de Greenwich, cuyo meridiano pasa por Castellón, pero en la realidad tenemos la hora de Szczecin, Praga, Ljubljana, Rijeka, Nápoles, hasta 25º más al este.

Que Francia y el Benelux tengan la hora de Praga en lugar de la Londres, es peculiar. Pero que la tenga también España, ya es descaradamente irregular.

España es donde más tarde se levanta el sol en el mundo, similar a lugares mucho más al sur, y muy diferente del resto del mediterráneo . Las ciudades españolas son las últimas del mundo en ver llegar el mediodía solar, en Galicia casi a las 3 de la tarde . En verano, el sol se pone en España como en las ciudades más nórdicas de Europa . En invierno, si adoptáramos la hora de Greenwich, el sol se pondría en Barcelona a las 4 y pico, cuando suele llegar el segundo plato en las comidas importantes: nos daríamos cuenta en seguida de lo raro que es nuestro horario. Almorzaríamos antes, reanudaríamos el trabajo antes, nos iríamos a casa antes, y pasaríamos más tiempo con la familia, como en el resto del mundo.


Pero los husos horarios no son toda la historia. El hambre de la (pos) guerra, y comer tarde para presumir, ya pasó gracias a Dios, pero agravó la adopción de la mala costumbre. El pluriempleo lo remató. Era un fenómeno causado por la destrucción bélica, por la autarquía económica impuesta desde fuera después de la guerra civil, por la falta de recursos naturales y por la ausencia de Plan Marshall como en el resto de Europa occidental después de la 2ª guerra mundial. El pluriempleo sigue vigente en la banca, en la administración pública y en muchos servicios, 65 años después de la guerra civil, con ese horario absurdo de 9 a 2, que no existe en ningún otro país del mundo.

Hay más cosas: almorzamos en menos de una hora, pero le dedicamos dos. Luego, premiamos la presencia en el trabajo, mientras que en el resto del mundo se premia la productividad. Aquí supone prestigio profesional dedicar muchas horas, mientras esto supone desprestigio en otros países: si necesitas muchas horas, significa que no cundes, que no rindes, que no estás con los tuyos, que no tienes hobbies, que estás por fuerza estresado e infeliz, y por ende desmotivado. Encima, es evidente que con muchas horas uno no es más productivo: el hombre no es una máquina, se cansa. Invita a pensar el hecho de que los holandeses dejen caer el lápiz a las 5 y tengan una productividad de 1,5 veces la de los españoles, que parecen hasta vivir en su trabajo. Y otro fenómeno de aquí es que cierta población masculina se resiste a compartir tareas domésticas y educativas, y gusta por esto "tener que" estar en el trabajo hasta las tantas.

¿Cómo arreglar el problema? En la próxima cita para cambiar a la hora de verano, en lugar de "comernos" una hora adelantando los relojes, nos la comeremos sin tocar los relojes pero adelantando todos los horarios oficiales: transporte público, emisiones en radio y televisión, ventanilla y atención al público, etc. Hay una excepción importante: las horas de inicio de las actividades por la mañana en el trabajo y en las escuelas no cambiarán, y reduciremos el tiempo para el almuerzo de dos horas en una. También adelantaremos el primer Telediario de TVE hasta la 1 para coincidir con la comida. Como en otras ocasiones, la introducción del euro por ejemplo, habrá los que se adaptan en seguida y los que tardan más. Pero al llegar el cambio a la hora de invierno, la luz solar forzará a que todos nos serenemos: nadie seguirá tomando el postre del mediodía cuando ya es de noche. En Madrid, el sol se levantará y se pondrá a la misma hora local que en Roma.

Está claro que este cambio requiere una buena preparación y sobre todo una buena comunicación. Pero no es muy complicado, y tampoco es algo forzado: no sería más que volver a la normalidad, aunque sea un siglo después. Todos los intentos anteriores de reconciliar trabajo y familia han fracasado. Respecto al sol, seguiremos haciendo exactamente lo mismo. Pero desayunaremos en casa en lugar de interrumpir la mañana laboral. Comeremos a la 1, como en el resto del mundo, y como en España hace un siglo. Veremos el telediario a las 8, como en los demás países. Tendremos una velada digna para estar con familiares y amigos. Dormiremos más, no tendremos que recuperar durante el fin de semana. Estaremos menos en el trabajo, pero trabajaremos igual y probablemente más y mejor. Y sobre todo: reconciliaremos nuestra vida familiar y profesional, todos ganaremos, seremos más productivos, estaremos más con los nuestros, y seremos más felices. No es una simple conciliación: es una reconciliación, la recuperación de algo que habíamos tenido, que habíamos perdido, y que ahora recuperaremos.

