miércoles, 20 de agosto de 2008

Con los ojos abiertos.

El sábado pasado (calculo que sería el sábado) al ver la luna comenté que pasaba algo extraño y alguien contestó que había oído que iba a haber un eclipse parcial de luna. Después de disfrutar de ese eclipse en buena compañía en una noche veraniega agradablemente fresca, al día siguiente oí que ése no había sido uno de tantos eclipses de luna, que tardaría muchos muchos años en volver a producirse uno así. Un niño me dijo que él había oído en alguna parte que era Júpiter quien producía el eclipse. Me gustaría que me explicaran. Gracias.
P.D. ¿Qué tal la lluvia de estrellas del otro día? De la de san Lorenzo hablo, claro, de las perseidas.

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Robando arte callejero XVII


| Graffiti robado en el barrio de Notting Hill, Londres, UK |



Observas el bullicio de Portobello Road de reojo, recordando aquellos días en los que tú mismo eras el que paseabas entre la gente, deseando encontrar una moneda, un sello o un cuadro a precio de ganga que poder luego revender para ganarte el pan.

Tenías buen ojo, sabías distinguir qué valía la pena o qué no, sólo al ver un brillo diferente entre un montón de cacharros que no valen nada; pero tu mirada era eternamente triste, antigua, como si hubieras vivido en la época de todos aquellos objetos que buscabas.

Un día, apareciste pintado en la pared, creo que queriendo salvaguardar tu imagen para la gente nueva que nunca te vió callejear, esas arrugas que habían vivido tanto. Nunca más se supo de ti.

Hubo quiénes dijeron que habías vuelto al sitio de donde viniste, el cuál nadie conocía; otros afirmaban que te habían visto en los alrededores de Hyde Park con tu eterna gabardina llena de remiendos y alguno aventuró que habías ganado tanto dinero con tus trapicheos que te habías largado a las Bahamas a vivir lo que te quedaba de vida sin ninguna preocupación.

Pero hubo unos pocos que pensaron que fue la manera de decir que habías terminado tus días en este mundo. Los comerciantes de Portobello Road se reunían allí al final de cada jornada para recordarte, porque aunque nunca antes notaron lo fuerte que era tu presencia, ahora la extrañaban y, decían, necesitaban brindarte un homenaje.

Una mañana sin previo aviso, apareció junto a tu cara un cartel anónimo que te pedía que guardases siempre aquel mercado, que fueses el protector de aquellas tiendas y puestos que cada semana montaban para que el barrio se llenase de gente, bullicio y alegría. A otras personas debió parecerles una buena idea y de esta manera, se convirtío en una pequeña tradición, con lo que a tu lado brotaron miles de panfletos de colores con mensajes de lo más dispar:

Cuida de Notting Hill y de sus gentes.

Mi perro se ha perdido, es un labrador con collar rojo, si lo ves, por favor, la próxima vez que pase por aquí, guiñame un ojo. Estaré atento.

Necesito contárselo a alguien. Estoy enamorada del hombre más maravilloso del mundo :) Lo conocí aquí, en Portobello Road.

¿No te cansas de estar siempre mirándonos?

[...]

Al principio, por esta razón, tu figura atraía más gente que el propio mercado, pero paulatinamente y sin motivo, los visitantes empezaron a fallar; cada vez menos personas te escribían, hasta que un día cualquiera del pasado siglo, nadie fue a visitarte.

Un par de noches más tarde, un servicio de limpieza despojó la pared de los cientos de mensajes de papel que la habían vestido y desde entonces, los turistas te miran con curiosidad, sin saber quién eres ni qué haces ahí. Algunos toman una foto, otros se quedan prendidos de tus ojos, a otros tantos les suceden ambas cosas.

A mí, me enamoraste, estoy convencida de que vives en la pintura. Esa mirada es real.

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sábado, 9 de agosto de 2008

Las olimpiadas en Beijing-Pekín

Ahora que los juegos olímpicos se han inaugurado no está de más recordar esto:

¿Sabes a qué se juega en China?

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miércoles, 6 de agosto de 2008

Toda la mar por delante

Una hermosa canción de javier Ruibal

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martes, 5 de agosto de 2008

Enûma Elish (y IX)

Después de ordenar todas las normas,
a los Anunnaki del cielo y de la tierra asignó sus porciones,
los Anunnaki abrieron su boca
y dijeron a Marduk, su señor:
«Ahora, señor, ya que nos has liberado,
¿qué homenaje te rendiremos?
Edificaremos un santuario en tu honor, que se llamará
'La cámara de nuestro reposo nocturno'; ¡que en él reposemos!
¡Edifiquemos un santuario, un lugar para su morada!
El día en que lleguemos, reposaremos en él».
Cuando Marduk lo oyó,
sus facciones brillaron como el día:
«Como el de la alta Babilonia, cuya edificación solicitasteis,
su obra de ladrillo sea realizada. 'El Santuario' se llamará».
A la obra se pusieron los Anunnaki,
durante un año fabricaron ladrillos.
Al llegar el segundo año,
levantaron el tope de Esagila igual a Apsu.
Después de levantar una torre escalonada tan alta como Apsu,
pusieron allí una morada para Marduk, Enlil (y) Ea.
En su presencia la adornaron con esplendor.
Hacia abajo miran sus cuernos, a la base de Esharra.
Cuando concluyeron la obra de Esagila,
los mismos Anunnaki levantaron sus santuarios.
... todos se reunieron,
... edificaron para su morada.
A los dioses sus padres, sentó en su banquete:
«Esta es Babilonia, lugar de vuestra casa.
Festejad en su recinto, llenad sus anchas plazas».
Ocuparon sus tronos los grandes dioses.
A beber y a banquetear se pusieron.
Después de festejar allí,
en Esagila, el espléndido, celebrados sus ritos,
habiendo establecido las leyes (y) sus portentos,
todos los dioses repartieron las estancias del cielo y de la tierra.
Los cinco grandes dioses ocuparon sus tronos.
Los siete dioses del destino pusieron a los trescientos en el cielo.
Enlil alzó el arco, su arma, y lo puso ante ellos.
Los dioses, sus padres, vieron la red que había hecho.
Cuando contemplaron el arco, y su forma tan hábil,
sus padres alabaron la obra que había realizado.
Empuñándolo, Anu habló en la asamblea de los dioses,
mientras besaba el arco:
[...]

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Caosmeando

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