Mostrando entradas con la etiqueta fallecimientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fallecimientos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ha muerto Iván Zulueta

Un genio. Aquí su corto Leo es pardo

Seguir Leyendo...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Tristes trópicos

Ha muerto Claude Lévy-Strauss,aquí está el final de Tristes trópicos

Si el individuo ya no está solo en el grupo y cada sociedad ya no está sola entre las cosas, el hombre no está solo en el universo. Cuando el arco iris de las culturas humanas termine de abismarse en el vacío perforado por nuestro furor, en tanto que estemos allí y exista un mundo, ese arco tenue que nos une a lo inaccesible, permanecerá , mostrando el camino inverso al de nuestra esclavitud, cuya contemplación – a falta de recorrerlo - procura al hombre el único favor que sabe merecer: suspender la marcha, retener el impulso que lo constriñe a obturar una tras otra las fisuras abiertas en el muro de la necesidad y acabar su obra al mismo tiempo que cierra su prisión; ese favor que toda sociedad codicia cualesquiera sean sus creencias, su régimen político y su nivel de civilización, donde ella ubica su descanso, su placer, su reposo y su libertad, oportunidad esencial para la vida, de desprenderse y que consiste - ¡adiós salvajes! ¡adiós viajes!- durante los breves intervalos en que nuestra especie soporta suspender su trabajo de colmena, en aprehender la esencia de lo que fue y continúa siendo más acá del pensamiento y más allá de la sociedad: en la contemplación de un mineral más bello que todas nuestras obras, en el perfume, más sabio que nuestros libros, respirado en el hueco de un lirio, o en el guiño cargado de paciencia, de serenidad y de perdón recíproco que un acuerdo involuntario permite a veces intercambiar con un gato.

Seguir Leyendo...

domingo, 4 de octubre de 2009

Mercedes Sosa

Símbolo de la vida y de la libertad.




Seguir Leyendo...

sábado, 12 de septiembre de 2009

Ver hechos realidad los sueños por los que luchamos

Un texto de Juan Almeida, que nos acaba de dejar. Sirva como homenaje, como recuerdo, como muestra de cariño.

Las cárceles abrieron sus puertas de hierro. Los liberados olvidaron su venganza y gritaron juntos con los carceleros por el triunfo de la Revolución. Llegaban los aviones cargados de exiliados que encontraban el calor familiar y el agradecimiento de la patria. Solo los asesinados y desaparecidos no pudieron alcanzar el triunfo, pero vivirán en el recuerdo de familiares, amigos y compañeros de lucha.

Obreros, estudiantes, jóvenes, hombres y mujeres, todo el pueblo, aclamaba a los combatientes que íbamos en cientos de vehículos, una caravana que marchaba por la Carretera Central donde miles de personas aguardaban.

A los mandos militares y las estaciones de policía en manos de los rebeldes, de las milicias y del pueblo, iban llegando los detenidos: malversadores, testaferros y colaboradores del régimen, otros por haber cometido crímenes. Los más connotados eran juzgados y sancionados en el acto.

Había delirio y entusiasmo en la población que aclamaba a Fidel en su recorrido, gritos de alegría, abrazos, besos dulces, nobles y tiernas caricias; fotos en grupo; regalos de detentes, estampas y medallas. El repicar de las campanas, los pitazos de claxon de autos y camiones repletos de personas enarbolando banderas. ¡Todo era una fiesta, como en un bello sueño!

El pueblo, en multitud, unido en júbilo a su Revolución, hacía suyo el triunfo. La gente se fundía en un crisol de sentimientos y alegría. Hasta en las ciudades de los más obstinados y recalcitrantes sectores, el triunfo revolucionario provocaba la trasgresión de las costumbres raciales. Blancos y negros cogidos de las manos, se abrazan, se miran sorprendidos, ríen, gritan, saltan juntos por la Revolución. Es el momento de la alegría, de la fraternidad. El negro y el pobre redimidos, con el blanco y el rico igualados.