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viernes, 26 de octubre de 2007

La revolución y la felicidad

La de la Romántica Banda Local es sin duda una de las historias más singulares de la música popular en español. Y una de las más olvidadas; no ha ayudado que se empeñaran en buscarse un hueco en tierra de nadie –eran demasiado hippys para la emergente movida, demasiado teatrales para la pujante escena del rock urbano. Sin embargo, en las tierras más recónditas de nuestro país hay ‘nucleos de resistencia’ que siguen manteniendo vivo el recuerdo de su pequeña leyenda aunque haga más de dos décadas que dejaron la escena. En la génesis de la banda está la amistad infantil de Carlos Faraco y Fernando Luna, compañeros de colegio y barrio, en el Chamartín de los años sesenta. Ya de adolescentes Luna, que estudia en el conservatorio, y Faraco, que se queda mirando a la luna y le salen dos poemas por menos de nada, comienzan a hablar de hacer algo que tenga que ver con la música. Al principio les tira más la veta social y actúan en Colegios Mayores y Asociaciones de Vecinos e incluso van de gira por Europa actuando en hogares de emigrantes.

Cuando muere Franco se desmarcan de la canción de autor e, influidos por grupos de rock sinfónico y teatral como Jethro Tull y la Premiata Forneria Marconi comienzan a dar vueltas a la idea de crear un grupo en esa onda, con instrumentos poco convencionales y buenas dosis de ironía. Poco a poco van reclutando músicos, aunque al principio la mala suerte les acompaña; el primer violinista y contrabajista fallecen en sendos accidentes. Pero en dos años de transición interna van dando forma al grupo con la adición de un jovencísimo violinista, Quique Valiño, Jorge Mariano, un avezado guitarrista que conocen del barrio y Nano Domínguez, ex bajista de Tilburi y el que aporta mayor grado de conocimiento del medio al grupo. Luna ejerce de ideólogo, compositor principal y multiinstrumentista –flauta, clarinete, lo que se tercie- y Faraco de cantante, ocasional letrista e impagable showman escénico. El batería será un puesto itinerante que ocupará en un principio Marcos Avilés y posteriormente Celso Velasco, ex Paracelso. Junto a ellos, satélites como Ricardo Martín Rodriguez, coautor de alguna letra y responsable en cierta manera, junto a Luna, del nombre del grupo.

Poco a poco la Romántica va tomando forma y sus primeras apariciones en directo despiertan expectación, al mismo tiempo que consagran a Carlos Faraco como uno de los cantantes más imprevisibles del pop español. En escena es capaz de aparecer disfrazado de estatua de la libertad o desaparecer entre el público, de reinventarse las canciones dejando un tanto ‘in albis’ a la banda, que no sabe por donde seguirle, y sus enfrentamientos con la crítica son históricos, despertando ya desde el principio odios inquebrantables y pasiones acérrimas... El caso es que se habla mucho de ellos, y un día entra sin avisar un directivo de la CFE (Compañía Fonográfica Española) en su local de ensayo del Paseo de Extremadura del que saldrá con un contrato de grabación. Al principio, para el subsello Chapa, aunque finalmente decidirán grabar para la etiqueta madre, al no entenderse muy bien con el Mariscal Romero. En el estudio se encontrarán con José Miguel Yanes, ex Aguaviva, primero productor y luego miembro ocasional del grupo en directo, y perfecto intérprete de las ideas del grupo y su plasmación sonora.

La repercusión mediática del primer disco, “Romántica Banda Local”, editado en 1978, es más amplia de lo que hoy podemos recordar. Llegan a actuar incluso en “Fantástico”, programa de José María Íñigo de amplísima audiencia, lo que les ayuda a completar una buena agenda de grabaciones y unas ventas que acabarían rondando los 20.000 ejemplares. Sin embargo, Carlos Faraco, que comienza una nueva carrera como estrella de la radio –que le convertirían en todo un gurú hertziano con programas como “Tris Tras Tres”- se inhibe en cierta manera de la profesionalización del grupo, quizás porque sus prioridades no estaban tan decantadas como las de sus compañeros. El ‘frontman’ alterna conciertos extraordinarios con espantadas que llevan incluso a la necesidad de contratar, para algunas apariciones televisivas, a cantantes de alquiler, hábilmente camuflados y disfrazados para que los responsables del evento no se den cuenta del gato por liebre.

