La audiencia de acreedores de Air Madrid tuvo una convocatoria que finalizó el 20 de febrero de 2007. Hasta ese día tenían de plazo los damnificados para presentar los documentos de reclamación al juzgado nº 2 de Madrid, ya sea en persona o por correo. O quizás fue el juzgado nº 1, no lo recuerdo bien. Porque yo envié documentación alguna. El asunto Air Madrid me había agotado completamente. Llevaba dos meses sin pensar en otra cosa, incapaz de realizar cualquier tarea que no estuviese vinculada, y al desánimo de la estafa se unió la decepción de las acciones del grupo en el que había participado activamente.
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Así, a inicios de marzo, pasadas las manifestaciones ante Aerolíneas Argentinas, decidí abandonar el grupo y olvidarme de Air Madrid. Ya no quedaba nada por hacer, todos los que pudieran pagar 200 euros tenían su billete de avión y las mínimas informaciones que pudieran aparecer no las podría dar yo, que tan sólo tenía acceso a las noticias de los diarios. En esto tiempo muchos miembros se habían ido dando de baja y cuando yo me fui se podría decir que el grupo había quedado desmembrado por completo. No fueron pocos los damnificados que se olvidaron del tema desde el principio, como una chica que conocí en el viaje de ida a Buenos Aires y que regresó en enero pagando íntegro un billete nuevo. N. me dijo que seguiría un poco más, hasta su viaje, mandando de vez en cuando algún mensaje, pero no se iba a hacer a nada más.Poco a poco perdí el contacto con los demás damnificados, hasta los cuatro o cinco con los que actualmente me relaciono y que les mandaré el enlace de este texto; en gran parte es mi homenaje a ellos. De los otros, como suele pasar en agrupaciones de este tipo, supe alguna noticia puntual pero nada más. Hubo un histriónico rumor de que Carrillo, el dueño de Air Madrid, iba a hacerse cargo de la deuda porque quería reflotar la compañía. Poca cosa.
Pasaron marzo, abril y mayo y disfruté todo lo que no había podido disfrutar antes del viaje, viviendo Buenos Aires como la gran ciudad que es. Y llegó la primera semana de junio, la fecha de mi viaje de vuelta. Ahorro los detalles de despedida, siempre son tristes. Lo curioso fue que en la cola del check-in del aeropuerto me encontré con un miembro del grupo de La Plata que nos había apoyado en las manifestaciones. Lo logramos, me dijo. Quiero pensar que tenía razón.
sábado, 12 de enero de 2008
Air Madrid, un año después (y VII)
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miércoles, 9 de enero de 2008
Air Madrid, un año después (VI)
El éxito de la manifestación en el aeropuerto de Ezeiza nos mostró que la vía más fructífera podía ser presionar a la compañía que se hizo cargo de los damnificados: Air Comet, es decir, Aerolíneas Argentinas. Su oferta, como he dicho, era viajar por 200 euros a Madrid como único destino y sólo para los pasajeros de nacionalidad española (muchos argentinos tienen la doble nacionalidad por su ascendencia, pero no todos, claro).
