viernes, 14 de noviembre de 2008

¿2000 años no son nada? El zodíaco ha cambiado

* I. 12 Marzo al 18 Abril: Piscis
* II. 19 Abril al 13 de Mayo: Aries
* III. 14 de Mayo al 19 de Junio: Tauro
* IV. 20 de Junio al 20 de Julio: Géminis
* V. 21 de Julio al 9 de Agosto: Cáncer
* VI. 10 de Agosto al 15 de Septiembre: Leo
* VII. 16 de Septiembre al 30 de Octubre: Virgo
* VIII. 31 de Octubre al 22 de Noviembre: Libra
* IX. 23 de Noviembre al 29 de Noviembre: Escorpión
* X. 30 de Noviembre al 17 de Diciembre: Ofiuco
* XI. 18 Diciembre al 18 Enero: Sagitario
* XII. 19 Enero al 15 Febrero: Capricornio
* XIII. 16 Febrero al 11 Marzo: Acuario

Estos son los signos zodiacales verdaderos, según la posición real del Sol entre las constelaciones zodiacales.
Seguir Leyendo...



Se comienzan a contar desde Piscis, pues ésta es la constelación zodiacal donde se encuentra el Punto 0, el lugar donde se intersectan las líneas de la eclíptica y del Ecuador Celeste. El Sol pasa por allí durante el equinoccio de marzo.

Que una persona sea de un signo u otro, depende de la constelación zodiacal por donde pasaba el sol en el momento de su nacimiento.

Si hubiese nacido hace dos mil años sería efectivamente del "signo" que dice su horóscopo. Esta diferencia es producto del movimiento de "precesión" de la Tierra, debido a que no es esférica, sino un elipsoide achatado por los polos.

Los astrólogos no toman en cuenta el movimiento de precesión ocurrido desde el año 120, fecha en la que Claudio Ptolomeo escribió el "Almagesto", el libro en el que se basan las predicciones astrológicas, y siguen considerando el cielo como era dos mil años atrás. De ahí las diferencias de un signo completo que tienen con las posiciones reales de los planetas, el Sol y la Luna, en su movimiento por las constelaciones zodiacales.


Seguir Leyendo...

Las once mil vergas (XXX)

Héléne, vestida a medias, condujo a Mony a una habitación obscura y sin muebles, en la que una falsa ventana interior vidriada daba a una de las habitaciones de la muchacha. Wanda, la hija del general, era una persona bastante bonita de unos diecisiete años. Blandía una nagaika y azotaba con todas sus fuerzas a una hermosísima muchacha rubia, arrodillada a cuatro patas ante ella y con las faldas arremangadas. Era Nadeja. Su culo era maravilloso, enorme, regordete. Se contoneaba debajo de un talle inverosímilmente delgado. Cada golpe de nagaika la hacía saltar y el culo parecía hincharse. Lo tenía rayado en forma de cruz de San Andrés por las marcas que dejaba la terrible nagaika.

–Señora, no lo haré más –gritaba la azotada, y su culo al alzarse mostraba un coño muy abierto, sombreado por un bosque de pelos rubios como la estopa.

–Ahora vete –gritó Wanda, pegando un puntapié en el coño de Nadeja, que huyó dando alaridos.

Luego la muchacha fue a abrir un pequeño camarín de donde salió una niña de trece o catorce años, delgada y morena, de aspecto vicioso.

–Es Ida, la hija del dragomán de la embajada de Austria-Hungría –murmuró Héléne al oído de Mony–; fornica con Wanda.

En efecto, la niña arrojó a Wanda sobre la cama, le levantó las faldas y sacó a la luz una selva de pelos, selva virgen aún, de donde emergió un clítoris largo como el meñique, que ella empezó a chupar frenéticamente.

–Chupa fuerte, Ida mía –dijo Wanda amorosamente–, estoy muy excitada y tú debes estarlo también. No hay nada tan excitante como azotar un culo grande como el de Nadeja. Ahora ya no chupes más... voy a follarte.
Seguir Leyendo...




La niña, con las faldas levantadas, se colocó cerca de la mayor. Las piernas gordezuelas de ésta contrastaban singularmente con los muslos delgados, morenos y vigorosos de aquélla.

–Es curioso –dijo Wanda– que te haya desvirgado con mi clítoris y que yo misma sea virgen aún.

Pero el acto había empezado. Wanda abrazaba furiosamente a su amiguita. Ella acarició un momento su coñito casi imberbe aún. Ida decía:

