jueves, 31 de julio de 2008

De recepcionista en el Albayzín

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Al poco de salirme del seminario, me vine a Granada a estudiar Magisterio. Como mis padres no me lo podían costear, tuve que buscar trabajo para pagarme la carrera. Acabé encontrando un puesto de recepcionista en una pensión en el Albayzín. Mi turno era de noche, por lo que a las clases que tenía por la mañana iba prácticamente sin dormir, si es que iba.
Aprovechaba para estudiar, y algunas veces, me pegaba mis cabezaditas. Sin embargo, de vez en cuando se alojaban clientes, la mayoría de ellos extranjeros, que solicitaban que se les despertara a horas tempranas.

Un día, unos franceses me habían pedido que les llamara a las 4 de la mañana. Ese día no recuerdo por qué pero estaba especialmente cansado. Traté de aguantar estoicamente, pero me debí dormir a las 3 y media, poco más o menos. El caso es que me desperté a las 5 en punto. ¿ Qué les iba a decir a los franceses ahora, que tenían que coger un avión y muy posiblemente lo perdieran por mi descuido ? Actué de la forma más sensata posible, y como casi todos lo habríamos hecho: atrasé el reloj de la pared de recepción y el mío de pulsera una hora. Acto seguido les llamé a la habitación.
A los cinco minutos, la pareja bajaba a trompicones por las escaleras, llevando las pesadas maletas ellos mismos, mientras el marido, un hombre robusto y fuertote pese a su más que mediana edad, me maldecía en un francés indescifrable y señalaba su reloj de pulsera pidiendo explicaciones. Yo aparenté total desconcierto, y como el tiempo no les sobraba precisamente, no les dio tiempo a más y marcharon a la carrera (...)
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2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

Habrá, habrá. Las iré dosificando, que tener tengo :)

Saludos

Caosmeando

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