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De esta manera, en cualquier momento podía pagar el billete y regresar a España, pero seguía sin estar de acuerdo. No quería tener ningún gasto añadido de 200 euros cuando ya había comprado el billete y, sobre todo, no quería abandonar a N. (la coordinadora que se hizo cargo del grupo cuando renunció F.), ni a los 30, 40 damnificados que habían estado en todas las reuniones y todas las manifestaciones ni a los que a la distancia animaban cuanto podían a no rendirse. El resto del grupo lo tenía sólo en cuenta para darle la información del tema, pero no esperaba nada más, no sentía que a ellos los representara si no daban muestra alguna de apoyo, crítica o repulsa. Si no fuera por el ánimo de los habituales me habría olvidado del tema desde hacía tiempo. En fin, las siguientes manifestaciones las dirigimos a la oficina central de Aerolíneas Argentinas, en la peatonal contigua a la calle Florida.Fueron dos las manifestaciones que hicimos allí, no fue necesaria ninguna más. Ante la puerta de la oficina hicimos mucho ruido, sobre todo gracias al altavoz de la incansable P., uno de los miembros más decididos y más atrevidos. Mediante sus consignas llamamos la atención lo suficiente para agotar enseguida todos los folletos informativos que repartíamos entre los curiosos y el ruido determinó que las puertas de la oficina se cerrasen antes de su horario habitual. Además, también contamos con la ayuda de miembros del grupo de La Plata, que viajaron a Buenos Aires expresamente para las manifestaciones. En la repartición de los folletos nos ayudaron unos niños que en un principio creí hijos de los miembros del grupo. Mirá todos los que metimos debajo de la puerta, me dijo uno, y entonces me di cuenta de que en realidad eran hijos de unos cartoneros que estaban descansando al lado de la oficina. Para ese mal no había manifestación que valiese (los cartoneros, antiguos miembros de la clase media, se pasean dóciles por las calles reuniendo papeles y cartones que les comprará una fábrica al final del día).Entonces llegó el mayor éxito que tuvimos: nuestros abogados hablaron con representantes de Aerolíneas que decidieron acudir al ver que la manifestación se repetía, y acordaron otorgar a todos los damnificados un billete por 200 euros con plazo hasta finales de junio; es decir, en las mismas condiciones que tenían los españoles. Los abogados aconsejaron que aceptáramos ese trato porque era imposible lograr otro mejor. Y eso fue lo que hicimos. A partir de entonces acabaron las acciones activistas y nos dedicamos a reservar nuestro billete, pues tan enorme era la demanda que no pude lograrlo hasta la primera semana de junio.Aún así no habían terminado todas las medidas de presión. A las cartas a Zapatero y a Kirchner (que no obtuvieron respuesta) les sumamos otra a la Cancillería (el Ministerio de Asuntos Exteriores argentino), ya que había accedido a recibirnos. Yo no estuve en esa reunión (es decir, estuve pero no participé en la reunión ya que no soy argentino); en cambio, sí que asistí a la entrevista con el subsecretario del embajador de España. El resultado en ambos casos fue previsiblemente el mismo: harían cuanto pudieran, que bien poco podía ser, ya que no nos sirvió de nada. De todos modos poco quedaba por hacer. No haríamos más manifestaciones ni más reuniones. Las actividades del grupo habían terminado.
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domingo, 6 de enero de 2008
Air Madrid, un año después (V)
La suerte de los damnificados de los distintos países implicados fue muy distinta. Intuíamos que podía existir un grupo como el nuestro en las otras rutas de Air Madrid y quizás podríamos ayudarnos mutuamente si presionábamos los gobiernos de nuestros respectivos países. Con esa esperanza en internet me puse a buscar cualquier noticia relacionada con el tema y hallé información de los afectados en Costa Rica, Ecuador, Chile, Perú y México, de los cuales el más activo era el de Ecuador, ya que hasta habían llegado a tener enfrentamientos con la policía, mientras que el gobierno de Chile había costeado el viaje de todos los damnificados sin más contratiempos. Mandé varios mensajes a las páginas o a los autores de las noticias informativas, pero sólo recibí la respuesta de una pareja de mexicanos que no pertenecía a ningún grupo y que no había podido pasar de los trámites burocráticos. Fue una lástima, hubiera estado bien emprender una acción global. En fin, vuelvo al de Argentina.
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A inicios de febrero decidimos preparar dos manifestaciones seguidas para revitalizar el grupo: el 2 haríamos una ruta por las agencias de viaje implicadas y el 6 acamparíamos en el aeropuerto internacional Ezeiza. Las noticias referidas a Air Madrid habían desaparecido completamente de los medios de comunicación, ya no era actualidad y por eso las manifestaciones eran manifestaciones de existencia.
La ruta por las agencias dio una tregua a las acusaciones y las rencillas, pero demostró una vez más la falta de unidad de grupo. Acudimos menos de treinta y así era imposible presionar de ningún modo. La decepción fue tal que abortamos la ruta después de la visita a la primera agencia y nos sentamos en un bar a discutir el tema (tanto se había transformado la marcha). Aún así el Canal 13 de la televisión argentina cubrió la noticia y nos hicieron sendas declaraciones en Radio Mitre y Radio Continental. En cierto sentido cumplimos las expectativas y, lo que a mí más me alegraba, en cada manifestación se me acercaba alguien que me decía que también era un damnificado y que acababa de descubrir el grupo.
Sin embargo la acampada en Ezeiza me daba miedo. Un aeropuerto se rige por leyes internacionales, en cualquier momento podrían expulsarnos y si hubiera algún tipo de forcejeo alguien podía recurrir a la violencia.