Como una melodía subía y bajaba el diapasón del coro de cientos, de miles de voces. Desde que tomamos el fusil por primera vez, estos fueron los momentos más conmovedores, grandiosos y emocionantes. Era el canto inefable a la victoria y a la fe revolucionaria en el futuro de la patria. No hubo asta de bandera que no tuviera los colores de la patria.

Las Marianas, que tomaron el nombre de la insigne madre de los Maceos defensoras de la libertad con el fusil, eran saludadas con amor, ternura y admiración.

Arribamos al Campamento Militar de Columbia. La multitud a nuestro alrededor nos conduce hasta la tribuna. El día corrió su telón y dio paso a la noche, La tensión es rota por la voz de Fidel:

Creo que estamos en un momento decisivo de nuestra historia, La tiranía ha sido derrotada. La alegría es inmensa y sin embargo, mucho queda por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil. Quizás en lo adelante todo será más difícil.

Ahora, a 50 años de aquella histórica fecha en que alcanzamos la libertad plena, la independencia absoluta y la soberanía total, a las emociones y momentos antes narrados, añado el orgullo por lo logrado, la satisfacción por el esfuerzo realizado antes y después del 1ro. de enero, la fe y la confianza que tuvimos, recibimos y mantenemos en nuestro pueblo y en particular en las nuevas generaciones continuadoras de esta causa, a quienes hemos dedicado los mejores años de nuestras vidas y por ellos estamos dispuesto a cualquier sacrificio como lo hacen los Cinco héroes que cumplen injusta sanción en las cárceles del imperio.

Saludo a Fidel, el hermano de lucha, el que nos guió al triunfo revolucionario y ha continuado al frente durante estas cinco décadas para alcanzar las nuevas victorias de la Patria, deseando que nos siga acompañando como líder histórico de este proceso revolucionario para ver hechos realidad los sueños por los que luchamos.

Seguir Leyendo...

martes, 26 de mayo de 2009

Ave doble, de cuerpo entero

Déxame, deseo,
que me bamboleo










A Marek Keller








1

Huye Dafne, herida por la flecha plomiza y embo-
tada del temor, de la ribera del Pineo al enclave de
Santa Fe. Huye con amor propio, libre del otro
amor prohibido: “Pies, ¿para qué os quiero?”.
Huye de las palabras esperanzadas de Apolo, que,
herido por la flecha dorada y puntiaguda del ciego
amor primero, corre ya, enajenado, cual galgo en
pos de liebre. Huye de la caricia que hiere, de la
baba que oxida, de la avidez que seca. Aún no le ha
suplicado a la madre Gea que, por piedad, la engu-
lla, la recoja en su seno y la convierta en mítico lau-
rel. Ha hecho un alto, de madrugada, en el camino
que conduce al bosque del que pronto será arte y
parte: brazos-ramas, cabellos-hojas, miembros-
corteza, pies-raíces, regados por los lagrimones del
burlado perseguidor. No ha sonado esa hora tardía
en la que la belleza, antes que darse, va a preferir
desencarnarse, dejar de ser objeto de pasión, con-
formarse, en suma, con llegar a ser laureola. Por lo
pronto, Dafne se ha puesto en jarras. Respira
hondo. Y allí, casi en la cola, se le ha posado un
pájaro que celebra la fuga con un trino. Juan
Soriano, escultor, aprovecha esa pausa, la venusti-
dad del respiro, y amasa ese momento fugitivo con
estilo “perspicuo, blando y suave”, semejante al
urdido por Garcilaso, según comenta Herrera,
para inyectarle a la sabida fábula savia nueva y
nueva visión. Esplendor fragmentario, si a joderse
tocan, de la metamorfosis en perspectiva: recuerdo
y vaticinio, pero también instante transido de
mudanza, ave doble de paso, intermedio redondo
de dos respiraciones imantadas.