La Romántica Banda Local se adelantó varios años al fenómeno protagonizado por la Orquesta Mondragón y cohabitó con los más teatrales, aunque de ‘guión más cerrado’, Cucharada. Pero los parlamentos entre tema y tema de Faraco, que a veces duraban diez minutos y eran más esperados por la audiencia que las propias canciones –y a veces ayudaban a solapar los problemas técnicos del grupo, en una época en la que primaba la precariedad en los equipos-, fueron un claro antecedente de lo que en los últimos años consagró a Lichis y su Cabra Mecánica. Sin embargo, en cierta manera distanció las dos facciones de la RBL, quienes creían que el componente principal era la música y los ‘faraquianos’ que creían se debía mantener, a toda costa, el espíritu imprevisiblemente poético del grupo. Aunque eso costara el riesgo de salir corridos a gorrazos en las poblaciones menos avisadas de cómo solían ser sus ‘perfomances’...
La Romántica tiene, a finales de los setenta, una base de acólitos amplia y realmente heterogénea, que les permite compartir escenario tanto como los emergentes grupos nuevaoleros, como Mamá y Kaka de Luxe, como con jerarcas del rock urbano como Bloque y Asfalto, con notable y lógica bronca de parte del público cuando tocan su hit “No me gusta el rock”. Sin embargo, no acaban de encajar; los aficionados les toleran pero en las ondas, un locutor de la impronta de Jesús Ordovás les rebautiza como la “Romántica Caca Local”, mientras que Faraco contrataca con una formidable bronca en puro directo radiofónico con un compañero en Radio Nacional, el histórico José María Requena. En el fondo, y pese a las acusaciones de ‘ñoños’ y ‘jipis’ del sector ‘niubabe’, que diría Ramoncín, su actitud en algún momento es netamente punk.

En el 78 Faraco solicita un traslado a Canarias y Luna & Cía, viendo que se acerca la fecha de grabación del grupo, decide contar para “Membrillo” –que recibe ese título porque se ensaya en un local situado en la calle madrileña del mismo nombre- con varios cantantes, como la vieja conocida Gloria De Benito o Bernardo Soubiño. A última hora, y con el tiempo justo para incorporarse a la grabación y aprenderse las canciones regresa Faraco, que da su particular ‘savoir faire’ a temas como “Los borrachos somos gente inquebrantable”, tema casi de encargo añadido a última hora y con el que iban a concursar en un olvidado y remoto festival del que nunca más se supo. Un tema nacido casi de la casualidad y, sin embargo, uno de los favoritos posteriores para muchos seguidores de la RBL.
“Membrillo “ se graba como un doble álbum, que al margen de los temas inicialmente editados contaba con algunos instrumentales, una segunda parte de la hermosa “Julia” –dedicada a una amiga fallecida- y versiones diferentes de algunas de las canciones. Sin embargo, la CFE va perdiendo la fe en un grupo al que ve un tanto sumido en el caos –y en un disco más atemporal, extraño y sin singles tan claros como el anterior- y decide recortarlo hasta la versión finalmente conocida. De hecho, la discográfica certificaría poco más tarde, a principios de 1980, la defunción del grupo, al no tomar en consideración las maquetas del que iba a ser tercer elepé de la banda. Claro, que tampoco ayudó que cuando el de la discográfica se presentó poco antes de lo previsto a la audición se encontrara al cantante aprendiéndose las letras en los instantes previos a la grabación...

Poco a poco el desencanto va haciendo mella en el grupo. Faraco va decantándose cada vez más por ‘sus labores’, Luna considera que se ha perdido la frescura y se están repitiendo y Quique Valiño, acompañado de nuevas incorporaciones, como Manolo Rodríguez y Paco Beneyto –más recordados por su paso por Viceversa- trata de salvar una nave que se va a pique... Y no por rivalidades entre los miembros del grupo –aunque alguna hay, claro- que siguen siendo buenos amigos hoy en día, ni por falta de interés de una buena base de acólitos, sino porque la Romántica Banda Local era un grupo que no podía funcionar por inercia, y cuando la magia se acabó, se acabó.

Como pequeño testamento queda el mini compuesto por algunos temas grabados para la banda sonora de “Tu estás loco, Briones” -debut del periodista y ocasional realizador Javier Maqua- una de las piezas de coleccionista más buscadas por los seguidores del grupo y en cierta manera quintaesencia del espíritu lírico y lúdico de un grupo irrepetible.

Dejo para el final la portada, mágica portada doble, de su disco de debut, “La Romántica Banda Local”, dibujada por César Bobis, antiguo profesor y amigo de Luna y Faraco, pionero en inducirles inquietudes literarias y poéticas. La impagable ilustración muestra la esquina de la Calle de la Palma donde se encontraba “La Sastrería”, un reducto de la bohemia local que en tiempos rivalizaba con La Bobia como centro neurálgico de la progresía madrileña más canalla. El local cerraría poco después, pero justo enfrente, en una simbólica entrega del testigo, se confirmaba el Pentagrama, inmortalizado a su vez con Nacha Pop, como el santuario de la movida madrileña. La Romántica Banda Local ha vivido, acompañada de unos cuantos fieles, un destierro de dos décadas –sólo interrumpido, sorprendentemente, por Siniestro Total, que versionaron “No me gusta el rock” para “Cultura Popular”- pero en el fondo sólo había que cruzar una calle del viejo Madrid para encontrar al más sorprendente eslabón perdido de nuestro pop. Y con él, el espíritu de toda una época.

