1 de Mayo:
Ha sido un día extraño hoy. Si, sé que contamos con el factor sorpresa… pero no sé… todo está demasiado quieto. Iniciamos la marcha a las 5:00 am. Debíamos completar un total de 60 km. Llevamos una buena marcha y llegamos a la “cruz” fijada en el mapa a las 14:44 -tres horas antes de lo previsto-. Mejor, más tiempo
para “Baltasar”. Los muchachos no se han separado de mí en ningún momento, parece que se siente seguros a mi lado, eso me da ánimos. Marchamos todo el camino cubriendo el flanco derecho del Noveno. Ni un solo indicio de actividad enemiga, ni una patrulla de reconocimiento, ni una mina antipersonas, ni tan siquiera un maldito francotirador o restos de algún pequeño asentamiento. Ni rastro, ya lo dije, extraño, perturbador. Cada día empiezo a tener más presente la sensación de que el enemigo siempre va un par de pasos por delante de nosotros. Levantamos campamento a las 16:30, después de comer. Pequeña reunión de oficiales-ultimar detalles- sin novedad, el ataque será al alaba. Luego charla con mi pelotón, palabras de ánimo y unos cuantos consejos, útiles si se tiene el valor necesario-cojones-. Ellos los tienen, no me cabe la menor duda…
Todos a descansar a las 20:35 horas menos los turnos asignados de guardia. Esta noche apenas dormiré, nunca lo hago “antes de”.
martes, 11 de diciembre de 2007
Diarios de guerra XIV
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Etiquetas: diarios de guerra, Relatos
martes, 4 de diciembre de 2007
Diarios de guerra XIII
30 de Abril:
Anoche liberamos tensiones. Conseguimos 3 botellas de ginebra y un par de cajas de cerveza. Los chicos se animaron contando historias del hogar, de la patria, de allí donde ellos se sentían vivos. Sonseca nos habló de su novia, una mulata a la que había conocido durante su estancia en la marina, en un puerto de los mares del sur. La des
cribía como una diosa amazónica, decía amarla con locura. Yo le creo… y más aquí donde somos capaces de amar hasta la enfermedad cada recuerdo. Smith recordó un viaje que había hecho a los 19 años-ahora tenía 23- con tres amigos más. Fue, según parecía el último viaje que realizaron juntos. Lo recordó con nostálgica sonrisa. A las dos semanas fueron llamados “a filas”. Westley, animado por el alcohol nos brindó un monólogo entorno a su afán pre-guerra por ser un importante hombre de negocios. Un “top ten” de la sociedad repetía intercaladamente en su discurso. Wilbur relató sus días como atleta en la universidad, había llegado a ganar algunos campeonatos regionales y estatales, estableciendo registros que hacían augurar un prometedor futuro para el muchacho como plusmarquista. Las necesidades de la guerra hicieron de él carne de batallón. Hablaron otros, largo tendido, relajados, la guerra no iba con ellos, no esa noche. Yo callé, escuché e incluso llegué a reír. Luego bailamos. Incluso Dunvey parecía animarse, le oí hacer varios comentarios jocosos, soltar unas cuantas carcajadas e incluso bailotear con esa despreocupación típica de las zonas rurales. Me acerqué a él, di varias palmadas en su hombro y un “qué pasa muchacho”. Respondió con brevedad “¡Capitán! He vuelto”. “Le echábamos de menos soldado, bienvenido”. Siguieron todos bailando, yo me aparté. Me sentetumbé en un rincón, y reclamé a Sonseca con un movimiento de mano. Quería fumar un poco más, conciliar con ese estado entre la vigilia y el sueño… hablar:
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-Yo: Dime Sonseca…¿qué opinas de todo esto?
-Sonseca: ¿De la fiesta Señor?
-Yo: No, no… me refiero a todo esto, al embrollo en que estamos metidos. A la guerra Sonseca, a la guerra.
-Sonseca: Luchamos por la paz, por la libertad de los oprimidos Señor.
-Yo: Sí, sí, de eso no hay duda… pero, ¿es necesario? ¿es algo inútil? A veces me lo pregunto.
