jueves, 26 de marzo de 2009

La guerra de los campesinos. Münzer y Lutero.

“Hagamos que los poderosos y los nobles se cuelguen y estrangulen con los intestinos de los clérigos,de los poderosos y de los nobles, que son quienes pisotean a los pobres, los atormentan y hacen de ellos seres desgraciados".
Thomas Münzer en julio de 1524 declara la hora en que los tiranos van a ser eliminados físicamente para instaurar el reino milenario de Cristo, un reinado de la justicia.
«¡Queridos hermanos, combatid el combate del Señor! El poderoso quiere hacer su juego: la última hora de los malvados sonó. ¡Adelante, que el hierro está candente!.
Que la espada, empapada de sangre, no tenga tiempo de enfriarse. Derrumbemos los castillos y sus moradores. ¡Dios está con vosotros; vamos, vamos!».
Münzer había unido íntimamente las nuevas tendencias políticas con las ideas de la reforma religiosa, retomaba la doctrina de los primeros cristianos: fraternidad universal, comunión de
bienes. Quería sustituir con el reino de Cristo al carcomido imperio. El culto sensible sería abolido
en el nuevo reino, toda ley exterior, todo poder seglar; los hombres son todos iguales, comunes
sus bienes, no tendrá cabida el dinero en el nuevo reino. Los propietarios y señores que se
opusiesen al reparto de los bienes serían decapitados: «¡tiranos -decía Münzer- que quieren extirpar la fe cristiana, deben ser eliminados!» Deleitados con sus discursos entusiastas, los campesinos se apretujaban, a millares, alrededor del nuevo profeta, que les anunciaba la creación del reino de Dios en la tierra, con la abolición de los privilegios y de los derechos señoriales. Decía: «Todos somos hermanos, ¿de dónde, pues, la riqueza y la pobreza?
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Entregadnos ricos del siglo, avaros usurpadores, entregadnos estos bienes que retenéis injustamente.»
Cuando entraban en una aldea decía a los campesinos: «queridos hermanos, ¿hasta cuándo estaréis dormidos?», incitando a asesinar a los príncipes y señores. Incendiaban iglesias y el
campesinado le seguía. «Los campesinos de Eichsfeld se han divertido no poco con sus señores. ¡Imitadlos!. Mientras quede un noble con vida viviréis con temor».
Estalla la rebelión armada, y Münzer, cura católico franciscano, se convierte en profeta y guerrero, líder campesino que demostraba a los campesinos que el cambio de sociedad era posible a través de la violencia atacando las bases de la sociedad para sustituirlas por otras basadas en el comunismo religioso. El movimiento de Münzer deponía a los párrocos, destruía los conventos, asaltaba las fortalezas y castillos de los nobles.
Lutero escribe un duro panfleto: «Contra las bandas ladronas y asesinas de los campesinos».
Acusa a los campesinos de realizar una «obra diabólica» y a Thomas Münzer de «archidiablo»,
«que no hace otra cosa sino robos, asesinatos y derramamiento de sangre». Los revoltosos han cometido «tres horribles pecados contra Dios»: juraron fidelidad a la autoridad y ser súbditos obedientes y se levantaron contra sus señores; provocan la rebelión, roban y saquean; y, finalmente, encubren todos estos horrendos y crueles pecados con el Evangelio.
Lutero en 1525 escribiendo a los nobles, en un lenguaje furioso, contra estos grupos decía:
«Que sean aplastados, asfixiados y apuñalados tanto en público como en privado por cualquiera que pueda hacerlo, así como se mata a golpes a un perro rabioso. La magistratura que vacila, peca; ya que no satisface a los campesinos pertenecer al diablo. Sino que arrastran a muchos piadosos a su perversión y condena. Por lo tanto, apreciables señores, matad cuantos campesinos
podáis: disparen, apuñalen, aplasten, y estrangulen a todos los que puedan. Feliz si mueres en el empeño, mueres en obediencia a la Palabra divina; no se puede obtener muerte más bendita.»
Lutero afirma que si un príncipe o señor «no castiga con la muerte o con el derramamiento de sangre es culpable de todas las muertes y de todos los males que cometan esos canallas». «Un príncipe puede ganar el cielo derramando sangre mejor que otros rezando». La rebelión es intolerable, y «un buen cristiano tendría que sufrir cien muertes antes que comprometerse en el asunto de los campesinos».
Los príncipes se unieron al emperador, católicos y reformistas, para sofocar la revolución. El 15 de Mayo de 1525, los hombres de Münzer, mal armados, no pudieron con el ejército
de los príncipes. Los señores aplastaron 5000 campesinos y todos los prisioneros fueron decapitados. A Münzer no lo mataron enseguida. Al principio, seguía diciendo que su intención era liberar a toda Alemania del yugo de los príncipes. Pero, tras el procedimiento habitual en estos casos de la Iglesia Católica, Münzer reconoció sus errores tras ser torturado, que los campesinos se dejasen de revueltas, de ser propagador de blasfemias y herejías contra los dogmas de la iglesia católica que, ahora, reconocía como infalibles.
En la plaza de Mülhausen y tras el escarnio público fue decapitado para gloria de Dios.

