domingo, 13 de diciembre de 2009

Ludovico Einaudi

El siguiente músico es muy afín a Rodrigo Leão, hasta el punto de que salieron juntos de gira. Se trata de:

Ludovico Einaudi







Página oficial

Biografía y otra información de la wikipedia

Discografía

• Time Out (1988)
• Le Onde (1996)
• Stanze (1997)
• Fuori dal mondo (1998)
• Eden Roc (1999)
• I giorni (2001)
• Dr. Zhivago (2002)
• La Scala Concert (2003)
• Una Mattina (2004)
• Diario Mali (con Ballake Sissoko; 2006)
• Divenire (2006)
• Nightbook (2009)
• Cloudland (con Ronald y Robert Lippok; 2009)


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Aunque yo lo habéis adivinado lo reconozco: yo era uno de los fieles seguidores de Diálogos 3, el programa que Ramón Trecet tuvo en Radio 3 hasta el año pasado. Durante los años en que lo escuché descubrí a muchos músicos, algunos fundamentales para mí. Entre ellos, mi último gran descubrimiento del programa fue Ludovico Einaudi.

Para mí fue algo así como el descubrimiento de América, porque ya tenía una amplia trayectoria. Para entonces ya tenía publicados muchos discos y fue como si empezara casi por el final, por sus últimos discos (hasta el momento) en lugar de por los primeros. Quizás haya influido esto para que mi disco favorito sea Una mattina, del que más que uno o dos temas debería citar todo el disco porque es así como los concibe Ludovico Einaudi, no como una serie de temas independientes sino como la lógica continuación de cada uno hasta completar todo un disco. Por eso comienzo por el primero, el que justamente da título al disco:



Perdón por los vídeos. En el Youtube abundan los montajes de fotos de todo tipo que no sólo no tienen nada que ver con el autor de la música sino que a veces desentonan de una manera terrible. Supongo que es lo que debo aceptar por hablar de músicos no tan populares. En cualquier caso lo que importa es la música, sea mediante un enlace del youtube, del goear o de otro servidor. Así que ahí va el segundo tema de Una mattina, Ora:



Una vez le dije a un amigo que la música de Einaudi es muy inteligente. Él se sorprendió mucho porque también toca el piano y nunca habría calificado una música de inteligente. Pero es lo que me parece cuando la escucho, y en Ora aún lo percibo con más claridad. El modo en que Einaudi desarrolla un tema demuestra su inteligencia musical por la cadencia, por el ritmo, por las pausas, por la intensidad. El tempo nunca es estridente, no hay una sola nota que desentone, nada está fuera de lugar. Es una melodía absolutamente calculada. Y lo mejor es que no es fría, al contrario: esta música es una de las más cálidas que haya podido escuchar, tan humana, tan conmovedora que no dejo de admirar su belleza. ¿Cómo elegir un tema y descartar los otros? Mejor dejo que lo hagan los que colgaron vídeos en el Youtube y pongo los que allí encuentro. Como este DNA, del mismo disco, claro:




Ludovico Einaudi mezcla la música popular y la música clásica y aún no le han puesto la etiqueta de turno. Él dice sentirse cómodo con la palabra minimalista, pues le recuerda a un músico como Miles Davis, que con pocas notas parecía que notaba diez mil y con ellas creaba un mundo. A mí me basta con escucharlo, aunque pueda distinguir un sonido cercano al minimalismo en, por ejemplo, Nuvole nere:




Pocas músicas logran emocionarme tanto como lo logra la de Einaudi. Muy pocas. En un mundo donde la sensibilidad se concibe a menudo como un defecto, donde se idolatra la ignorancia y la indolencia y la corrupción absoluta, donde todo bien es pasajero y todo mal sólo se va para volver, parece mentira que exista alguien capaz de imaginar algo como Nuvole bianche:




Podría seguir así hasta completar todo el disco de Una mattina. Pero vale la pena ver los otros. No podría perderme una maravilla como Chanson d’amour, incluida Diario Mali, en la que presenciamos el diálogo milagroso entre el piano de Ludovico Einaudi y la balalaika de Ballake Sissoko





Estoy hablando de los temas sin orden ni concierto. Ya he perdido el hilo de cómo fue cuando lo descubrí y qué vino después. Demasiado sentimiento. Pero, por tratarse de un blog que proviene de un foro de baloncesto, aquí tengo que añadir, tras Una mattina y Diario Mali, un tema de Divenire que se ha popularizado por ser una de las sintonías de los programas de NBA. Se trata del intenso Fly:




Y seguimos con más temas de Divenire, precisamente con el que da título al disco:



Sin duda, Ludovico Einaudi está en la plenitud de su carrera musical. Sus temas tienen una línea segura y él es consciente del efecto avasallador que nos causa cuando los escuchamos. El disco Divenire tiene un punto de magnificencia que en otro músico podría desentonar. En Einaudi, como no podría ser de otra manera, el desarrollo está tan cuidado que nos contagia su entusiasmo hasta la última nota, ya sea exaltado como en Divenire o contenido, como en Andare:




Las piezas de Divenire se caracterizan por su largo aliento. Muchas sobrepasan los seis e incluso los siete minutos y, por supuesto, nunca desfallecen en la solución fácil sino que desembocan en la lógica, que no es precisamente lo mismo. A menudo puedes prever la siguiente nota que seguirá no porque la adivinemos, sino porque nos inmersamos tanto en la música que nos obliga a leerla. Quién no oye la voz que en Oltremare nos está diciendo: “¿te acuerdas de Chopin?”



y así llegamos a conversar con la propia música de alguna manera como si hablásemos con nosotros mismos. Por eso esta música parece adecuada para la introspección y para la concentración. Música para estudiar, que dirían los discos recopilatorios.

Así seguiríamos con los demás temas hasta completar todo el disco. Pero volvamos atrás, a los anteriores discos. El primero (muy primerizo, parte de un espectáculo teatral) es Time Out, del que pocas noticias tengo. Al ser tan anterior a los demás discos es imposible reconocer su estilo. Vamos, que ni siquiera toca el piano, como para reconocerlo. Valga como ejemplo este vídeo del espectáculo para el que fue compuesto:



Nos remontamos a ocho años después y aquí sí, en Le onde está el inconfundible piano de Ludovico Einaudi. Este és el tema homónimo al disco:



La sosegada calma con que fluye no podría describir mejor lo que transmite. Y es justamente el tono en que se remansa todo el disco. Calma, sin la emoción que vendrán en discos posteriores, pero necesaria y sorprendente calma.

Viene después el que menos me gusta de sus discos, Le Stanze, en el que Einaudi experimenta con un sonido más electrónico, pero con timidez. En líneas generales la sensación es similar a la de Le onde, pero con un resultado más tímido también. Pongo como ejemplo este Calmo:




He escrito en la lista de los discos Fuori dal mundo pero también podría haber añadido This is England porque los temas pertenecen a las bandas sonoras de sendas películas, y en la que conviven con temas de otros músicos de reggae/ska (como indica en el foro Cornelius_10). El tema titulado Fuori dal mundo es el siguiente:



En estos años Einaudi se dedica a trabajar para el cine y la televisión, como anteriormente había hecho para el teatro y la danza. En la página de la wikipedia podéis ver la lista de éstas y otras melodías que compuso para distintos ámbitos. De entre todos estos temas destacan dos tan poderosamente que se publicaron en disco y dieron nombre a los respectivos álbumes. El primer es Eden Roc, que podéis disfrutar aquí en una interpretación en directo:



Es tan entusiasmante ver cómo Ludovico Einaudi dirige su grupo, qué espectáculo, que gusto ver y sentir la música de esta manera. Todos los músicos disfrutan y te hacen disfrutar con ellos, de tan evidente como resulta. El segundo tema es el principal de una serie de la televisión italiana basada en Dr. Zhivago:



Un músico no necesita grandes medios para demostrarlo y ésta es una buena prueba de ello. La manera en que Einaudi lleva el ritmo de la pieza con su piano ya basta para sentir la profundidad de esta joya; los violines enfatizan, ponen más intensidad a la melodía, pero el piano es el instrumento principal que abre y cierra el tema, y el resto gira en torno a él. Porque es que, además de un gran compositor, Ludovico Einaudi es un extraordinario intérprete, y eso es aún más raro de encontrar. Un buen ejemplo es In un’altra vita, en la que se se basta con su piano para cortarme la respiración:



In un’altra vita forma parte de I giorni, el disco que publicó un año antes de Dr. Zhivago. Un año después lo desarrolló aún más en un concierto que dio en la famosa Scala de Milán y que logró que aún fueran más emocionantes estas joyas. Por desgracia no encuentro ninguna fuente de este concierto. En su lugar hay muchos vídeos de pianistas amateurs que, soliviantados por estas maravillas, intentan tocarlas; en vano, porque aunque la melodía sea la misma no está tocada por las manos de Einaudi.

Llego entonces a los discos de los que he hablado en primer lugar: Una mattina y Diario Mali. En ese momento, cuando ya había escuchado todo cuanto había encontrado, Einaudi publica Divenire, un disco majestuoso, con el predominio de la orquesta acompañando el infaltable piano y dotado de unos temas de largo desarrollo, como es el sorprendente Divenire, que da título al disco:



Otra nueva maravilla, otro disco para el que sobran las palabras y nunca debe faltar escucharlo de principio a fin. Así que, sin pausa ni tregua, debo enlazar

Primavera:



Monday:



Y Ritornare:



Y así podría seguir con cada uno de los temas, uno tras otro, en este nivel de exigencia, de calidad, de lo que convierte la música en una de las cimas del ser humano.

En este año, hace pocos meses, Ludovico Einaudi ha publicado dos discos. Uno en colaboración con Ronald y Robert Lipstock, Cloudland, y otro en solitario, Nightbook. Dada su reciente publicación no he encontrado más que un enlace del primero, un discos con toques electrónicos en el que se nota la mano de los invitados, pero del que no se pierde ni un ápice de la genialidad de Einaudi, tal como se aprecia en Kyril:



Y además tenemos Nightbook, del que con acierto Cornelius_10 ha dicho que es más pausado y atmosférico que Cloudland y que Divenire, pese a que contiene temas tan enérgicos como el homónimo del disco:



O este Eros, toda una obra maestra para melómanos y erotómanos:



Ya son muchos los temas citados, pero he dejado tantos, tantos sublimes. No lo haré más largo, pero sí que me gustaría terminar con esta delicada pieza, etérea como un sueño pero tan próxima, tan emocionante, que es como puedo agradecer que yo también sea humano.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Ética inútil

Ayer vimos a Félix Grande y ahora me apetece poner aquí este poema de Música amenazada


Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Más Strummer en Granada por Jesús Arias

La leyenda cuenta que estando en Barcelona Strummer oyó una canción de 091 y se emocionó tanto que le entró la necesidad imperiosa de conocerlos, viajando rápidamente a Granada. La realidad, como siempre, es otra:

Estábamos en el ‘Silbar’ (pub rockero de Pedro Antonio, ajedrezado y largo como un túnel o un tren, lugar de reunión de la movida granadina de los ochenta) y llegó un tío, malencarado y zarrapastroso, le dijo a Tacho (Tacho González, batería de 091) que tenía unas letras y Tacho se quitó de enmedio pasándomelo a mí, tenía una libretilla de esas de cuadros, sucia y hecha polvo. Empezamos a hablar y el caso es que, a pesar de la pinta de jipioso que tenía, había algo en su cara familiar.
Yo me acordé de las historias que circulaban por Granada, de que si ‘Los Clash’ habían estado por aquí (cierto, cuando la primera espantada de Strummer) y se lo comenté a Tacho: ‘ostras este tío se parece a Joe Strummer’.
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No le dijimos nada, pero al del bar le pedimos que pusiera algo de ‘Los Clash’, y allí estábamos los dos mirándolo a ver que hacía…Y sí, era él”, recuerda José Ignacio (García Lapido, guitarrista de 091). ¡Una experiencia casi mística! El caso es que el inglés no soltaba prenda, recluido en una pequeña pensión se dedicaba a escribir en la famosa libreta, a beber ginebra en el Silbar y a perseguir a las chicas. Una noche fue recogido de madrugada en un estado lamentable, y completamente perdido, por un periodista del Diario de Granada y depositado, salvo, que no sano, en su fonda. Al día siguiente concedía a su salvador la única entrevista que daría desde la disolución de Los Clash hasta entonces.
En aquella comida-entrevista a los pies de la Alhambra afirmó que le gustaba lo que hacían 091 y habló de sus nuevos proyectos, entre los que estaban el último álbum de la banda. Días después desapareció como había llegado, sin decir nada. Meses más tarde, cuando los Cero estaban preparando las maquetas en un estudio de la calle Recogidas para su inminente grabación, reapareció dispuesto a echar una mano a los granadinos, incluso escribió un par de letras para el grupo en el espaninglis mental que le caracterizaba, adaptadas por Gabi (Gabriel Contreras), un amigo de todos.
…
Se cree, se piensa mas allá del extremo del sur
Aunque podría ser al Este, dice el mangante
Esto es como si siempre soñara en el negro expreso que pasa
Trabajando en Recogidas with the sexis señoritas
El graffiti-boy graba una inscripción en las paredes de la catedral
El taxista espera the woman del amigo del general
La gente espera al hombre de chocolate
al hombre del chocolate
El limpiabotas hace disparates con maniquíes en los escaparates
La gente espera al hombre de chocolat
Esto es como si siempre soñara en el expreso negro que pasa
Trabajando en Recogidas With the sexis señoritas
With the sexis señoritas

Las famosas maquetas de la calle Recogidas (sin the sexis señoritas) fueron la base para el primer disco de la era Zafiro: Más de cien lobos. Un nuevo peldaño en la carrera agridulce de los Cero. Con ellas y con Pepe Loeches se fueron a los estudios Eurosonic y Track, dos de los mejores del momento. Iniciaron así una tormentosa aventura que acabó de aquella manera. Las sesiones de grabación fueron un auténtico suplicio. “Ocurría que Joe tenía una forma de trabajar muy diferente a la nuestra. Él iba al estudio tan sólo con unas ideas que desarrollaba allí, y aquí se llegaba con todo muy perfilado para ahorrar tiempo de grabación.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

The Big Shave

Un corto de Scorsese de 1967

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martes, 8 de diciembre de 2009

La historia del ojo (13)