La convocatoria fue mayor que en la anterior manifestación. Esta vez fuimos más de cincuenta y armamos mucho ruido gracias a los tambores y a los pitos. El objetivo era manifestarnos en el check-in del primer vuelo de Air Comet desde Argentina, pero lo peligroso era interrumpirlo, porque ahí es donde podían enfrentarse la policía, los manifestantes y los pasajeros. Por suerte éstos últimos, al vernos, se asustaron y se retiraron del mostrador. El personal de Air Comet enseguida instaló un mostrador móvil al inicio de la sala y al verlo quise avisar a los pasajeros para mostrarles que no teníamos nada en contra de ellos, pero no me entendieron y tuve que alejarme.
En esto que apareció el jefe de turno de la policía aeronáutica y pidió hablar con una representación del grupo. M. (uno de los que conocía desde el remoto primer paseo burocrático) insistió en que me incluyesen en esa representación y ése fue el único acierto oficial que recuerdo haber tenido.
En su oficina, el jefe de turno nos explicó con mucha amabilidad que quería evitar que incurriésemos en un delito penado con la cárcel, pero de manera subrepticia iba apuntando en un papel nuestros nombres con la excusa de dirigirse a nosotros. Dio la casualidad de que tuvo que atender a una llamada y nos dejó con el recado de que apuntáramos en una hoja nuestros datos para contactar con nosotros. Así, aproveché su ausencia para decir que no estábamos obligados a firmar nada, que eso era para lo que los argentinos llaman escrachar (es decir, fichar, delatar) y cuando volvió el jefe le dije que no habíamos impedido el check-in por las indicaciones que dimos y que, por tanto, no había delito, de modo que sin más nos dejó ir, con la promesa de recibirnos una carta al día siguiente (pero al día siguiente nadie recibió a los dos miembros del grupo que acudieron ni quisieron aceptar carta alguna).
Al salir de la oficina contamos al resto del grupo cómo había transcurrido la reunión y M. me anunció que había logrado dejar una queja en los formularios de Air Comet, ya que a nosotros nos la negaron pero no pudieron a dos pasajeros, que casualmente también eran damnificados.
Ha sido un poco largo contar esta manifestación pero fue una de las más exitosas, nos vimos reforzados. Dos miembros del grupo se unieron al grupo de coordinadores-moderadores (pasamos de tres a cinco), dos abogados de entre los damnificados iban a darnos el apoyo legal que nos faltaba, sabíamos con quién íbamos a contar para las acciones futuras.
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jueves, 3 de enero de 2008
Air Madrid, un año después (IV)
A mediados de enero de 2006 el ministerio de Fomento especuló con la compañía a la que otorgaría la licencia de las rutas de Air Madrid. En un principio se habló del interés de la alemana LTU pero al final quien obtuvo la licencia de vuelo fue Air Comet, una de las líneas del Grupo Marsans, que también engloba Aerolíneas Argentinas. Es, digamos, curioso que Fomento retirara la licencia de vuelo a Air Madrid por problemas de seguridad y que en cambio se la diese sin ningún reparo a Air Comet cuando Air Madrid estaba considerada la segunda peor compañía del año en servicios y seguridad, y Air Comet la última, la peor. Claro que se iban a tomar las medidas necesarias para no correr ningún riesgo, pero no se entiende por qué no se pudo hacer lo mismo con Air Madrid cuando Fomento tenía informes desde hacía años y tuvo que esperar a la crisis. En fin, mejor reflexione poco en este asunto irracional y me limite a describir.