–Mi pequeña Wanda, mi maridito, cuántos pelos tienes, ¡jódeme! Pronto el clítoris entró en la raja de Ida y el bello culo redondo de Wanda se agitó furiosamente.
Mony, a quien este espectáculo ponía fuera de sí, pasó una mano por debajo de las faldas de Héléne y la masturbó hábilmente. Ella le devolvió el cumplido agarrando con toda la mano su enorme cola y lentamente, mientras las dos sáficas se abrazaban desenfrenadamente, manipulaba la enorme cola del oficial. Descabezado, el miembro humeaba. Mony estiraba los corvejones y pellizcaba nerviosamente el botoncito de Héléne. De golpe, Wanda, encarnada y desmelenada, se levantó de encima de su amiguita que, cogiendo una vela de candelabro, acabó la obra comenzada por el desarrollado clítoris de la hija del general. Wanda fue hasta la puerta, llamó a Nadeja que volvió asustada. La preciosa rubia, por orden de su señora desabrochó su corpino y sacó sus grandes pechos, luego se levantó las faldas y tendió su culo. El clítoris erecto de Wanda penetró fácilmente entre las nalgas satinadas y entró y salió como un hombre. La pequeña Ida, cuyo pecho ahora desnudo era encantador pero plano, se acercó para continuar el juego con su vela, sentada entre las piernas de Nadeja, cuyo coño chupó hábilmente. Mony descargó en este mismo momento bajo la presión ejercida por los dedos de Héléne y el semen fue a chocar contra el cristal que les separaba de las bacantes. Tuvieron miedo de que se dieran cuenta de su presencia y se fueron.

Pasaron abrazados por un pasillo: –¿Qué significa –pidió Mony– esta frase que me ha dicho el portero: “El general está mojando bastoncitos en su huevo pasado por agua”?

–Mira –respondió Héléne, y por una puerta entreabierta que dejaba ver el interior del despacho del general, Mony vio a su jefe de pie enculando a un encantador muchachito. Sus rizados cabellos castaños le caían sobre los hombros. Sus ojos azules y angelicales contenían la inocencia de los efebos que los dioses hacen morir jóvenes porque les aman. Su bello culo blanco y duro parecía no aceptar más que con pudor el regalo viril que le hacía el general que se parecía bastante a Sócrates.

Seguir Leyendo...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Edward Weston



En México, Edward Weston comenzó a estudiar las posibilidades que ofrecían objetos funcionales, fabricados en masa, como los retretes de cerámica de la casa que había alquilado. Durante más de una semana estuvo buscando la mejor manera de hacer una fotografía adecuada de este "receptáculo brillantemente esmaltado de extraordinaria belleza". Su objetivo era plasmar el retrete libre de cualquier connotación humorística, escatológica, obscena o de otro tipo, para expresar la "respuesta absolutamente estética a la forma". Cuando, por fin, hizo la foto que deseaba, se la mostró a Diego Rivera quien exclamó: "Nunca en mi vida había visto una fotografía tan bella"

Seguir Leyendo...

¿Por qué me tengo yo que enamorar?

Los Fresones Rebeldes

Seguir Leyendo...

La existencia precede a la esencia (2)

El hombre es el único que no sólo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere, y como se concibe después de la existencia, como se quiere después de este impulso hacia la existencia; el hombre no es otra cosa que lo que él se hace.
Éste es el primer principio del existencialismo. Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir.
El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser. No lo que querrá ser.
Seguir Leyendo...



Pues lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente, que para la mayoría de nosotros es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo. Yo puedo querer adherirme a un partido, escribir un libro, casarme; todo esto no es más que la manifestación de una elección más original, más espontánea que lo que se llama voluntad.
Pero si verdaderamente la existencia precede a la esencia, el hombre es responsable de lo que es. Así, el primer paso del existencialismo es poner a todo hombre en posesión de lo que es, y asentar sobre él la responsabilidad total de su existencia. Y cuando decimos que el hombre es responsable de sí mismo, no queremos decir que el hombre es responsable de su estricta individualidad, sino que es responsable de todos los hombres.
Hay dos sentidos de la palabra subjetivismo, y nuestros adversarios juegan con los dos sentidos. Subjetivismo, por una parte, quiere decir elección del sujeto individual por sí mismo, y por otra, imposibilidad para el hombre de sobrepasar la subjetividad humana.
El segundo sentido es el sentido profundo del existencialismo. Cuando decimos que el hombre se elige, entendemos que cada uno de nosotros se elige, pero también queremos decir con esto que, al elegirse, elige a todos los hombres.
En efecto, no hay ninguno de nuestros actos que, al crear al hombre que queremos ser, no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como consideramos que debe ser. Elegir ser esto o aquello es afirmar al mismo tiempo el valor de lo que elegimos, porque nunca podemos elegir mal; lo que elegimos es siempre el bien, y nada puede ser bueno para nosotros sin serlo para todos.
Si, por otra parte, la existencia precede a la esencia y nosotros quisiéramos existir al mismo tiempo que modelamos nuestra imagen, esta imagen es valedera para todos y para nuestra época entera.
Así, nuestra responsabilidad es mucho mayor de lo que podríamos suponer, porque compromete a la humanidad entera. Si soy obrero, y elijo adherirme a un sindicato cristiano en lugar de ser comunista; si por esta adhesión quiero indicar que la resignación es en el fondo la solución que conviene al hombre, que el reino del hombre no está en la tierra, no comprometo solamente mi caso: quiero ser un resignado para todos; en consecuencia, mi proceder ha comprometido a la humanidad entera.
Y si quiero -hecho más individual- casarme, tener hijos, aun si mi casamiento depende únicamente de mi situación, o de mi pasión, o de mi deseo, con esto no me encamino yo solamente, sino que encamino a la humanidad entera en la vía de la monogamia. Así soy responsable para mí mismo y para todos, y creo cierta imagen del hombre que yo elijo; eligiéndome, elijo al hombre.

Seguir Leyendo...

Caosmeando

ecoestadistica.com