VII Marcela

Por una especie de pudor evitábamos siempre hablar de los objetos más simbólicos de nuestra obsesión. Así, la palabra huevo fue tachada de nuestro vocabulario y nunca hablamos del interés que teníamos el uno por el otro y aún menos de lo que representaba Marcela para nosotros. Pasamos todo el tiempo de la enfermedad de Simona en una habitación, esperando el día en que pudiésemos regresar con Marcela, con la misma impaciencia que en la escuela esperábamos la salida de clase y, sin embargo, nos contentábamos con hablar vagamente del día en que pudiéramos regresar al castillo. Preparamos un cordel, una soga con nudos y una sierra de metal que Simona examinó con el mayor interés, mirando con atención cada uno de los nudos de la soga. Encontré las bicicletas que había escondido bajo la maleza el día de la caída y engrasé con todo cuidado las piezas, los cojinetes, las ruedecillas dentadas, además coloqué un calzapiés sobre mi bicicleta para poder llevar a una de las muchachas detrás de mí. Nada sería más fácil, al menos provisionalmente, que Marcela viviera como yo, secretamente, en la habitación de Simona. Nos veríamos obligados a acostarnos los tres en la misma cama (también usaríamos necesariamente la misma bañera, etc.)
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Pasaron en total seis semanas antes de que Simona pudiera seguirme en bicicleta hasta el sanatorio. Como la vez anterior, salimos durante la noche: yo seguía sin dejarme ver durante el día y teníamos razones suficientes para no desear atraer la atención. Tenía prisa por llegar al lugar que, confusamente, consideraba como "castillo encantado", gracias a la asociación de las palabras casa de salud y castillo , el recuerdo de la sábana fantasma y la impresión que producía una mansión tan grande y silenciosa durante la noche, poblada de locos.
Cosa extraña: me parecía sobre todo que iba a mi casa, pues en ninguna otra parte me sentía cómodo. Esa fue la impresión que tuve cuando salté la tapia del parque y el gran edificio apareció ante nosotros, entre árboles muy grandes; sólo la ventana de Marcela estaba aún encendida y abierta de par en par; con los guijarros de una avenida golpeamos su ventana y la muchacha nos reconoció de inmediato obedeciendo a la señal que le hicimos colocando un dedo sobre la boca; le enseñamos también la soga con los nudos para que comprendiese lo que pensábamos hacer. Le lancé el cordel lastrado con una piedra, y ella me lo devolvió después de haberlo amarrado detrás de un barrote. No hubo ninguna dificultad, pudimos izar la soga, Marcela la ató a un barrote y logré trepar hasta la ventana.
Cuando la quise abrazar, Marcela retrocedió. Se contentó con mirarme con atención infinita mientras yo limaba uno de los barrotes; le dije en voz muy baja que se vistiera para seguirnos, porque no llevaba más vestido que un albornoz. Me dio la espalda y se puso medias de seda color carne sobre las piernas, las sujetó a un liguero con listones carmesí que realzaban su culo, de una pureza de forma y de una finura de piel excepcionales. Seguí limando, ya cubierto de sudor por el esfuerzo y por lo que veía. Marcela, siempre de espaldas, cubrió con una blusa sus lisas y alargadas espaldas, cuya línea recta terminaba admirablemente en el culo cuando subía un pie sobre la silla. No se puso bragas, sólo una falda de lana gris plisada y un suéter a cuadritos negros, blancos y rojos. Así vestida, y calzada con zapatos de tacón bajo, regresó a la ventana y se sentó muy cerca de mí, tanto que podía acariciarle la cabeza, sus hermosos cabellos cortos, totalmente lacios y tan rubios que parecían más bien pálidos; me veía con afecto y parecía conmovida por la muda alegría con que yo la miraba.
- Podremos casarnos, ¿no es cierto?, me dijo por fin, amansándose poco a poco; aquí se está muy mal, se sufre...
Jamás se me hubiera entonces siquiera ocurrido que no dedicaría el resto de mi vida a esa aparición tan irreal. Se dejó besar durante largo tiempo en la frente y en los ojos y una de sus manos resbaló por casualidad sobre mi pierna y, mirándome con los ojos muy abiertos, me acarició antes de retirarla, por encima del traje, con gesto ausente.
Después de mucho trabajar logré limar el inmundo barrote, al terminar, lo aparté con todas mis fuerzas, dejando un espacio suficiente para que ella pudiera pasar. Pasó, en efecto y la hice descender ayudándole desde abajo, lo que me obligaba a verle la parte superior del muslo y a tocarla para sostenerla. Cuando llegó al suelo, se acurrucó entre mis brazos y me besó en la boca con todas sus fuerzas, mientras Simona, sentada a nuestros pies, con los ojos húmedos de lágrimas, le estrechó las piernas con las dos manos, le besó las corvas y los muslos, limitándose primero a frotar su mejilla contra ella; pero sin poder contener un gran sobresalto de gozo terminó abriéndole el cuerpo y colocando sus labios en ese culo que devoró ávidamente.

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Caosmeando

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