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Para crisis de crisis, la que sufrió el grupo en el que estaba. El número de miembros había ido aumentando hasta cerca de mil y, por tanto, también aumentaba el número de mensajes que recibíamos, por mucho que pidiéramos que sólo se mandara a todos la información y que las consultas fueran dirigidas a los coordinadores. Muchos pidieron la baja de la suscripción porque en lugar de informarse se les estaba saturando el correo sin poder evitarlo y los mensajes parecían repetirse sin que nadie los leyese. Por eso los coordinadores decidimos crear un filtro que dejara pasar sólo los mensajes que interesaran a todos y los demás se quedaran sólo para los coordinadores, con su respectiva respuesta y justificación, si era necesaria. Pero todo filtro es una censura y por mucho que quisiéramos evitarlo seguiría siendo una censura porque ya de por sí la palabra filtro contiene el sentido de censura, y por muchas explicaciones que quisiéramos dar eso no iba a cambiar. Uno de los coordinadores renunció porque no estaba de acuerdo con el filtro y como estaba delicado de salud no quiso tener más tensiones. Los demás intentamos darle una utilidad a ese filtro y contestábamos a todos los mensajes retenidos, pero no estábamos todo el día conectados, a veces un mensaje podía tardar en publicarse y además el servidor del grupo empezó a funcionar mal, seguramente saturado. Las quejas aumentaron, hubo algunos que se pusieron manifiestamente en nuestra contra, entre ellos el publicista en cuya oficina hicimos la primera reunión. La tensión, que nunca había desaparecido, se acrecentó aún más y hasta hubo un grave cruce de declaraciones cuando un miembro del grupo insultó a otro con expresiones antisemitas (aquí hay que recordar que en Argentina hay muchos judíos y que cualquier ataque físico o verbal que se les dirija se puede denunciar a la AMIA porque está penado jurídicamente). Tanta tensión provocó nuevas renuncias y así se fueron P., el que dirigía el grupo de Córdoba, y L., uno de los informáticos.
Quedábamos tres: D. (el otro informático), N. y yo y estaba claro que era necesaria otra reunión. Aún había mucho que hacer: Air Comet iba a hacerse cargo de los damnificados con un recargo de 200 euros con el único destino de Madrid y sólo para los españoles que debían regresar. Las condiciones no eran muy distintas a las de diciembre. Incluso eran peores.
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lunes, 31 de diciembre de 2007
Air Madrid, un año después (III)
La reunión del grupo fue en la oficina de trabajo de un publicista, también damnificado, y asistimos alrededor de cien personas. Yo fui uno de los primeros en llegar y por eso a F. lo reconocí enseguida: fumaba de una manera compulsiva, no paraba de moverse y era insultantemente joven para dirigir él solo todo ese grupo, por mucho que quisiera disimular con su barba. F. me confesó que había llegado a tener problemas en el trabajo porque se dedicaba completamente al asunto de Air Madrid y no tenía tiempo para nada más. Era fácil que te ocurriera eso y que le estuvieras dando vueltas al tema todo el día, sin poder hacer otra cosa, por mucho que quisieras evitarlo. Era un peso que te ahogaba y parecía que era lo único que existía. F. no tuvo más remedio que renunciar para poder vivir. Y ya que no me vio muy convencido también le propuso hacerse cargo del grupo a N., la chica que organizó el paseo burocrático. Como ya la conocía no dudé en mostrarle mi apoyo porque ella sola tampoco podría hacerlo. Así, después de las preguntas, los desahogos, las charlas de todo tipo, N. dijo que tras la renuncia de F. ella iba a ocupar su lugar pero no podía hacerlo sola. Después de un silencio mortal me levanté para manifestarle tímidamente mi apoyo. Nadie me secundó. En esa primera respuesta me di cuenta de que, además de luchar contra la estafa de Air Madrid, tendríamos que luchar contra nosotros mismos, ya que la mayoría se movía por sus propios intereses y cada billete tenía sus propias condiciones (destino, fecha de vuelo, modo compra, etc.). Qué pronto se olvidó que la unión hace la fuerza. Pero entonces ni imaginaba hasta qué punto estaríamos solos.
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Tras la reunión me acerqué a N. para decirle que los demás no habían entendido lo que pedía, que no podía manejarlo todo ella sola, y nos preguntamos a quién le podíamos pedir que nos ayudara. Ella pensó en dos de los que más habían participado en los mensajes del grupo y yo en D., que había tenido la gran idea de crear un foro llamado expresivamente “Sacate la bronca” para hablar de cualquier tema y reservar los mensajes sólo para la información fundamental. También incluimos a L. un informático que me escribió antes de la reunión para ofrecer su ayuda. Por tanto, la nueva comisión estaba integrada por seis personas: en líneas generales, dos se ocupaban de las noticias, dos del mantenimiento del grupo y del foro y otros dos hablaban con los otros miembros del grupo para mandar informes y aliviar las tensiones, que es lo que hacía yo.