Si alguien sabe cómo poner aquí música de ellos, que la ponga.





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Tres en la noche

Eduardo Haro Ibars:
Mi libro, tal como ha quedado con el tiempo, me parece muy bonito. Habla de vampirismo, de amor –que es lo mismo- y de centauros. Adoro a los seres híbridos, a los humanimales que se evocan en la penumbra de los cuartos oscuros o bajo la luz anaranjada de las farolas tristes, y como ellos y de ellos he querido hablar en estas páginas. Todas las influencias que se quieran ver en mi trabajo existen. Y también algunas más, soterradas. Escribo con música, generalmente con la radio puesta. Y siento mucho no tener una metralleta para escribir mis verdaderos cantos de amor a la humanidad; sería más práctico, más hermoso, y –si tales poemas se escriben en el interior de un banco- mucho más lucrativo. Además, las ametralladoras son hermosas: guardan con la pistola la misma relación que la máquina de escribir con el bolígrafo.

Por eso, aunque me sigue haciendo gracia, pienso que mi libro no vale ni mucho menos lo que un buen asesinato, o el asalto al tren de Glasgow. Por eso aconsejo a todos los jóvenes poetas que dejen la escritura idiota y se echen a la calle a hacer algo divertido. La violencia es lo único que puede salvarnos del aburrimiento y de la muerte del arte.

“EL ACTO SURREALISTA POR EXCELENCIA MÁS SENCILLO CONSISTE EN SALIR A LA CALLE CON UN RÉVOLVER Y DISPARAR AL AZAR SOBRE LOS TRANSEÚNTES” André Breton.

«Durante la vida de recogimiento Eduardo acostumbra a escuchar la radio, sobre todo en la tranquilidad de la noche. Es oyente del programa diario “A CONTRALUZ”, de Radio 2, de Radio Nacional de España, que dirigen y presentan los melómanos Olga Barrio, una porcelanita que embelesa, y José Luis Téllez, viejo dibujante colaborador de TRIUNFO y POR FAVOR. José Luis y Olga están en el estudio desde las doce y media hasta las tres y media de la madrugada. Un día fatalista Eduardo llama a la radio y habla con la productora Concha Gómez Marco. Le implora que emitan “ADIOS A LA VIDA”, la famosa aria “E LUCEVAN LE STELLE”, de “TOSCA”, de Giacomo Puccini. La acción de la ópera narra los amores de la célebre cantante Floria Tosca y del pintor Mario Cavaradossi, que es condenado a muerte por haber ayudado a un proscrito. Al final el pintor es fusilado y Tosca se tira al Tíber. Eduardo exige que le pongan el aria o de lo contrario también se suicidará, ya que para él “es un acto libre y a menudo hermoso. Es el rechazo de todo, menos de uno mismo: porque el suicida se afirma en la negación de todo lo demás; demuestra a los otros que tiene razón”. Asegura tener el gas abierto y la cabeza a punto de introducirla en el horno. Tanto Téllez como Barrio acceden y le complacen con cuatro versiones seguidas. Tras no haber consumado la amenaza, Eduardo volvió a telefonear a Concha para agradecerle el gesto con gran efusión y Téllez en directo le transmitió ánimos cordiales y le lavó la conciencia.”
Aquí puedes escuchar el aria: http://www.youtube.com/watch?v=ldFw1vNHVA4
¿Adiós a la vida?

Para José Luis Téllez

Cuando el amable antaño desayuno
(comparto reina corazones rojos
y picas negras y tréboles negros
luego diamantes rojos otra vez y Blanca)
el suave Nescafé por la mañana
deja un regusto de podrido y falso
y el chocolate mismo de la noche
(alta madrugada Se vislumbran
ya rosas contra el aire rascacielos
y llaman las sirenas a gritos como siempre como todos los días
al cotidiano fatigar de muchos)
no borra los temblores ni el desastre
de la noche sin sueños pesadilla
despierta sin efectos especiales
Cuando el sexo no tiene la tranquila
Suavidad del humo tan libre y escogido
y la soledad misma está poblada
de insectos vertebrados horrendos y poseedores
de vocecillas malas que ni siquiera insultan
sino repiten nadas y nonadas
Y el corazón funciona con horas de adelanto
y los peces se ahogan en sus estanques
pues que sal en el agua o minerales
Cuando –en fin- me descubro
a escondidas fusilo mis ideas
pues se agotó mi pluma y no hay recambio
es una triste gracia este pijama
Y es un lugar común este poema
¿Es hora ya de ser Cavaradossi?


No se puede mostrar la imagen “http://www.geocities.com/cirulink/olga_archivos/image003.gif” porque contiene errores.


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Caosmeando

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