-Sonseca: Pero… Capitán, es usted admirado.
Yo: Lo sé, condecorado y querido, pero las dudas siempre surgen, inevitables diría yo. Y más aquí, donde la línea entre lo bueno y lo malo se torna casi invisible. Todos matamos.
-Sonseca: Ha bebido demasiado.
-Yo: Es probable. Y más seguro es que mañana volveré a ser de hierro, implacable, impenetrable. Pero hoy, esta noche, me pregunto ¿quién ataca, quién se defiende? ¿quién lucha con honor? Creo que tú también deberías pensar en ello.
Sonseca no contestó, me levanté y le dejé allí, con la palabra en la boca y el gesto de extrañeza. Salí afuera, eran las 3:30 am. Encendí un cigarrillo, mirando a las estrellas, la luna parecía llena, bueno casi llena-y-pálida. Caminé y pensé en ella. Decidí dormir al raso, la temperatura era agradable y necesitaba sentir la tierra húmeda, la unión con la “madre”.
Desperté a las 12:30 horas pm, renovado, habiendo reforzado mis convicciones. Superviviente una noche más. Reuní a los chicos y formamos junto a “Las Águilas” y el Tercero de Infantería. Jeffers nos asigno el nombre en clave “escuadrón beta-2”. Emprendimos la partida sin novedades, sin sobresaltos. La etapa del día contaba 25 km, cumplimos. Acampamos y a dormir todos. Mañana hay que madrugar, espera un día duro, debemos hacer la mayoría del camino que nos separa de los Montes Negros.
jueves, 29 de noviembre de 2007
Diarios de guerra XII
29 de Abril:
Esta mañana a las 9:00 horas llegó el Tercero de Infantería y la Novena División de Acorazados. “Las Águilas” los llaman, dicen que son veloces como el demonio. Al mando el Teniente Coronel Jeffers y su ayudante, el Capitán H. Stan. Nunca había visto a Jeffers antes, pero es uno de los combatientes más veteranos, siempre corren rumores sobre sus incursiones y victorias. Sonseca y yo les recibimos, saludos pertinentes y convocamos para las 11:30 reunión de oficiales y suboficiales en la tienda “mater”. Intentaré transcribir lo más fielmente posible la conversación allí mantenida.
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-T.C. Jeffers: Lo primero, quiero felicitarle Capitán, a usted y a todo su equipo. Han hecho un buen trabajo. Este punto ha sido marcado por “inteligencia” como prioritario en la ofensiva del norte.
-Yo: Gracias Señor, cumplimos órdenes. Es nuestro trabajo.
-T.C. Jeffers: Y lo hace muy bien, ojalá tuviéramos aquí más hombres como usted. Debo decirle que los prisioneros han “cantado”, informando, tras ser tratados, de que llevaban una semana utilizando esta ruta como vía de abastecimiento de las Colinas Negras, a unos 100 km al noreste de nuestra posición. Espero comprenda Capitán que dicha información nos ha sido de vital importancia.
-Yo: Entiendo… Teniente Coronel.
-T.C. Jeffers: Con los nuevos datos hemos comenzado a preparar un ataque sobre las colinas. Tenemos dos días de margen antes de que el enemigo descubra el motivo de su falta de suministros. Como habrá podido comprobar hemos traído un pequeño regimiento (ha soltado una carcajada que me ha hecho temblar). Tómense, sus chicos y usted, mañana un descanso. Ahora el Capitán Stan le dará una copia con los planes del operativo, en clave “Operación Baltasar”.
-Yo: Gracias Señor, a sus órdenes. Retomaremos fuerzas y echaré un vistazo al informe.
-T.C. Jeffers: Pueden retirarse.
El Capitán me entrega los documentos, saludamos de manera testimonial al estilo academia. Al salir de la tienda echo un vistazo a las órdenes. Dos cosas:
-Buena: Tenemos un día de “libertad” (o de lo más cercano que hay aquí a esa palabra)
-Mala: Es un espejismo, nos ceban como cerdos antes de ser llevados al matadero. La operación parece a gran escala, traducción: muchas bajas.