Entonces me di cuenta de la verdadera complejidad del problema. El sueldo medio de un argentino calculo que rondará los 300-400 euros mensuales. Para comprar un billete de 600-800 euros, siendo generoso, podría tardar un año o más en ahorrarlo, pues conozco más de un caso que el sueldo no llega a fin de mes. Esa cifra habría que multiplicarla por el número de personas que compraron un billete, en el caso de las familias. Al margen del dinero, los motivos para viajar eran en muchos casos vitales: conocí a personas que perdían sus únicas vacaciones en años, un trabajo, los medicamentos para una enfermedad terminal, la posibilidad de reencontrarse con familiares después de mucho tiempo, una beca de estudio... Son incontables.
Intentamos distribuir a los damnificados por origen y por destino, para que pudieran contactar con alguien que estuviera en su ciudad o que volara a la misma y, como podéis imaginar, estaban distribuidos por toda la geografía argentina: Tandil, Córdoba, Ushuaia, San Luis, San Juan, Río Negro... Y luego estaban los varados en otro país, como Alemania, Israel, Italia, Inglaterra, Francia... y España, que abarcaban también desde Bilbao a Tenerife. Lo mismo ocurría con el lugar de destino. El grupo más numeroso era el de Buenos Aires, pero también eran importantes los de Córdoba, La Plata y Rosario. Yo me escribía a menudo con los coordinadores de Rosario y de La Plata, y el de Córdoba era P., el que tenía la misma labor que yo en el grupo en general.
No tardamos en organizar la primera manifestación. Avisamos a la prensa y cubrieron la noticia dos radios y dos televisiones. Recorrimos la calle Florida (la peatonal más turística de Buenos Aires) repartiendo folletos, armando ruido, haciendo lo posible para que no se olvidaran del tema, pues éramos conscientes de lo efímeras que son las noticias. Al menos logramos que nos hicieran un poco más de caso que en España, porque, según me dijeron, allí (aquí) no se habló más de Air Madrid desde el año nuevo. Pero éramos muy pocos, no podíamos ni cortar una calle, unos 30, 40. Fue desalentador, sobre todo porque apenas hubo respuesta a la convocatoria, ni siquiera por correo; pocos fueron los que mandaron un mensaje de apoyo ya que por lo que fuera no podrían asistir. Ya no pensé que todo el mundo ayudaba como podía, sino que la mayoría esperaba una solución que no buscaba. Y así iba a ser muy difícil que la encontrase.
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sábado, 29 de diciembre de 2007
Air Madrid, un año después (II)
A finales de diciembre, cuando explotó el asunto de Air Madrid, yo estaba en Buenos Aires. Tenía una especie de resguardo de billete de vuelta, ya que lo había comprado como billete electrónico y estaba obligado a comprar billete de ida y billete de vuelta, algo no muy definido porque aún no tenía fecha de vuelta. En fin, la cuestión es que me avisaron que hiciera algo con ese billete porque Air Madrid estaba a punto de cerrar, pero para entonces ya era tarde. Las noticias llenaron la televisión, la radio, los periódicos y en una foto vi vacía la oficina de la calle Roque Sáenz Peña donde me tramitaron el resguardo de billete o lo que fuera que tenía.
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Me quedé paralizado, sin saber cómo reaccionar. Sabía que tenía que llamar al consulado, pero no lo hice. Por las noticias supe que estaban tomando los datos de los afectados y repatriando a los españoles, y sin embargo eso no podía hacerlo yo porque debía seguir en Buenos Aires, para mí era peor volver que quedarme en ese momento. Como a la mayoría, no era cuestión de estropear unas vacaciones, sino que ese viaje era una necesidad, tenía que ser en ese tiempo y no en otro, y organizar unos vuelos de emergencia por un mes no tenía sentido porque no había una guerra de la que exiliarse ni algo parecido, sino asuntos personales, propios de cada caso, difíciles de explicar a un funcionario. Y además, los vuelos de emergencia sólo eran para los que debían regresar a su país, sólo para los que debían hacer el viaje de vuelta y eso tampoco solucionaba la mayoría de los casos porque tampoco había aviones para todos sino para los que pidieron viajar en Navidad.
De repente me sentí como un náufrago. Literalmente estaba abandonado a mi suerte y no iba a recibir ninguna ayuda para regresar. Como en una isla rodeada de marea humana.
Por suerte fue entonces cuando me hablaron de un grupo llamado Damnificados Air Madrid y dirigido por F., un abogado joven y muy voluntarioso que también había sido estafado, y enseguida formé parte del grupo de correo donde llegaba toda la información. El grupo estaba muy bien organizado: F. cada día nos pasaba un resumen de las novedades, la mayoría de los miembros no sabía qué hacer y repetían las mismas preguntas, pero cada uno intentaba ayudar como podía.