II

Tal vez Dafne se acuerde ahora, de improviso y de
madrugada, de aquel tierno Leucipo, hijo de
Enóamo, rey de la Élide, que se volvió loco por ella,
o más bien loca, hasta el punto de travestirse de
candeal doncella, reinona ella, con el solo propósi-
to de apapacharla sin levantar ni la menor sospe-
cha en carne sonrosada, poco hecha al quid flexible
del dichoso verbo, librándose el bribón de tal guisa
del asco astral de toda ninfa sana a propuesta sali-
da de varón. Y ya casi quisiera no acordarse de las
leves espumas del río Ladon, transformadas, en
tiempos en que todo se transformaba, en muy san-
guinolentos espumarajos, una vez que, por fin, se
le puso a Leucipo en evidencia ante los dardos de
las propias ninfas, tan superiores, por haberse
visto empujado a desvestirse y a pegarse un buen
baño, primero y último, en las antaño transparen-
tes aguas natales. Y Dafne, que es a lo que vamos,
ni arrepentida ni tontamente ufana, pero, eso sí,
segura de ser mujer, mujer en jarras, ha hecho
dulce ademán, con pies de bronce, de ponerse a
bailar al son del pájaro. Y ahí que la sorprendió el
escultor. Como jamás se dice. Ave doble: reposada
melancolía y signo desabrido, a contrapelo, de que-
rer hacerse a otra idea, cosas ambas palpables y
cantables. Ahí está, contradictorio y sinuoso, el
tacto esculpidor de Juan Soriano. El tacto de haber
sabido recrear la cacería (la fábula de talla) desde
una incierta altura (¿quién da más a dos bandas?,
¡oh, Dafne!), aquí pillada en redondel de pausas,
respirando por esas dos ausencias deseadas, alas
perdidas, libres oquedades, vacíos imantados.

(José Miguel Ullán, Órganos dispersos)

Seguir Leyendo...

sábado, 16 de mayo de 2009

El uso moral de la memoria

Carlos Castilla del Pino

Los seres humanos se definen por lo que hacen y se les recuerda por lo que hicieron. Hay quien actúa con el solo propósito de dejar memoria de su existencia. La razón profunda de este comportamiento es que ser recordado es una forma de existencia, en vida pero también después de haber vivido. Sólo cuando se es olvidado por aquellos que nos recordaban, o cuando éstos han perecido, se puede afirmar que inexistimos. Por eso, aunque no podemos tener experiencia de lo que será el olvido en que quedaremos sumidos después de nuestra muerte, no lo deseamos de ninguna manera.

Aquellas actuaciones por las que se es recordado por un tiempo mayor o menor se llevan a cabo mientras vivimos (los muertos no hacen nada por ellos mismos). Si algunos de éstos merecen ser recordados, los que aún viven son los que han de hacer que se les recuerde. El olvido sella la muerte de todo ser que alguna vez existió. Por el contrario, sobrevive mientras se le recuerde.

La conciencia de que tenemos la responsabilidad de hacer que sigan existiendo aquellos que ya muertos juzgamos que deben sobrevivir, se trata de subsanar de muchas maneras.
Seguir Leyendo...


Habitualmente con el luto (ya en desuso), la placa conmemorativa, el busto, el nombre de una calle o hasta una estatua ecuestre. También, y quizá lo mejor de todo, un montón de páginas como esta que el lector tiene en sus manos y no podrá abandonar. De esta forma, alguien murió, otros que lo recordaron morirán también, pero antes lo harán recordar a los demás. El sentido de la expresión, ya acuñada, "derecho a la memoria" va en esta dirección. Significa el reconocimiento del derecho a ser recordado a los que se les negó esa posibilidad. Pero si ya no existen, otros pueden, y en ocasiones deben, demandarlo por él. De este modo, la exigencia del derecho a la memoria se convierte en un problema moral para los que sobreviven. El vocablo "memoria" tiene en estas páginas, primero el significado de recordar, y segundo del deber de recordar para informar de lo recordado a los que vienen después, de manera que se constituya en ellos en recuerdo de los recuerdos de los demás. "Recuérdalo tú y recuérdalo a otros", que decía Luis Cernuda.

