viernes, 20 de febrero de 2009

Territorios de un cuerpo

Un poema de Jenaro Talens

Si yo te miro a ti,
que salga el sol o no salga
¿qué me importa a mí?

Camarón de la isla

1

Hermoso es el desorden de mi pensamiento.
Yo no sigo el ejemplo de los más ancianos:
busco lo mismo que buscaban.
Por eso, en esta diáspora de ti,
sé que el silencio que nos cubre es esto,
dos bultos que se pliegan y se envuelven
para volver de nuevo hasta su soledad.
Compruebo que es abril, que el invierno
termina
y que incluso las flores son felices.
Soy como ellas, no pregunto nada;
y me limito a estar sobre tu cuerpo
como quien mira sin temor, de frente,
un eclipse
de sol.

II

Déjame ser el huésped de tu boca,
la lentitud con que el calor recorre tu desnudo.
Soy como el frío de una noche desierta,
pronto a buscar cobijo en los derrumbaderos
donde hace nido la melancolía.
Hay tanto resplandor, la luna es tanta
que me deslumbras con la calidez
de tu silencio, y me sumerjo en ti.
Nunca pensé una eternidad tan cerca.

III

Cada nuevo clima
es, al cabo, costumbre, y yo, extranjero.
El día ha caducado
y va a empezar la oscuridad.
Déjame que me oculte junto a ti,
en el frondoso bosque de unos ojos
donde no cesa de llover.
Acurrucado entre sus matorrales,
aguardaré a que tu pasión me señale el camino.
Sé que el aire es más dulce donde crece la luz.

IV

Estoy tumbado al borde de tu claridad,
en la suntuosidad de una batalla
donde ninguno es vencedor,
y hasta el olor del cuarto,
donde rugen, insomnes, tu apetito y mi sed,
florece sin saberlo, como un musgo surgido
de mi humedad tan tuya, de un sendero
que nos conduce hasta ese mar sin olas,
la tierra azul donde se desordena
el centro mismo de nuestro candor, la espuma
en que consiste toda esta explosión, y, al
fondo,
la lluvia que golpea las ventanas,
la lluvia siempre otra, insobornable,
con sus lentas espinas.

V

Apaga las estrellas,
desconecta el sol.
Quiero adentrarme a tientas
por los acantilados de tu piel,
reconstruir sobre tu boca
las letras, una a una,
con que dar nombre al fuego,
a la locura de saber que he visto
el cielo tan de cerca, o no, tan mío
que mi país se llama medianoche.
¿Quién eres? ¿Dónde estás? Qué importa,
si te elegí entre todas las estrellas.

VI

Descubrir los motivos de la aurora
es otra forma de pensarte,
asomado a la baranda del anochecer.
En cuanto a mí, no sé,
¿qué más puedo decirte?
Sólo que por tu causa
casi tuve el proyecto de durar.

VII

Detrás de mi silencio oíste “no”,
cuando quise decir un mar sin olas,
la polilla del tiempo, su escozor,
o el duermevela de un escalofrío.
De mi antigua ambición no queda nada,
quizá no más de un torpe balbuceo
quemado en el rescoldo de tu boca.
Déjame a solas con la muerte.
Para impregnarme de tu luz
fue necesaria la tiniebla.
Luego, al quebrar el alba,
con un desasosiego
que tiende a confundirse con la oscuridad
busco tus ojos en los míos
para que me confirmen que viví. ¿Me
entiendes?
También yo, como el sol, me pondré un día.
Escribiré un poema sin mujer, sin nada,
y al leer las palabras que dan forma a mi rostro
tal vez no adviertas que no estoy. Abrázame.
Pido la vez para apagar el sol.

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martes, 17 de febrero de 2009

16

Hay que tener en cuenta que el hombre usa el sistema decimal, (según una opinión bastante general debido a una circunstancia más o menos afortunada: por la simple razón de que tiene diez dedos entre las dos manos. A menudo se usa el cinco como base de numeración auxiliar). La palabra dígito y dedo tienen la misma raiz latina, por eso usamos una numeración con 10 dígitos o dedos.

Hubiera sido mucho más práctico usar un sistema de numeración basado en un número con más factores, como el 12 (3*2*2) o mejor todavía el 8 (2*2*2) o el 16 (2*2*2*2). Pero por suerte o por desgracia:

1. Los humanos tenemos diez dedos y
2. Los humanos contamos con los dedos (al menos al principio), porque están muy a mano.