He encontrado a los muchachos jugando a las cartas. Les he informado y nos hemos retirado todos a la tienda de la compañía. Robins ha puesto algo de música, una vieja cassette de jazz. Esta noche beberemos, fumaremos, reiremos, cantaremos, soñaremos… mañana será otro día.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Diarios de guerra XI
28 de Abril:
Operación Trueno de Noche finalizada.
Bajas enemigas: 13
Enemigos capturados: 6
Enemigos huidos: 0
Bajas: 0
Heridos:1-Soldado Goran Himsky-impacto de proyectil limpio en el costado izquierdo y pierna derecha rota-.
Goran se pondrá bien, hoy mismo ha sido trasladado. El chico lo hizo bien, pero tuvo fallos de novato, por suerte no le saldrán caros y volverá dentro de poco hecho ya un soldado. Esperamos en posición hasta las 20:53 horas, Goran avistó el convoy y nos hizo una señal. Justo en el momento en que los tanques semiblindados pasaban a nuestra altura Smith detonó las bombas, era la señal para que Goran empezara a disparar a discreción, sobre los camiones. Entre la incertidumbre me dio tiempo a arrojar hacia el camino dos granadas de mano. Parecía que todo iba bien, “viento en popa” como suele decirse. Smith y yo comenzamos a descargar nuestros fusiles. No se veía nada, era todo una indete
rminada masa de humo, polvo, fuego y ruido castigador. Con un movimiento de mano mandé parar y avisé a Sonseca, que estuviera atento. Dejamos reposar el ambiente, intentando digerir el ataque, esperando hasta el disipar de la niebla. Parecía que habíamos asestado un golpe contundente. Smith y yo nos incorporamos y nos reunimos en el centro del camino, justo cubierto por el primer camión. No se oía nada y decidimos avanzar cada uno por un lateral del vehículo. De repente nos sorprendió el fuego de varios fusiles de asalto semiautomáticos, echamos cuerpo a tierra y comenzamos a devolver cada bala, gritando y maldiciendo, Goran volvió a descargar ráfagas e incluso oí dos o tres zumbidos del rifle de Sonseca.
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Todo volvió a la calma y avanzamos tumbados arrastrados por el barro negro, cubriéndonos la cara. Parecían todos muertos, inspeccionamos los cuerpos, Los jeeps ardían aún y los camiones de suministros estaban literalmente destrozados por el flanco de Goran. Los tanques ligeros habían quedado atrapados en medio de la vorágine, uno permanecía inmóvil y con serios daños; y el otro, parecía querer salir de allí. Nos miramos, rodeamos el tanque y mientras yo metía el cañón del fusil por la abertura de vigilancia del tanque, Smith se encaramó al monstruo y levantando la tapa lanzó una granada de humo. Obligamos a salir a los ocupantes, los colocamos en fila y les obligamos a arrodillarse. Llamé a Sonseca les di órdenes, a él y a Smith de que los ataran de manos. Entonces caí en la cuenta de Goran, miré a su árbol y no estaba allí, ¿dónde se había metido? Eché a correr en dirección al árbol y al acercarme distinguí la figura de Goran postrada en el suelo, me agaché y le levanté la cabeza. Sonreía y al verme dijo: “A su lado Señor, ¿cómo ha ido todo?”. “De fábula” contesté sin vacilar. No me pareció nada grave lo que tenía, vendé su pierna y la entablillé de manera rudimentaria. Lo trasladamos junto a los prisioneros hacia el interior de la espesura. Contacté por radio con el puesto avanzado solicitando una evacuación médica. A las 6:00 llegó el helicóptero, cargamos a Goran despidiéndolo y citándolo para unos días después en tono jocoso. Los prisioneros se marcharon con él. Y 7 soldados bajaron, quedando a mis órdenes. Debíamos construir un campamento base de operaciones, para dar paso al operativo de carros blindados e infantería pesada. Pasamos todo el día en la construcción y acomodamiento, cantando, riendo y gastando bromas. En especial, Sonseca, Smith y yo- el Capitán-, estábamos eufóricos, habíamos entrado en combate, victoriosos, aplastantes, fugaces. Así deberían ser todas las operaciones. Mañana espera un día burocrático de reuniones y órdenes.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Diarios de guerra X
27 de Abril:
No hablamos durante toda la noche. Sólo observamos arropados por las sombras y la incesante lluvia. A las 3 am localizamos un movimiento a unos 150 metros al noroeste de nuestra posición. Varios jeeps, dos tanques ligeros, un par de camiones de suministros y unos 20 hombres a pie. ¿Sería una avanzadilla? ¿Exploradores?¿Una ruta de suministros? No sé qué eran, sólo sé que eran enemigos... y esta noche, si vuelve, debemos cortarles el paso, es nuestro deber. Por la mañana, cuando ya todo parecía calmado, miré a los chicos y rompí el silencio. Expliqué el plan. Primero Smith debía colocar en el camino, justo a la altura de una curva tres cargas explosivas de activación manual. Parecía buen terreno para ocultarlas, tierra húmeda y de un color negruzco. Mandé a Goran montar la ametralladora en un pequeño saliente rocoso, en un ángulo perpendicular a la curva. Tuve que ayudarle a hacerlo, estaba muy nervioso, intenté calmarle, pero era su primer combate, así que desistí. La primera vez, es la primera, uno no sabe muy bien qué hacer, ni lo que los demás esperan de él. Ordené a Sonseca cavar dos pequeñas zanjas a cada lado del camino, a distancia prudencial pero de tiro. En la noche nos servirán para ocultarnos y mantener el factor sorpresa. Smith y yo ocuparemos los escondrijos, Goran la ametralladora y Sonseca debía cubrir nuestras posiciones situado a unos 150 metros de la zona de “emboscada”. A las 16:35 el operativo estaba montado y listo para actuar.
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Nos reunimos para comer, descansar y renovar fuerzas. No hablábamos, nadie levantaba la mirada, miraban el plato, absortos, ausentes, intentando evitar lo inevitable, el combate. Supongo que en ese momento, todos desearíamos estar en la cama con una muchacha, hablando, besándola, acariciándola… qué más da, el caso sería no estar aquí. Después saqué de mi mochila la petaca, rellenada de una ginebra escocesa de fabricación casera. No es una delicia, pero anima el espíritu. Ofrecí a los chicos un trago e insté a Sonseca a que se hiciera un porro. Ya más relajados, pregunté a Goran cómo se encontraba. Levantó la vista que tenía incrustada en sus botas y la clavó en mis ojos, estaba pálido, como si acabara de ver un fantasma, pensé que en cualquier momento rompería a vomitar o lo que es peor sollozar. Pero no, me dijo en tono entrecortado: “Señor, siente usted miedo. Sé que yo no soy un cobarde, sé que puedo hacerlo. Pero siento pánico, ahora mismo estoy agarrotado, no podría ni sostener en brazos a un gato. Sé cual es mi deber Señor, sé que es lo correcto, pero no sé si seré capaz de hacerlo”. Me levanté, devolví el porro a Sonseca y me acerqué a Goran, le di unas palmadas en la espalda y le alboroté el pelo, dejé escapar de mis labios: “Tranquilo muchacho, todo irá bien, me tienes a mí… y eso es un gran paso”. Sonrió, se levantó y replicó enérgicamente: “Señor, sí Señor, estaré a su lado y a sus órdenes”. A las 19:30 tomamos posiciones. Operación Trueno de Noche en marcha.
martes, 20 de noviembre de 2007
Diarios de guerra IX
26 de Abril:
Partimos con las primeras luces del alba. Sonseca estaba nervioso, decía que le picaba la nariz y sólo balbuceaba "mal presagio, mal presagio"
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Smith salió a dar un paseo, para ver la seguridad del terreno. Le ordené que no se alejara demasiado. Sonseca me ofreció tímidamente el canuto, no sabía si yo fumaba. Lo acepté, me gusta crear vínculos con los muchachos. El nuevo insistió en saber de mi vida anterior, parecía excitado. Supuse que algún chisme habría ido a parar a sus oídos. Me limité a decirle: "Hace tiempo... mmmm... déjame que piense, hace mucho tiempo de aquello. ¡Ah sí! Ya recuerdo... yo antes de esto no era nada. Un muchacho, como tú. Nada había hecho en la vida, y nada atraía especialmente mi atención. Estudiaba y leía con asiduidad, acudía al cine una vez a la semana, escuchaba bastante música, coqueteaba con mujeres, trabajaba de vez en cuando. Pero no era nada y a nadie era útil. Esta guerra me ha dado tres cosas, me hizo un hombre, me dio un camino y una pensión.