La memoria es un instrumento de que dispone el sujeto para su actuación en la realidad. De tal instrumento se hace un uso muy vario, pero en el fondo subyace un componente moral. Podemos desde luego usar la memoria, como cualquier instrumento, para el bien o para el mal. La función de la memoria está intrínsecamente ligada a una de las características del sujeto: su dependencia del pasado, la imposible abdicación de su pasado, del saber indeclinable que uno es lo que "ha ido siendo" hasta ahora, momento, el de ahora, en que también "se está siendo" y que se añadirá a los que le precedieron. Así nos reconocemos en tanto que sujetos, esto es, entidades con experiencias de vida vivida, sujetos con historia (la nuestra), o más exactamente, con biografía. Por eso, la evocación tiene una estructura narrativa. Evocar es contar (o contarnos), de palabra o por escrito. Lo dramático de algunas evocaciones es que no pueden ser contadas a falta de palabras. En ocasiones, hay un décalage entre lo vivido y lo contado, hasta el punto de que contar es reconocer simultáneamente nuestro fracaso como narrador. Es mi convicción que el suicidio de Primo Levi derivó de su conciencia de la imposibilidad de decir la experiencia en Auschwitz. Y sin ese desenlace, la misma que experimentó Kertész.

¿Por qué es moralmente imprescindible esta tarea? Lo sabemos por nosotros mismos. La memoria es personal, como lo son los hechos que se recuer-dan, porque personal fue la experiencia del hecho cuando se vivió. Somos porque se ha hecho en nosotros nuestra historia, elaboración y reelaboración de nuestro pasado. La memoria es la condición necesaria para el logro de nuestra identidad, vocablo que, despojado de toda connotación moral, significa ser alguien, responder asimismo a la pregunta de quién soy (si se la hace uno a sí mismo) o quién es (si la hacemos respecto de otro). Somos, pues, porque tenemos memoria; es más, somos nuestra memoria. He aquí, a continuación, una demostración empírica de este aserto.

El número de longevos ha aumentado tan considerablemente en la actualidad que deben quedar pocos sin experiencia vivida de enfermos de Alzheimer. Esta enfermedad constituye un experimento natural (como decía Claude Bernard de cualquier enfermedad) que nos hace ver cómo gracias a la memoria se construye nuestra identidad; y a la inversa, cómo la pérdida paulatina de la memoria disuelve la identidad. El paciente de Alzheimer que no recuerda al hijo que tiene delante no se sabe ya padre de él; cuando ya no recuerda haber sido médico o albañil no sabe la identidad social que mantuvo; y, al fin, si vive aún como para no recordar su nombre, no sabe quién fue, es decir, ha dejado de ser, no es ya (aunque aún vive). Su identidad se ha disuelto. Podemos decir quién fue (hablo desde el punto de vista psicológico, no jurídico), pero eso es función de nuestra memoria de él, no de la de él, que ha desaparecido. La memoria nos da, como decíamos antes, conciencia de que existimos y, con ello, de identidad. Mi memoria soy yo. En el estadio final del Alzheimer se dice de él que "vegeta", es la muerte del enfermo como sujeto, la disolución de su conciencia autobiográfica, aunque persista, sin embargo, la vida biológica que la hizo posible hasta entonces (circulación, respiración, metabolismo, es decir, las funciones autonómicas). Los que le conocimos y le recordamos somos los que sabemos quién fue. Tanto el enfermo ya totalmente demenciado por el Alzheimer cuanto el que ya pereció, sobreviven, pues, en nuestra memoria. Lo repito: una vez que uno muere sobrevive si sobrevive en el recuerdo de los demás. Cuando todos los que nos recuerden perezcan, hemos muerto definitivamente. Lo que significa que tener memoria del otro, recordarlo, es dotarlo de existencia. Todos ansiamos sobrevivir aquí -que se sepa, no hay ningún otro sitio donde esto pueda tener lugar-, y eso sólo podemos lograrlo en la memoria de los demás. Es lo que demuestra Agustín Santos, un superviviente de Mauthausen, cuando, refiriéndose a la muerte de Azuaga, su compañero de evasión, dice: "Su muerte engendró en mí la voluntad tenaz de sobrevivir a aquel infierno, para poder contar al mundo las muertes de tantos Azuagas". De esta manera, y en alguna medida, los ha hecho inmortales. En puridad, lo de "inmortales" es una metáfora. Ellos no son inmortales, somos nosotros los que los hacemos, se hacen inmortales en nosotros. No hay, pues, inmortalidad; hay memoria. Ésta es la misión de "los que venimos después" en la sobrevivencia de aquellos a los que se les hizo morir, y de tal manera que, de hecho, de muchos de ellos (en el anonimato) podría decirse que es como si no hubieran existido.

