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viernes, 6 de mayo de 2011

Breve crítica a la terapia farmacológica en los trastornos mentales

¿Es suficiente la terapia farmacológica para el tratamiento de los trastornos mentales?

Bueno, quizá muchas personas creen que ante problemas de verdad, hay que dejarse de "tonterías" de terapias psicológicas, y cortar por lo sano. Al fin y al cabo, si hay un desequilibrio bioquímico, qué mejor manera de combatirlo que actuar directamente sobre él?

Pero la realidad es más compleja...

Aparte de los conocidos efectos secundarios, y de la tolerancia (requerir cada vez dosis mayores para que se produzca el mismo efecto) y dependencia que pueden generar, la medicación tiene una gran pega: no enseña nada.

Un trastorno mental es algo más que un desequilibrio neuroquímico. Decir esto es quedarse en una definición descriptiva muy reduccionista. La interacción con el entorno, los hábitos, patrones de comportamiento, etc, juegna un papel clave en la mayoría de las psicopatologías y, por supuesto, también tienen su efecto a nivel neuroquímico. Y para pasar de unos patrones de interacción disfuncionales a otros más adaptativos, se necesita aprender (o re-aprender) estos últimos.

Pongamos un ejemplo, con un caso de depresión:

Imaginemos a una persona que padece esta patología. Pensemos en que esa persona antes era "normal", pero en un momento determinado sufre algún evento aversivo importante, del tipo de la muerte de un familiar muy cercano. Esa persona, a partir de ese momento, le invade una tristeza muy potente, que traspasa temporalmente el duelo habitual que vive la mayoría de la gente ante un evento de estas características. Deja de relacionarse con los demás como hasta entonces, abandona a sus amigos, pareja, trabajo, etc. Los familiares hacen lo que pueden, la animan, pero no consiguen demasiado. En definitiva, entra en una dinámica de hábitos negativos que no hacen sino hundirla cada vez más.

En este caso, la prescripción de antidepresivos, ayudará sin duda al paciente. Le ayudará en el sentido de supondrá un primer impulso para poder empezar a reaprender hábitos positivos. Pero en ningún caso todo queda ahí.
La persona debería aprender a adaptarse a una nueva vida sin el familiar en cuestión. Y esto no se lo enseña la medicación (aunque suponga ese primer impulso). Para adaptarse hay que emprender un papel activo -y no meramente pasivo, de enfermo que espera ser curado por los medicamentos- de reaprendizaje de conductas no deprimidas, adaptándose al nuevo medio.

Esto supone una limitación muy clara. Y uno de los motivos por los que la terapia farmacológica debe tener casi siempre el apoyo de una terapia psicológica de eficacia comprobada (en el caso concreto de la depresión, ambos tipos de terapia andan en niveles parecidos de eficacia) que ayude a la adquisición de nuevos comportamientos y cogniciones.

Es un tema amplio del que se puede hablar largo y tendido. Tan solo he querido señalar, brevemente, un aspecto que muchas veces se pasa por alto.

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sábado, 6 de marzo de 2010

¿Por qué nos gusta House?


Conflictivo, frio, irresponsable, narcisista, deshonesto, ingobernable...
Son algunas de las características de personalidad que podriamos atribuir al doctor Gregory House, personaje de una serie de éxito.

¿No sería algo a evitar el tener a este hombre como médico, amigo, compañero de trabajo o subordinado?

Parece que sí. Sin embargo, a muchos de nosotros nos hace gracia, e incluso nos cae bien.

¿Por qué?

-En primer lugar, House hace cosas que a muchos de nosotros nos gustaría hacer a veces, pero no nos atrevemos. Me refiero a decirle lo que piensas a todo el mundo, expresarle sin censuras lo que te molesta de él/ella. Es algo que no hacemos, principalmente porque queremos una cierta estabilidad en nuestras relaciones interpersonales (cosa que a House parece que le importa un pimiento) y porque, en el ámbito laboral, podemos correr el riesgo de sufrir consecuencias indeseables, como el despido (cosa que a House también parece importarle un pimiento).
De esto modo, vemos que él hace lo que a nosotros nos gustaría hacer pero no nos atrevemos. Y es algo que nos atrae de él.

-También debemos considerar su cautivador humor sarcástico. No sólo dice lo que quiere a quien quiere, sino que lo hace de forma que consigue sacarte una sonrisa. Tiene ocurrencias inesperables. Es tremendamente espontáneo.

-Su discapacidad hace que nos apiademos un poco de él. Sirve para justificar en cierta medida su hijoputismo. A veces él mismo manifiesta como la vida le cambió debido a su problema en la pierna. Bien es verdad que también se nos da a entender (especialmente en palabras de Wilson) que esto es sólo una excusa, que lo que falla es su afrontamiento de dicho problema, que vive amargado porque quiere, etc.

Así, más o menos podemos entender cómo alguien con rasgos de personalidad cercanos al trastorno antisocial (lo que en grado extremo conocemos como psicópata), no nos causa sentimientos hostiles, e incluso nos divierte.

Eso sí, tampoco niego que quizá si nos encontramos con una persona así en la realidad podría causarnos sentimientos diferentes a los que nos causa este personaje.

pd: Me he permitido comentar el tema desde el punto de vista que veo más común. Pero claro que p
uede haber gente a la que no le guste el personaje de House.