lunes, 19 de noviembre de 2007
Diarios de guerra VIII
25 de abril:
No ocurrió nada relevante durante toda la noche y el segundo pelotón llegó rondando las 9 am. A cargo del cabo primero Sonseca. Las órdenes eran claras, mantener la posición, explorar el terreno circundante en un radio de 20 km y no suponer bajas. Empiezo a odiar especialmente el último punto de estas cartas, “suponer bajas”. Es que están ciegos, esto es una guerra, las bajas son inevitables. Estuve observando a todos los nuevos y charlando un poco con ellos, para conocerlos. Eran todos chicos jóvenes. Enérgicos, valientes y chistosos. Me pregunto si no sería necesario enviar a primera línea gente mas experimentada. Gente que ya conozca la guerra y haya sobrevivido a ella. Durante todo el día aguantamos el calor y la húmeda. Todo estaba en calma, el aire había desaparecido por completo y no podíamos más que apartar los malditos mosquitos de tamaño elefante que habitan esta mierda. Llamé al anochecer a mi tienda a Sonseca y al cabo mayor Bernard. Mañana, yo, Sonseca y dos hombres más vamos a explorar la orilla del río en dirección norte. Nos dirigimos hacía la zona donde la selva empieza a perder su vigor. Seguramente pasemos el día fuera. Así se lo comuniqué a los dos suboficiales. Y ordené a Bernard organizar un perímetro de contención con guardias dobles-continuadas.
domingo, 18 de noviembre de 2007
Diarios de guerra VII
24 de Abril:
Registramos cierta actividad en la otra orilla durante la madrugada y abrimos fuego un par de veces. Nadie respondió a los disparos. A las 8 am volví a contactar con el mando y recibí ordenes de montar un pequeño campo avanzado. Quieren que hagamos ciertas operaciones en esta zona. Dicen que me mandarán cinco soldados más. Ellos traerán el sobre con las nuevas órdenes. Dunvey sigue distanciado, aunque la llegada de los nuevos parece que le anima un poco. Por la tarde hemos tenido tiempo de descansar un buen rato y de bañarnos en el río. Es agua sucia y que apenas fluye, pero es agua. Los chicos han estado jugando como niños pequeños en una piscina de cualquier barrio tranquilo. Sin preocupaciones, alegres de la vida y de estar aquí y ahora. Como si éste fuera su momento. Hemos hecho un par de trincheras más y hemos levantado un par de tiendas. Hemos rodeado el perímetro con alarmas acústicas. Y un pequeño nido con una pieza del 35. No quiero sorpresas esta noche, así que redoblaré la vigilancia. Un hombre en el nido y otros dos observando la orilla.
