lunes, 17 de diciembre de 2007

Me, myself & I

Todo, y digo TODO lo que hacemos en esta vida lo hacemos en base a y para llegar a estas dos premisas:

1.- AFÁN DE CONSERVACIÓN.
2.- AFÁN DE PERPETUACIÓN.


Todo. Tan sencillo y tan complicado a la vez.

Think about this.

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Alfredo Zitarrosa

Para emocionarse: Guitarra negra, de Alfredo Zitarrosa
(Poema por milonga)


I. Introducción
Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra... Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía... Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas... Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan... Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos... Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas...
II. Allanamiento.
Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches de café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplegia, al Uruguay batllista, a Aristides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Aristides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie. Ni a los muertos Fernández más recientes... A mí tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo...
Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... Y se echará en el piso como un perro... Y aguardará hasta la madrugada... Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre...

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Dos meses

Mira, te voy a decir una cosa: empezamos hace dos meses a lo tonto y ya llevamos casi tantas entradas como días tiene un año y esto no para de crecer y desarrollarse expandiéndose de manera caósmica. Nos visitan casi tanto como el Playboy y tenemos más contenido (imágenes no pero todo se andará).
Aquí se puede encontrar tanto lo sorprendente -el Caosmos XiV es así, en ningún momento sabemos qué rumbo va a tomar, a qué mundo va a acercarse, qué paraíso, natural o artificial va a visitar o en qué infierno va a sumergirnos- como lo que vamos buscando, esa amiga que conocimos un día aquí y a quien esperamos volver a encontrar cuando entramos porque nos resulta siempre asombrosa.
Siento que vienen muy bien aquí estas palabras de Alfredo Zitarrosa:
"Hago falta.
Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco,
si no estoy.
Siento que hay un sitio para mí en la fila,
que se ve ese vacío,
que hay una respiración que falta,
que defraudo una espera.
Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero,
el amor del que me aguarda lastimado.
Falta mi cara en la gráfica del pueblo,
mi voz en la consigna,
en el canto,
en la pasión de andar,
mis piernas en la marcha,
mis zapatos hollando el polvo,
los ojos míos en la contemplación del mañana,
mis manos en la bandera,
en el martillo,
en la guitarra,
mi lengua en el idioma de todos,
el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos".

Pero realmente, piensas, qué son dos meses ? Los días no corren sino vuelan, ayer estabamos en la playa y mañana nieva.
Es como una carrera ciclista; apenas hemos hecho distancia, digamos que llevamos los kms neutralizados, y ahora se da la salida. Sí, hay una pancarta que lo indica, pero qué importancia tiene ? Los ciclistas saben por una parte que les queda toda la etapa, pero por otra, no conocen la llegada: ni siquiera saben si tendrá fin.

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domingo, 16 de diciembre de 2007

El final de la historia que debiste contar sobre mí

Estuve durante semanas buscando un final para la obra que prometí que escribiría inspirada en él. Su personaje es actualmente feliz y su primer hijo, a quien bautizarían como Gustavo, venía de camino. Pero la llamada era inevitable:

-Tienes que dejarle
-¿por qué? - al otro lado estaba Lluvia.
-Necesito concluir su obra, él nunca dejaría feliz a un personaje, de hecho tenemos que matarle - respondí tajante y sin pensarlo mucho
-Estás loco, de ninguna manera - respondió confundida - ¿por qué me pides esto justo ahora?
-Ya he llegado al final del libro - empecé a explicarle - se le romperá el corazón si el final no está a la altura de sus relatos de adolescencia, él aprecia más esta obra que cualquier otra cosa en el mundo, ¿acaso prefieres hundirle para siempre?
-¿Cómo estás tan seguro de que preferiría la muerte a un final feliz?
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-¿Acaso no le conoces? es la única solución posible, pon la soga en su cuello y que él acabe su biografía, él siempre ha vivido en un mundo paralelo, el mundo de los sueños, el mismo que os hizo conoceros y enamoraros, el mismo que os hizo superar los momentos difíciles, los mismos que hacían de su humor algo envidiable. Él vive en un mundo irreal y ese mundo tiene que acabar con su vida, es la única forma de completar su obra
-¿Pero cómo lo haré? no podría matarle, quiero pasar el resto de mi vida con él, no quiero quedarme sola
-Él vivirá contigo mientras esté vivo su recuerdo
Se apresuró a contestar incluso antes de haber terminado la frase - Ni siquiera él se cree eso. La muerte es el fin, no hay nada más después.
-Si no está muerto ya, es por nosotros, él no va a sufrir, los que sufriremos somos nosotros, los que lo pasaremos mal, él simplemente dejará de sufrir, esa es la muerte, el final del sufrimiento, la vida es solo una forma de compartir el dolor.
-Sabes que yo no lo creo así
-Sabes que él sí - ya empezaba a mosquearme tanta terquedad, ni siquiera Ernesto (siendo Tauro) se empeña tanto cuando está equivocado.
-¿Y qué muerte le has pensado? ¿decías en serio lo de la soga?
-Tal vez una pistola sea mejor, un disparo y una nota: "he aquí el final de mi historia, el final de mi libro"
-No eres demasiado bueno en esto, deja al menos que yo elija su final, déjame la satisfacción de despedirme de él, déjame que sea por última vez mío.
-Lo dejo a tu elección. Este final es todo tuyo, tú eres la protagonista de su muerte. Tú eres la protagonista de su drama, tú eres la dueña de su vida, como lo has sido estos últimos años.