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Mil

Dame mil besos, y después cien,

Y después otros mil y otros segundos cien,

Y, sin parar, hasta llegar a mil más, y después cien.

Finalmente, cuando nos hayamos dado tantos miles,

Los dejaremos en el olvido, para no recordarlos,

Y para que nadie sienta envidia

Al saber que entre nosotros hubo tantos besos. (Catulo)

Unos quinientos días después de ponerse en marcha el Caosmos XiV llega a la entrada mil, pronto habrá una entrada mil uno y una entrada mil dos y la entrada mil cuatro será de cine quizá, no sabemos cuándo llegará la entrada 2000 ni qué significa exactamente "pronto" pues el caosmos es un organismo vivo que tiene su propio ritmo, que está aquí siempre aunque a menudo parezca estar en letargo, que se nutre de los regalos de su tripulación una, trina y plural, y de su pasaje, que toma forma de verbena o de nave fantasma



Hasta la entrada π, la 1001, la 2000, o la última entrada que la nave Caosmos pueda proporcionar antes de que se le agote el carburante, sólo podré decir una cosa:








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miércoles, 25 de marzo de 2009

Weather Report

Con Jaco Pastorius. Black Market y Scarlett Woman

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martes, 24 de marzo de 2009

Lady Lazarus

Sylvia Plath lee este poema que escribió cuando tenía treinta años. Se suicidó dos meses y medio después de cumplirlos. Hace justo una semana se suicidó su hijo.



Traducción de Cecilia Bustamante, poeta.

Lady Lazarus

Lo logré otra vez,
Me las arreglo —
Una vez cada diez años.

Especie de fantasmal milagro, mi piel
Brillante como una pantalla nazi,
Mi diestro pie

Es un pisapapeles,
Mi rostro un fino lienzo
Judío y sin rasgos.

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Descascara la envoltura
Oh, mi enemigo,
¿Aterro acaso? —

¿La nariz, las cuencas vacías, los dientes?
El apestoso aliento
Se desvanecerá en un día.

Pronto, muy pronto, la carne
Que la tumba devoró
Se sentirá bien en mí

Y yo una mujer que sonríe.
Tengo sólo treinta años.
Y como gato he de morir nueve veces.

Esta es la Número Tres.
Qué desperdicio
Eso de aniquilarse cada década.

Qué millón de filamentos.
La multitud mascando maní se agolpa
Para verlos.

Cómo me desenvuelven la mano, el pie —
El gran desnudamiento.
Damas y caballeros.

Estas son mis manos
Mis rodillas.
Soy tal vez huesos y pellejo.

Sin embargo, soy la misma, idéntica mujer.
La primera vez que sucedió tenía diez.
Fue un accidente.

La segunda vez pretendí
Superarme y no regresar jamás.
Oscilé callada.

Como una concha marina.
Tenían que llamar y llamar
Recoger mis gusanos como perlas pegajosas/

Morir
Es un arte, como cualquier otra cosa.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Lo hago para sentirme hasta las heces.
Lo ejecuto para sentirlo real.
Podemos decir que poseo el don.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Muy fácil hacerlo y no perder las formas.
Es el mismo

Retorno teatral a pleno día
Al mismo lugar, mismo rostro, grito brutal
Y divertido:

“Milagro!”
Que me liquida.
Luego una carga a fondo

Para ojear mis cicatrices, y otra
Para escucharme el corazón –
De verdad sigue latiendo.

Y hay otra y otra arremetida grande
Por una palabra, por tocar
O por un poquito de sangre

O por unos cabellos o por mi ropa.
Bien, bien, está bien Herr Doktor.
Bien. Herr Enemigo.