La implacable dictadura franquista duró tanto que muchos de los que la padecieron, incluso muchos que supieron del padecimiento del padre, la madre, el hermano o el vecino, murieron sin poder ofrecernos su versión, porque mientras vivieron estaban obligados al silencio. Y si bien una experiencia singular rara vez es útil para la construcción de lo que llamamos Historia, es irreemplazable para saber del drama, esto es, de la Biografía. Cuando hablamos de la recuperación de la memoria histórica, un apartado fundamental de la misma es la constancia ¡cuando menos! de los nombres y apellidos de los que vivieron el drama. No hay otra forma de subsanar, aunque en mínima parte, la oquedad dejada por aquellos a los que se hizo desaparecer, de muchos de los cuales no sabríamos siquiera que existieron. Éste es el fundamento moral del recordarlos.

Seguir Leyendo...

viernes, 13 de marzo de 2009

Blanca Varela

Ha muerto Blanca Varela.
Aquí está hace catorce años recitando su poema Canto villano, del libro del mismo título



CANTO VILLANO

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla

hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos

Seguir Leyendo...

viernes, 15 de febrero de 2008

El final del camino

No puede ser, obviamente no merecías acabar así, aún se me clava tu tiritona en cada uno de mis huesos cada 15 de febrero, el recuerdo de mis lágrimas mojando tu chaqueta, tus últimas palabras taladrando minuto tras minuto mis recuerdos.
Llegó el final, entre mis brazos, íbamos a comernos el mundo juntos, y yo solo, sin ti, no puedo. No tengo las fuerzas necesarias para echarle huevos y tirar pa'alante como antaño. La sonrisa permanente que dibujaba mi cara ha ido dejando paso progresivamente a cambios de humor drásticos en cualquier momento sin ninguna razón aparente.
No lo merecías, nadie merece un final así, pero llegó, y ya todo es inevitable, me jode pensar que el paso del tiempo nos habría hecho darnos cuenta de muchas cosas, de que aquel camino, por "divertido" que fuera, no nos llevaba a ningún lado. Yo lo entendí, demasiado tarde, pero a ti no te dió tiempo.
Sé que no habrías dejado que me equivocara tanto como me he equivocado en éstos 3 años, sé que te habría encantado conocer a mi actual pareja, porque hay muchísimas cosas en ella que me recuerdan a ti, su desparpajo, su sinceridad, su perseverancia por conseguir todo lo que se propone ...
Ójala creyera en algún tipo de cielo para pensar que puedes llegar a leer ésto, ójala pudiera creer que eres tú esa voz que me dice cuando algo está mal, ójala no te hubieras ido nunca ...
Te lo dije muchas veces, pero creo que me faltaron otras muchas por decírtelo ... Te quiero, y joder, te echo muchísimo de menos ...
Hasta siempre Javi

Seguir Leyendo...

sábado, 12 de enero de 2008

Para que seamos Ángel González



Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Seguir Leyendo...

sábado, 24 de noviembre de 2007

Dos en el recuerdo

http://es.wikipedia.org/wiki/Freddie_Mercury (hace 16 años)

Seguir Leyendo...

domingo, 11 de noviembre de 2007

Los tipos duros no bailan

"Las voces me hablaron al alba. Escuché las voces de la Ciudad del Infierno en ese espacio de tiempo en que no estás dormido pero no acabas de despertarte.