Colgó sin despedirse, era de esperar. Ya solo me tocaba esperar su muerte para relatarla y poder publicar su obra, su vida, sus grandes logros, sus ideas. Publicarle a él.

Final de la historia 1:

Ernesto murió en su habitación, de fondo sonaba Hurt de Johnny Cash, una pistola en el suelo y un charco de sangre alrededor de su cabeza. Su mujer, en el salón, ya había llamado a la policía. Confusa, lloraba. Su hijo se había quedado sin padre, pero ella había sacrificado su amor por la felicidad del hombre al que amaba. Ernesto sonreía inerte en el suelo. Sonreía, ateo, sabiendo que ya había llegado el fin, el fin del bien, pero sobre todo el fin del mal.

"Aquí termina la historia, este es el fin que yo quería, gracias" Fdo. Ernesto

Final de la historia 2:

Esperé semanas alguna necrológica en el periódico, una llamada, una buena noticia para él, la peor noticia para mí. De pronto el teléfono sonó y la idea de saberle muerto me recorría el cuerpo como un escalofrío. La vida no iría bién sin él, pero él no iría bién con la vida. Sacrificar amor y amistad (bonitos sinónimos) por su felicidad.

-Juan, gracias, pero me quedaré a vuestro lado - la voz de Ernesto sonaba firme, tan firme como solo le había escuchado hablar el día en el que dijo haber fumado su último cigarrillo, y que realmente fue su último cigarrillo.
-Ernesto, sabes que haría cualquier cosa por ti, me alegro de que sigas vivo. Pero tu obra nunca verá la luz.
-Sí, la verá, tal vez dentro de 5 minutos al ser atropellado por un autobús o tal vez dentro de 60 años cuando los achaques de la edad lo hagan inevitable, pero toda historia tiene su final, incluso la mía.

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Prometeo XVI

El mito de Prometeo

En la mitología griega, la figura de Prometeo está íntimamente ligada a la humanidad. Desafiando al dios supremo, el celestial Zeus, Prometeo intenta favorecer a los hombres entregándoles el fuego -robado a los dioses-; elemento esencial no sólo en el sentido material (como punto de partida fundamental para avances ulteriores en el desarrollo de la civilización) sino también en el orden espiritual, pues el fuego es el símbolo de la vida, de la energía, de la inteligencia que mueve a los humanos.

En suma, el fuego representa la sustancia divina en el hombre, que lo diferencia del resto de los animales y lo acerca a los dioses. Este don otorgado por Prometeo a la humanidad tendrá, sin embargo, consecuencias no de del todo felices. Para poder apreciar el significado de este mito es preciso que nos adentremos en los hechos.

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Prometeo es un titán, es decir, uno de los antiguos dioses descendientes de Urano (el Cielo) y Gea (la Tierra) que dominaron el mundo bajo el liderazgo de Cronos (o Saturno) en épocas primigenias, antes de ser desplazados por los dioses olímpicos liderados por Zeus, hijo de Crono y Rea. Se suele definir a los titanes como divinidades menores en comparación con los olímpicos y como seres primordiales, violentos, caóticos. En principio eran 6 varones y 6 mujeres, siendo Cronos el principal de ellos. Cronos, extremo símbolo de la ambición de poder, había destronado y castigado con una hoz a su padre Urano. Temiendo que sus hijos pudieran hacer lo mismo con él, los devoraba apenas nacidos. Su mujer/hermana Rea, no obstante, se las ingenió para esconder a uno de ellos, Zeus. En lugar de entregarle este hijo Rea envuelve una piedra entre pañales haciéndola pasar por Zeus y esconde a éste en la isla de Creta.

Más tarde, Zeus derroca a su padre e instaura el dominio de los dioses olímpicos, sus descendientes.

Los titanes no terminan de aceptar la nueva situación y se rebelan, librándose la famosa Gigantomaquía o Guerra de los Titanes contra los nuevos dioses. Según el poeta Hesíodo, Zeus y los suyos derrotan a los titanes gracias a la ayuda de los Hecatonquinos o Centimanos, seres primordiales semejantes a los titanes. Como castigo, estos últimos son condenados por Zeus a vivir en el tenebroso Tártaro.

Se suele interpretar la lucha entre los titanes y los dioses olímpicos en un sentido evemerístico como el conflicto entre las antiguas divinidades de los pueblos aborígenes de Grecia (los pelasgos) y las de los invasores indoeuropeos. El triunfo de los olímpicos simbolizaría, así, la victoria de los últimos.