Así, al cabo de una semana, acordamos un recorrido por todos los organismos que debíamos visitar (Defensa al consumidor, la Secretaría Aeronáutica Espacial, IATA y el Consulado de España) para hacer juntos todos los papeleos burocráticos. Fue muy alentador encontrar a otras personas que estaban en tu situación. Congeniamos tan bien que intercambiamos direcciones, fotos y creo que alguno hasta aprovechó para intentar ligar (el buitreo habitual). También se habló de hacer una fiesta que creo que nunca se hizo, al menos yo no estuve allí.
Pero eran demasiados los mensajes que enviaban los miembros del grupo. Yo me conectaba mañana, tarde y noche y aún así cada día, al despertar, sentarme ante el ordenador y revisar el correo, me encontraba con más de cien mensajes nuevos. Era imposible leerlos todos. F. pedía que sólo escribieran para aportar información y que las preguntas se las enviaran a él y no a todos, pero había demasiada desesperación como para controlarla. Además éramos un grupo enorme: creo que cuando me suscribí éramos unos 600 (de los 3000 que estaban calculados en Argentina). Algunos insinuaron que F. estaba usando a los miembros del grupo para enriquecerse pensando en una supuesta comisión que él se llevaría por representarnos y ésa fue la gota que colmó el vaso: la semana siguiente del encuentro para la burocracia, en un breve mensaje F. anunció que dejaba el grupo y ¡me nombraba a mí como su sucesor!
Yo nunca había hablado directamente con F., sólo pedí calma cuando le acusaron injustamente. Y no tenía ninguna preparación porque no tengo ni idea de derecho (y menos del derecho argentino) y ni siquiera soy argentino para representarlos. Así que propuse una reunión para ver qué haríamos a partir de entonces y hablé por teléfono con F. Él aceptó asistir a la reunión para explicar por qué se desvinculaba del grupo y me dijo que me ayudaría a organizar el nuevo grupo, pero sólo eso. No seguiría más.
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viernes, 28 de diciembre de 2007
Air Madrid, un año después (I)
En estos días se cumple un año de la mayor estafa de los últimos tiempos. El 15 de diciembre de 2006 la compañía aérea de bajo coste Air Madrid Líneas Aéreas S.A. suspendió sus vuelos tras los avisos del Ministerio de Fomento por la demora excesiva en sus vuelos y, sobre todo, por no cumplir las medidas mínimas de seguridad de un transporte aeroespacial. Lo hizo mediante un comunicado que aún consta en su página web como un cadáver sin enterrar: http://www.airmadrid.com/. Ante este suceso se comprobó, una vez más, la incapacidad de cualquier organismo (oficial o comercial) de dar una solución viable a los miles de pasajeros afectados, que se quedaron en tierra.
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La respuesta de la compañía fue la siguiente: según consta en la Wikipedia, tras la presentación, por parte de un grupo de acreedores, en el Juzgado de lo Mercantil número 5 de Madrid de una solicitud de apertura de concurso de acreedores, Air Madrid presentó a última hora jueves 21 de diciembre de 2006 un "concurso voluntario de acreedores", teniendo los afectados plazo hasta el 20 de febrero de 2007 para formular sus reclamaciones económicas ante el Juzgado Decano de Madrid, rellenando un impreso con la información pertinente que se facilita desde Internet.
La respuesta del Gobierno, por medio del Ministerio de Fomento, consistió en fletar unos aviones en vuelos de emergencia para repatriar a los españoles que debían regresar a su país. A su vez, los consulados de los respectivos países donde se hallaban los españoles afectados les distribuyeron a éstos unos folletos informativos acerca de sus derechos y también unos formularios en los que hicieran constar sus datos personales.
La respuesta de las agencias de viajes fue irregular. Hubo algunas que devolvieron la comisión de los billetes expedidos en los vuelos no efectuados, otras sencillamente dijeron que no podían hacer nada.
Hasta aquí llega lo oficial.
Por supuesto, todas estas medidas fueron insuficientes.
Yo fui uno de los que tenía que viajar con Air Madrid y no pudo hacerlo. Aquí os contaré cómo lo viví no como testigo ni como telespectador sino como afectado de esta larga historia. Espero hacérosla entretenida.
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