Las voces decían:'Oh, Tim, eres como una vela que se ha consumido por los dos extremos: por los cojones y por los sesos, por el cipote y por la lengua, por el ojete y por la boca. ¿Te queda algo más que quemar? Pero, claro, el quemado no puede saberlo...'

Las voces decían. 'Oh, Tim, no lamas los muslos de las prostitutas. Te corres demasiado deprisa al saborear el esperma de la ballena. Danos las sales de la muerte. Haz que vuelva con nosotros la haz de los derrotados. Adiós, dulce amigo. Maldecimos tu casa. Maldecimos tu casa. (...)


Uno de los gangsters más importantes, Frank Costello, estaba sentado en un club nocturno, en compañía de su rubia, una chavala muy guapa, y en su mesa estaban también Rocky Marciano, Tony Canzoneri y "Dos Toneladas" Tony Galento. Una reunión de italianos. La orquesta tocaba. Y Frank va y le dice a Galento:
- Anda, baila con Gloria.

Esto pone nervioso a "Dos Toneladas". No le gusta bailar con la chica del gran hombre. ¿Y si la rubia se le arrima demasiado? Así que le dice:
- Bueno, señor Costello, ya sabe que no soy un gran bailarín - y Frank le contesta:
- Y una mierda, bailas muy bien. Baila con Gloria.
El caso es que se levanta y da un par de vueltas por la pista con la muchacha manteniéndola muy alejada y cuando vuelve con la chica a la mesa, Costello le pide lo mismo a Canzoneri. Tony saca a bailar a la rubia. Luego le llega el turno a Rocky Marciano. Este es el único que se considera lo bastante importante para llamar a Costello por el nombre de pila y le dice:
- Señor Frank, ya se sabe que los pesos pesados no nos lucimos en una pista de baile - Frank Costello le contesta:
- Sal a la pista y baila con Gloria.
Mientras bailan, Gloria aprovecha la ocasión para decirle al oido:
- Oye, hazme un favor. A ver si consigues que el tío Frank dé unos pasitos conmigo.
Terminado el baile, Rocky lleva a la chica a la mesa, sintiéndose un poco más relajado, en tanto que los demás ya se han tranquilizado. Comienzan a pinchar al gran hombre, con mucho cuidado, bromeando un poco. "Venga señor Costello..." "Vamos señor Costello, complazca a la señorita..." "Ahora le toca a usted, señor Frank".
Pero Costello niega con la cabeza y dice:
- Los tipos duros no bailan.

Una entrevista:
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/01/26/cultura/1169770523.html

Descanse en paz Norman Mailer.

Seguir Leyendo...

lunes, 29 de octubre de 2007

Vitoria, 3 de Marzo de 1976

Alguien quitó el tapón y permitió que la sangre y las lágrimas derramadas aquel día se fuesen por el desagüe. El recuerdo de unos frente al silencio de otros. La diosa justicia sólo se dejó ver en forma de espada empuñada por mano ciega. La ciudad obrera aún espera la balanza. Hasta la mínima escultura en memoria a los muertos parece mirar hacia otro lado. La plaza grita sin voz y encoge corazones.





Seguir Leyendo...

domingo, 21 de octubre de 2007

Muere Juan Antonio Cebrián


Esta es una entrada que nunca quise poner, ni me imaginaba que pondría en este blog. Ha muerto un grande de las ondas, creador y presentador del único programa de radio del que soy un fiel seguidor, La Rosa de los Vientos. Juan Antonio Cebrián falleció ayer, sábado 20 de octubre, de un infarto. Más de 1500 programas, innumerables cambios de horario, e incluso alguna desaparición momentánea, y todo tiene que acabar así: qué mundo tan horrible.

Cuando oía aquello de "siempre se van los mejores", me lo tomaba como un tópico; pero me temo que voy a tener que cambiar de opinión. Descanse en paz.

Seguir Leyendo...

Caosmeando

ecoestadistica.com