Yo soy vuestra obra maestra,
Su pieza de valor,
La bebé de oro puro

Que se disuelve con un chillido.
Me doy vuelta y ardo.
No creas que no valoro tu gran cuidado.

Ceniza, ceniza —
Ustedes atizan, remueven.
Carne, hueso, nada queda -

Una barra de jabón,
Una alianza de bodas.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer
Cuidado.
Cuidado.

Desde las cenizas me levanto
Con mi cabello rojo
Y devoro hombres como el aire.

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lunes, 23 de marzo de 2009

Silencio

De la Guía espiritual que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz , del creador del quietismo Miguel de Molinos, que fue condenado por la Inquisición a cadena perpetua por inmoralidad y heterodoxia.

Tres formas hay de silencio:
El primero es de palabras, el segundo de deseos y el tercero de pensamientos. El primero es perfecto, más perfecto es el segundo y perfectísimo el tercero. En el primero, de palabras, se alcanza la virtud; en el segundo, de deseos, se consigue la quietud; en el tercero, de pensamientos, el interior recogimiento. No hablando, no deseando ni pensando, se llega al verdadero y perfecto silencio místico,
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en el cual habla Dios con el alma, se comunica y le enseña en su más íntimo fondo la más perfecta soledad y alta sabiduría.
A esta interior soledad y silencio místico la llama y conduce cuando le dice que le quiere hablar a solas, en lo más secreto e íntimo del corazón. En este silencio místico has de entrar si quieres oír la suave, interior y divina voz. No basta con huir del mundo para alcanzar ese tesoro ni tampoco renunciar a sus deseos ni desapegarse de todo lo criado, si no te despegas de todo deseo y pensamiento. Reposa en este místico silencio y abrirás la puerta para que Dios se comunique, te una consigo y te transforme.
La perfección del alma no consiste en hablar ni en pensar mucho en Dios, sino en amarle mucho. Alcánzase este amor por medio de la resignación perfecta y el silencio interior.
Desengáñate, que no está el amor perfecto en los actos amorosos ni en las tiernas jaculatorias, ni en los actos internos con que tú le dices a Dios que le amas más que a ti misma. Podrá ser que entonces te busques más a ti y a tu amor que el verdadero y de Dios; porque obras son amores, que no buenas razones.

Para que una criatura racional entienda tus deseos, tus intenciones y lo que tienes escondido en el corazón, es necesario que se lo manifiestes con palabras. Pero Dios, que penetra en los corazones, no tiene necesidad de que tú se lo afirmes y se lo asegures, ni se paga como dice el Evangelio del amor de palabra y lengua, sino del verdadero y de obra. ¿Qué importa decirle con gran fervor que le amas tierna y perfectamente sobre todas las cosas, si en tu palabras amargas y leves injurias no te resignas ni por su amor te mortificas?

Procura con silencio resignarte en todo que, de ese modo, sin decir que le amas, alcanzarás el amor perfecto, el más quieto, eficaz y verdadero.

«La perfección del alma no está en hablar ni pensar en Dios, sino en amarle»

Allá en lo interior, con el silencio mudo se ejercitan las más perfectas virtudes de la fe, la esperanza y la caridad, sin necesidad de irle a diciendo Dios que le amas, que esperas y le crees, porque este Señor sabe mejor que tú lo que internamente haces.

Hay dos disciplinas espirituales completamente opuestas. Unos insisten en que siempre se han de meditar y considerar los misterios de la pasión de Cristo. Otros, dando en un extremo opuesto, enseñan que la meditación de los misterios de la vida, pasión y muerte del Salvador no es oración, ni su recuerdo, que sólo se ha de llamar oración la alta elevación en Dios, cuya divinidad contempla el alma en quietud y silencio.

Para pasar de un estado malo al bueno no hay necesidad de consejo; pero para pasar del bueno al mejor es necesario tiempo, oración y consejo; porque no todo aquello que es mejor en sí es mejor para todos ni todo lo que es bueno para uno es bueno para todos.

La divina sabiduría es un conocimiento intelectual e infuso de las divinas perfecciones y de las cosas eternas, que más debería llamarse contemplación que especulación. La ciencia es adquirida y engendra el conocimiento de la naturaleza. La sabiduría es infusa y engendra el conocimiento de la divina bondad. Aquélla quiere conocer lo que se alcanza sin trabajo y sudor; ésta desea ignorar que conoce y, por eso mismo, lo alcanza todo.

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Caosmeando

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