Por otra parte, la figura del titán como entidad violenta, de fuerza excepcional, caótica, taimada, ha sido asociada a las fuerzas hostiles de la naturaleza que recorren bajo el aspecto de gigantes u ogros diversas mitologías y leyendas populares. Suelen residir en sitios de difícil acceso (mares, montañas, etc) desde donde desatan tempestades.

Además, su rebelión contra los nuevos dioses y el intento de escalar el Olimpo para desalojarlos puede interpretarse como la insubordinación de lo inferior contra lo superior, del caos contra el orden, de la desmesura contra la justa medida y la armonía.

Retornando específicamente a Prometeo, cabe aclarar que era el más inteligente de los titanes, no participando -debido a su prudencia- en la rebelión de sus pares más antiguos. Era hijo del titán Yápeto y de la oceánida Clímene. Por su inteligencia, prudencia y carácter benefactor es adoptado por los olímpicos. Sin embargo, sigue latiendo en él un espíritu rebelde típico de los titanes, transmitiendo ese rasgo al hombre.

Cierta versión narra que no fueron los olímpicos quienes crearon al hombre sino Prometeo a partir del barro. Para animarle, como ya adelantamos, robó el fuego divino. Este desafió a los dioses le costó caro y también a la humanidad. En castigo Zeus encadenó a Prometeo en una montaña del Cáucaso donde diariamente un buitre o águila le devoraba el hígado, que luego volvía a crecerle. En esa situación permaneció hasta que Hércules (o Herakles) le liberó con el consentimiento de Zeus, quien combinaba en su ser la venganza y la compasión. Para que no olvidara su castigo, Zeus convirtió la argolla a la cual Prometeo estaba fijado en la montaña en un anillo que siempre debería portar el titán. Era la marca de su sujeción.

Más tremendo y perdurable fue el castigo recibido por la humanidad. Al igual que en la tradición judeo-cristiana, es la mujer quien aparace, en carácter de instrumento, asociada a la degradación del género humano. La Eva de la mitología griega se llama Pandora.

Pandora fue creada por el artesano divino Hefestos por orden de Zeus para ser enviada a los hombres en carácter de condena. Hefesto la modeló con arcilla y lágrimas (símbolo del dolor y la melancolía que transmitió a los hombres). Para tornarla atractiva cada divinidad le otorgó un don, de ahí su nombre Pandora ("todos los dones"). Una vez concluida fue enviada a la Tierra junto a un jarro cerrado o caja que contenía todos los males del mundo o, según otra versión, todos los bienes. Los dioses la ofrecieron como esposa al titán Epimeteo, hermano y contrapartida de Prometeo. Otra historia indica que fue ofrecida primero a Prometeo, quien adivinando el ardir de los dioses la rechazó. El significado de Prometeo es previsor, el que anticipa los hechos en base a su conocimiento y experiencia, el que primero y después actúa. Epimeteo, en cambio, significa lo opuesto : el que actúa impulsivamente, el necio, el que primero obra y luego recién piensa acerca de lo realizado.

Epimeteo toma a la bella Pandora como esposa a pesar de las advertencias de su hermano. Movida por la curiosidad ella destapa el recipiente que contenía todos los males o todos los bienes, esparciéndose los primeros por la tierra y desapareciendo los otros. Sólo permanece en el fondo de la caja de Pandora, al ser cerrada a tiempo, la esperanza, el único consuelo que les queda así a los hombres.

Otra versión indica que no fue Pandora sino Epimeteo quien destapó el recipiente, lo cual no incide mayormente en cuanto a las consecuencias.

Consideramos pertinente efectuar algunas reflexiones para concluir con esta nota. Decíamos que el carácter compasivo de Zeus había liberado a Prometeo de la condena que antes le había impuesto. Lo mismo podría decirse en cuanto a lo sucedido con el hombre, pues primero Zeus lo castiga y luego atenúa esa condena con la esperanza, especie de bálsamo o adormidera frente a los dolores que se derramaron a lo largo y ancho del orbe. Aunque también podría considerarse que la esperanza en ocasiones constituye una tortura, una prolongación de la agonía, como lo señala Eduardo de Guzmán en su libro testimonial sobre la Guerra Civil Española titulado "La muerte de la esperanza".

Por otra parte, la condena divina por el hurto del fuego (también podría hacerse una analogía con la tradición bíblica relativa a a la manzana de la sabiduría vedada por Dios al hombre) puede representar la desaprobación de la divinidad (tanto entendida a la manera antropomórfica como en tanto leyes cósmicas) hacia la apropiación por parte del hombre de bienes o técnicas para los cuales no está capacitado espiritualmente. La divinidad columbra el uso negativo que la especie humana hará de tales poderes y trata de impedir esa apropiación o la castiga en caso de que se haya producido.


Ricardo Accurso
Universidad Nacional de Rosario, Argentina

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