Para contar de 1 a 10 es fácil, pero ¿qué pasa cuando hay que contar más de diez cosas?. Pues usamos las manos de un "amigo" para contar cuantas veces hemos usado los dedos de las nuestras, así "12", sería dos más una vez diez.

Otra circunstancia curiosa es que en el sistema de numeración que usamos los números se leen y escriben de derecha a izquierda, al revés del modo en que escribimos las palabras.

Cuando interpretamos números de varias cifras, hay que empezar por la derecha, el primer dígito son unidades, el siguiente decenas, es decir cuantos grupos de 10 elementos estamos contando. El siguiente centenas, es decir el número de grupos de 10 elementos de grupos de 10 elementos, o sea el número de grupos de 100 elementos. Y así sucesivamente.
El sistema hexadecimal, que es el rey de los sistemas de numeración, al menos en lo que respecta a los ordenadores.

Usa 16 dígitos, los archiconocidos 0 a 9 y para los otros seis se usan las letras A, B, C, D, E y F, que tienen valores 10, 11, 12, 13, 14 y 15, respectivamente. Se usan indistintamente mayúsculas y minúsculas.

Por ejemplo, un número hexadecimal 4F3D:

13 * 16^0 + 3 * 16^1 + 15 * 16^2 + 4 * 16^3 = 13 + 3 * 16+ 15 * 256 + 4 * 4096 = 20285

Este sistema de numeración tiene muchas ventajas:

* La conversión entre binario y hexadecimal es tan simple como en octal, la única diferencia es que los bits se agrupan de cuatro en cuatro. 0000 es 0, 0001 es 1, 0010 es 2 ... 1111 es F.
* El byte, es la unidad de memoria más usada por los ordenadores y agrupa ocho bits. Para codificar un número de 8 bits sólo se necesitan dos dígitos hexadecimales. El mayor número expresable por un byte, 11111111(binario), equivale a 255(decimal) y a FF(hexadecimal).
* Y para palabras de dos bytes (16 bits), se usan sólo cuatro dígitos hexadecimales. (El número 16 aparece mucho cuando se habla de ordenadores.)
* Para 32 bits: 8 dígitos hexadecimales, y sucesivamente.
Un gran problema con el sistema binario es la verbosidad. Para representar el valor 20210 se requieren ocho dígitos binarios, la versión decimal sólo requiere de tres dígitos y por lo tanto los números se representan en forma mucho más compacta con respecto al sistema numérico binario. Desafortunadamente las computadoras trabajan en sistema binario y aunque es posible hacer la conversión entre decimal y binario, ya vimos que no es precisamente una tarea cómoda. El sistema de numeración hexadecimal, o sea de base 16, resuelve este problema (es común abreviar hexadecimal como hex aunque hex significa base seis y no base dieciseis). El sistema hexadecimal es compacto y nos proporciona un mecanismo sencillo de conversión hacia el formato binario, debido a ésto, la mayoría del equipo de cómputo actual utiliza el sistema numérico hexadecimal. Como la base del sistema hexadecimal es 16, cada dígito a la izquierda del punto hexadecimal representa tantas veces un valor sucesivo potencia de 16, por ejemplo, el número 123416 es igual a:

1*163 + 2*162 + 3*161 + 4*160

lo que da como resultado:

4096 + 512 + 48 + 4 = 466010

Cada dígito hexadecimal puede representar uno de dieciséis valores entre 0 y 1510. Como sólo tenemos diez dígitos decimales, necesitamos inventar seis dígitos adicionales para representar los valores entre 1010 y 1510. En lugar de crear nuevos símbolos para estos dígitos, utilizamos las letras A a la F. La conversión entre hexadecimal y binario es sencilla.

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domingo, 15 de febrero de 2009

Here I am, baby

UB40

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De san Lázaro a Filipinas, Villalobos