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viernes, 14 de diciembre de 2007

Prometeo XIV

El complejo de Prometeo
En el psicoanálisis, el mito de Prometeo se considera relacionado con la metáfora de la contribución al conocimiento de los hombres. Los psicoanalistas hablan del «complejo de Prometeo», una perpetua búsqueda del conocimiento, y admiten que también se trata del complejo de Edipo de la vida intelectual.

En el llamado “Apéndice de Perotti” se recoge una fábula de Fedro (15 a.C. – 55 d.C.) titulada “De la verdad y la mentira”:
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Antiguamente, Prometeo, modelador de una nueva generación,
con sutil esmero dio forma a la Verdad
para que pudiera administrar justicia entre los hombres.
Llamado de pronto por el mensajero del gran Júpiter,
confió su taller al falaz Engaño,
al cual había admitido recientemente como aprendiz.
Entusiasmado éste con su trabajo, con el tiempo que dispuso
modeló con sus hábiles manos una estatua de igual rostro,
de las mismas proporciones y semejante a la otra en todos sus
miembros.
Cuando ya casi la tenía perfectamente terminada, le faltó barro
para hacer los pies.
Volvió el maestro; el Engaño, turbado por el miedo,
se sentó rápidamente en su sitio.Admirado por tan gran similitud, Prometeo
quiso que se viera la superioridad de su propia obra.
Así pues introdujo las dos estatuas a un mismo tiempo en el
horno.
Una vez completamente cocidas e infundido en ellas el soplo de la
vida,
la sagrada Verdad avanzó con paso sosegado;
por el contrario, la figura mutilada quedó clavada en el sitio.
Por eso la falsa imagen, que era el producto de una obra furtiva,
recibió el nombre de Mentira.
Estoy de acuerdo con los que dicen que no tiene pies.


Prometeo
En la mitología griega, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς, ‘previsión’, ‘prospección’) es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja y darlo a los humanos para su uso y castigado por este motivo.

Como introductor del fuego e inventor del sacrificio, Prometeo es considerado el protector de la civilización humana. Fuentes inciertas afirman que fue adorado en la Antigua Roma.

En Atenas Prometeo tenía un altar en la Academia de Platón (Pausanias i.30§2), desde donde partía una carrera de antorchas celebrada en su honor por la ciudad, en la que ganaba el primero que alcanzaba la meta con la antorcha encendida.

Prometeo era un hijo de Jápeto y la oceánide Clímene. Era hermano de Atlas, Epimeteo y Menecio, a los que superaba en astucia y engaños. No tenía miedo alguno a los dioses, y ridiculizó a Zeus y su poca perspicacia. Sin embargo, Esquilo afirmaba en su Prometeo encadenado que era hijo de Gea o Temis.

Prometeo fue un gran benefactor de la humanidad. Urdió un primer engaño contra Zeus al realizar el sacrificio de un gran buey que dividió a continuación en dos partes: en una de ellas puso la piel, la carne y las vísceras, que ocultó en el vientre del buey y en la otra puso los huesos pero los cubrió de apetitosa grasa. Dejó entonces elegir a Zeus la parte que comerían los dioses. Zeus eligió la capa de grasa y se llenó de cólera cuando vio que en realidad había escogido los huesos. Desde entonces los hombres queman en los sacrificios los huesos para ofrecerlos a los dioses pero la carne se la comen.

Indignado por este engaño, Zeus privó a los hombres del fuego pero Prometeo decidió robarlo así que trepó el monte Olimpo y lo cogió del carro de Helios (en la mitología posterior, Apolo) o de la forja de Hefesto y lo consiguió devolver a los hombres en el tallo de una cañaheja, que arde lentamente y resulta muy apropiado para este fin. De esta forma la humanidad pudo calentarse.

En otras versiones (notablemente, el Protágoras de Platón), Prometeo robaba las artes de Hefesto y Atenea, llevándose también el fuego porque sin él no servían para nada, y proporcionando de esta forma al hombre los medios con los que ganarse la vida.

Para vengarse por esta segunda ofensa, Zeus ordenó a Hefesto que hiciese una mujer de arcilla llamada Pandora. Zeus le infundió vida y la envió por medio de Hermes a Epimeteo , el hermano de Prometeo, junto a la jarra que contenía todas las desgracias (plagas, dolor, pobreza, crimen, etcétera) con las que Zeus quería castigar a la humanidad. Epimeteo se casó con ella a pesar de las advertencias de su hermano para que no aceptase ningún regalo de los dioses. Pandora terminaría abriendo la jarra.

Tras vengarse así de la humanidad, Zeus se vengó también de Prometeo, e hizo que le llevaran al Cáucaso, donde fue encadenado por Hefesto con la ayuda de Bía y Cratos. Zeus envió un águila (hija de los monstruos Tifón y Equidna) para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche. Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y le liberó disparándole una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, al proporcionar la liberación más gloria a Heracles, que era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que fue encadenado.

Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas de las Hespérides.

En otra versión sin embargo Prometeo fue liberado por Hefesto tras revelar a Zeus el destino de que si tenía un hijo con la nereida Tetis, este hijo llegaría a ser más poderoso que él.

También en otras versiones, Prometeo fue el creador de los hombres, modelándolos con barro.

Fue padre de Deucalión con Celeno.


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Caosmeando

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