sábado, 17 de noviembre de 2007
Diarios de guerra VI
23 de Abril:
Un día tranquilo, de vez en cuando se agradecen estos días, levantan el ánimo y dan tiempo a la reflexión. Me dieron a un par de chavales nuevos. Robins y Goran. Parecen buenos tipos, jóvenes y decididos, aunque es pronto para decirlo. Llegamos a la hora prevista al río. Exploramos la orilla en ambas direcciones y no encontramos nada. Ni un puesto olvidado, ni un campo de minas, ni trampas, ni nada de nada, aquello parecía completamente abandonado. Esto es un río, ¿sin vigilancia? Me ha parecido algo un poco raro, pero de momento no le concedo demasiada importancia. Mandé a los dos nuevos a cavar la zanja. Lo hicieron esmerados, y en menos de cuatro horas hicieron una trinchera más que decente como puesto avanzado. Nos instalamos dentro y contacté con el puesto de mando. Me ordenaron mantener la posición y observar la actividad nocturna que se originara en torno al río. Vamos, lo de siempre, esperar, esperar, esperar y si se da el caso acabar matando. No hay nada nuevo bajo el sol. Son las 10 y aunque la noche ya es avanzada no ha ocurrido nada. Pero bueno, conociendo al enemigo, uno nunca sabe. Son escurridizos y capaces de aparecer en las sombras de la noche picar y volverse a ocultar como ratas. Son increíbles. He montado guardias de dos horas. Siendo el Sargento yo no dormiré apenas nada, es mi deber.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Diarios de guerra V
22 de Abril:
Llegamos temprano al puesto de mando de la zona, en un claro en el interior de la selva. Parecía todo protegido con un perímetro de seguridad bastante aceptable. Me presenté a las órdenes del oficial de mayor rango, el Capitán Douglas Kirstey. El capitán me informó de las últimas bajas, alguna de alta graduación y los planes inmediatos de acción en la zona. Lo primero era acomodar una trinchera a unos 4 km al noroeste junto al río. Con la elocuencia acostumbrada trató de explicarme que era un punto clave y de vital importancia. Menuda tontería, cada centímetro de tierra es un paso vital, cada paso una victoria que quedará en la historia. Nos han dejado descansar todo el día, partiremos mañana con el primer rocío de la mañana. Mejor, mis chicos necesitan un descanso, les veo agotados.
Diarios de guerra IV
20 de Abril:
Acabo de llegar de una reunión con los otros suboficiales. Siempre están con lo mismo, pero qué saben ellos de esos putos enemigos, de esta jodida selva y de morir en el campo de batalla. Pero bueno órdenes son órdenes y hay que cumplirlas. Mañana mismo debo partir con mi pelotón al frente del oeste, a la línea de contención en la asquerosa selva virgen. Dicen que allí hacen falta más soldados. No, lo que hacen falta son más hombres.
21 de Abril:
Hoy, durante el viaje, he visto a Dunvey un poco decaído, acurrucado en un rincón del convoy, cabizbajo. No me gusta ver a mis hombres así, no hay nada peor en un campo de batalla que un hombre sin esperanza y sin vida. Me acerqué a hablar con él. Esta guerra le está comiendo, no lo soporta, es demasiado para él. No nos sirve, debe volver a casa. Desde que Tommy murió hace cerca de un mes no ha vuelto a ser el mismo. Ya no noto valor, ni fuerza en su mirada y eso me entristece. He intentado animarle, he intentado escucharle y nada tenía que decirme. Se ha recostado y ha intentado dormir. Entre sueños se retorcía y se le compungía el rostro de dolor. Supongo que tratando de escapar de alguna fuerza maligna y despiadada que le acorrala y oprime.
jueves, 15 de noviembre de 2007
Diarios de guerra III
19 de Abril:
Esta tarde hemos entrado en combate. Dirigía mi pelotón hacia el norte, siguiendo la carretera B-512. Debíamos interceptar un convoy de camiones cargados de provisiones y munición. Inteligencia nos pasó los datos anoche. Nuestro explorador nos avisó de la cercanía del convoy y nos colocamos en nuestras posiciones. Dos grupos de 5 hombres a cada lado de la carretera. Apenas iban escoltados por un tanque semiblindado de corto alcance. Nos resultó bastante fácil. Una emboscada en el momento justo y zas, no sufrimos ninguna baja. Hemos contado quince muertos, ninguno llevaba identificación ni ningún tipo de distinción. Lo peor fue la vuelta, comenzó a llover y la carretera se llenó de fango, era casi imposible mover los camiones. Perdimos mucho tiempo, y hemos llegado al campamento cansados, pero sin ninguna novedad.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Diarios de guerra II