La segunda expedición que partió desde México hacia el Pacífico fue organizada por el virrey novohispano Antonio de Mendoza, que consideraba de gran interés explorar y, en su caso, poblar y evangelizar las islas y territorios que correspondiesen a España. El mando recayó en un pariente suyo, Ruy López de Villalobos.
Integraban la flota seis embarcaciones de menor porte y 370 hombres de mar y guerra, además de cuatro agustinos y otros tantos sacerdotes seculares, que partieron del puerto de Navidad el 1 de noviembre de 1542. En su singladura pasaron por el archipiélago de Revillagigedo, y descubrieron algunas de las Marshall, que bautizaron del Coral o Los Corales, un grupo que nombraron de los Jardines, la isla de Matalotes, quizá de las Carolinas, y los Arrecifes, en las Palaos. El 2 de febrero de 1543 fondeaban en Mindanao, que por su grandiosidad llamaron Cesare Caroli. Desde Mindanao navegaron a la isla de Sarangani, donde Villalobos intentó, sin éxito, fundar una colonia abriendo las tierras al cultivo de maíz y otros cereales Desde Sarangani, primero, y desde Leyte, el 26 de agosto de 1543, zarpó la nao San Juan de Letrán, que al mando de Bernardo de Torres intentó retornar a México en demanda de ayuda para proseguir la campaña. Con rumbo nordeste, quizá alcanzaron los 30° de latitud, rebasando el archipiélago japonés de Kazan-Reto. Una fuerte borrasca les obligó a regresar a Leyte, a la que Villalobos llamó isla de Felipina en honor del futuro Felipe II, nombre que se extenderá a todo el archipiélago.
Entre tanto Villalobos intentó llegar a Leyte, pero el mal tiempo dispersó los barcos, que buscaron refugio en distintas islas; el suyo fue a recalar a las Molucas, primero en Gilolo y después en Tidore, adonde irán llegando los demás. Con ello contravenían, aunque por causa mayor,las instrucciones del virrey y del emperador de no penetrar en las aguas ni en las tierras que correspondían a los portugueses. El enfrentamiento entre ambos bandos pudo evitarse con la intervención del padre Santiesteban, agustino, que se entrevistó con el capitán portugués Jordán
de Freytas explicándole las razones de la forzosa presencia española
La San Juan protagonizó una nueva tentativa de regresar a Nueva España atravesando el Pacífico de este a oeste. Villalobos confió el mando al alférez mayor y maestre de campo Íñigo Ortiz de Retes, que partió de Tidore el 16 de mayo de 1545. Ante los fracasos anteriores por el norte, Retes buscó una ruta alternativa por el sur. En su navegación descubrieron diversas islas –Sevillana, Gallega y los Mártires– al norte de Nueva Guinea; de ésta costearon 250 leguas de su litoral septentrional, la nombraron Nueva Guinea por la similitud de sus pobladores con los de su homónima africana, y tomaron posesión de ella en nombre de España. La singladura siguió por el paralelo 3° de latitud sur, bautizando islas entre la línea equinoccial y la costa nordeste de Nueva Guinea, hasta llegar, el 27 de agosto, a las islas que llamaron de los Hombres Blancos –Anacoretas–, donde los pilotos, ante la imposibilidad de seguir navegando por los temporales, el 3 de octubre decidieron volver a Tidore.
Villalobos pactó con los portugueses la repatriación a España de sus hombres. El viaje comenzó en febrero de 1546 y concluyó en Lisboa el 1 de agosto de 1548. Llegaron 144 supervivientes, entre ellos Ortiz de Retes y García de Escalante, que dejó una Relación de este viaje. Villalobos había fallecido en Amboaina de fiebres palúdicas, recibiendo los auxilios espirituales de san Francisco Javier.

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jueves, 12 de febrero de 2009

Carta de Julio Cortázar a Roberto Fernández Retamar

París, 29 de octubre de 1967
Roberto, Adelaida, mis muy queridos: Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones.

Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases.

Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti.

Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no. Lisandro me perdonará mi silencio, o lo entenderá mal, no me importa; en todo caso tu sabrás lo que siento. Mira, allá en Argel, rodeado de imbéciles burócratas, en una oficina donde se seguía con la rutina de siempre, me encerré una y otra vez en el baño para llorar; había que estar en un baño, comprendes, para estar solo, para poder desahogarse sin violar las sacrosantas reglas del buen vivir en una organización internacional. Y todo esto que te cuento también me averguenza porque hablo de mí, la eterna primera persona del singular, y en cambio me siento incapaz de decir nada de él. Me callo entonces.

Recibiste, espero, el cable que te envié antes de tu mensaje. Era mi única manera de abrazarte, a ti y a Adelaida, a todos los amigos de la Casa. Y para ti también es esto, lo único que fui capaz de hacer en esas primeras horas, esto que nació como un poema y que quiero que tengas y que guardes para que estemos más juntos.


Che
Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca
pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Ya nos escribiremos. Abraza mucho a Adelaida.
Hasta siempre,
Julio

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Caosmeando

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