18 de Abril:
Hoy han llegado dos chicos nuevos. Parecen entusiasmados. Me alegra y me consterna ver sus caras de novatos, ese aroma de virginidad que desprenden sus cuerpos. Pronto ya nunca serán lo que antes fueron. Serán personas completamente distintas, esta maldita selva te cambia. Pero a pesar de todo ello me gusta ver caras nuevas, nuevas ilusiones, nuevas esperanzas, nuevas historias que compartir y escuchar en las eternas noches del infierno. Llevo ya mucho tiempo aquí. Dejé de ser un primerizo de la noche a la mañana. Como todo hijo de vecino empecé de soldado raso, asignado al tercer batallón de tierra del Teniente Coronel Guillermo. A las dos semanas de haber llegado, cuando ni tan siquiera llegábamos a unos 600 soldados, nos ordenaron ocupar un bunker que se encontraba en lo alto de la colina alfa. Dijeron que sería un asalto rápido y que el enemigo apenas presentaba efectivos en aquella zona. Qué otra cosa iban a decir. La operación debía ponerse en marcha al amanecer, con las primeras luces del alba, más o menos a las cinco de la mañana. A lo que ocurrió aquella mañana no he conseguido encontrarle otro nombre que no fuera masacre. Recuerdo que ascendíamos la colina en dos grupos, uno por cada flanco. Al llegar a unos 100 metros del bunker nos detuvimos. Algo olía raro, estaba todo demasiado calmado. De repente nos vimos cubiertos por una ráfaga de una metralleta móvil del calibre 45 que apareció en un carro de combate. Tras la incertidumbre recibimos una oleada de proyectiles de corto alcance y algunas granadas. Fue espantoso, parecía un campo desolado por la peste. Gritos y socorros se alzaban en súplica hacia el cielo. Compañeros llorando, arrodillados pidiendo clemencia al señor, temerosos y agazapados. Otros con menos suerte se arrastraban malheridos o amputados. O simplemente yacían muertos, inertes y fríos, cubiertos por su propia sangre. Los pocos supervivientes retrocedimos tropezando y cayéndonos de bruces contra el barro, casi como fantasmas errantes, sin un sitio a donde dirigirnos. Me nombraron cabo primero después de lograr salvar al soldado de primera Huchet, y escoltar al Teniente en su retirada.
martes, 13 de noviembre de 2007
Diarios de guerra I
17 de Abril:
Esta mañana, al ir a desayunar he visto a Pachulí. Estaba en el barracón 7. Pobre, sólo llevaba aquí 2 meses. Ayer le alcanzó un proyectil del 12 en el tórax. Un impacto limpio. No va a sobrevivir, es un caso perdido. Al menos el pobre no sufrirá, la morfina hace milagros. Yo la he probado. Aún recuerdo el primer muerto que vi en este lugar. Fue al poco de llegar. Llevaría aquí tres o cuatro días. Nos mandaron a explorar el terreno tras unos arbusto. A Jack y a mí. Éramos los novatos, aquellos trabajos nos correspondían a nosotros. Nos arrastramos los dos como serpientes entre los arbustos, intentando ser lo más sigiloso posibles. Nos detuvimos entre la maleza para observar con los prismáticos. Todo parecía en calma, no se oía ni se veía nada anormal o que pudiera resultar sospechoso. Parecía camino limpio. Decidimos seguir un poco más. Todavía recuerdo aquel sonido, agudo e imperceptible al principio, cobrando cada vez más estruendo. Una mina estalló junto a los pies de Jack. Casi podía oír, entre el estruendo de la explosión, el crujir de los huesos de mi amigo. Sin pensarlo me arrastre hasta él, estaría a unos 5 o 6 metros de distancia. Un reflejo me hizo gritar desesperadamente <<¡Sanitario! ¡Sanitario!>>, pero nadie pareció oírme. Le agarré por los hombros levantando su cabeza. Me miraba con los ojos abiertos, en aquel momento habría jurado que sus ojos eran enormes. Jack no decía nada, yo tampoco. Salía de su boca una sangre que me pareció irreal, demasiado espesa y granate. Fue una sensación extraña. En poco tiempo murió, perdió demasiada sangre. No acudió nadie. Más tarde me dijeron que era potencialmente peligroso poner la vida de un medico en peligro, haciendo que fuera a atender a un muchacho que había perdido las dos piernas al estallar un artefacto en un campo de minas. En parte tienen razón, no se puede enviar un hombre tras otro a una muerte segura. Es una estupidez, pero nunca podré olvidar los ojos de Jack, siempre estarán ahí, es inevitable.
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