Un poema de Cintio Vitier
Esto hicieron otros
mejores que tú
durante siglos.
De ellos dependía
tu sensación de libertad
tu camisa limpia
y el ocio de tus lecturas y escrituras.
De ellos depende
todo lo que te parecía natural
como ir al cine
o estar triste, levemente.
Lo natural, sin embargo, es el fango,
el sudor, el excremento.
A partir de ahí, comienza
la epopeya, que no es sólo
un asunto de héroes deslumbrantes,
sino también
de oscuros héroes, suelo de tus pisadas,
página donde se escriben las palabras.
Deja las palabras, prueba
un poco lo que ellos hicieron, hacen,
seguirán haciendo
para que seas:
ellos,
los sumidos en la necesidad
y la gravitación,
los molidos por los soles implacables
para que tu pan siempre esté fresco,
los atados
al poste férreo de la monotonía
para que puedas barajar todos los temas,
los mutilados
por un mecánico gesto infinitamente repetido
para que puedas hacer
lo que te plazca con tu alma y con tu cuerpo.
Redúcete como ellos.
Paladea el horno,
come fatiga.
Entra un poco, siquiera sea clandestinamente,
en el terrible reino de los sustentadores
de la vida.
jueves, 1 de mayo de 2008
Trabajo
miércoles, 30 de abril de 2008
martes, 29 de abril de 2008
Petición desesperada de ayuda
A todos quienes visitan, tripulan, componen, el caosmos, a todos quienes por aquí pasen, hago un llamamiento, es mucho más que cuestión de vida o muerte, necesito ayuda urgente: ¿Cómo decirle a una persona que la quieres sin usar esas dos palabras: Te quiero? ¿Cómo hacer cuando a cada instante tus ganas de decírselo, así, con esas dos palabras: Te quiero, son cada vez más irresistibles? Seguro que hay más de mil maneras de decir Te quiero y creo que yo ya he usado algunas de ellas, pero necesito más, muchísimas más, para soportar esta intolerable presión de sentir cada vez con más claridad, con más fuerza, que quiero a esa persona y no poder usar esas dos palabras: Te quiero. Y, claro está, tampoco Te amo.
Espero vuestras sugerencias, id poniendo aquí todas las maneras que vosotros uséis, que conozcáis o que se os ocurren de decir Te quiero. Muchísimas gracias.
No sé si te servirá, pero podrías cantarle o, si cantar no es lo tuyo o, con los nervios y la emoción, no te saldría la voz del cuerpo, podrías ponerle una canción claramente alusiva, como Algo Contigo
domingo, 27 de abril de 2008
Donde habita el olvido.
En un lugar no muy lejano, quizás al lado de nuestra casa, vivía el hombre que se cansó de recordar. En este lugar siempre había motivos para guardar cosas en la mente y nuestro protagonista siempre se consideró afortunado por tener tan prodigiosa memoria.
Un día, el hombre vio aparecer en su casa algo que jamás había visto y ni tan siquiera había escuchado hablar de él, porque si no, su talentosa memoria tendría algún dato. Sin embargo, este algo no hacía nada sobre natural: andaba, hablaba, escuchaba, reía, se enfadaba, perdonaba, bromeaba, se enfermaba, besaba, pegaba, amaba, odiaba... Entonces, ¿Qué tenía de especial para aquel hombre? Pues que él nunca había visto a nadie andar, hablar, escuchar, reir, enfadarse, perdonar, bromear, enfermarse, besar, amar y odiar como el último habitante de su casa; hacía especial lo más normal.
Al cabo de un tiempo breve, pero intenso, aquel hombre vio como tenía que dejar salir de su casa a ese algo como tantos otros recuerdos que habían habitado allí. El hombre se resistía a la idea de no convivir con su compañero al día siguiente, pero sabía que tarde o temprano iba a suceder. Cuando salió por la puerta y el hombre volvió a encontrarse con sus recuerdos y en especial con los recuerdos de su último huésped.
Ahora no estaba feliz. Se sentía distinto, vacío y sobre todo sólo. Los recuerdos que tanto le habían acompañado no le servían para dibujar una sonrisa en su cara, porque todo recuerdo le llevaba al mismo lugar, a ese algo que estaba recien salido de casa. Esto le condujo a sentirse muy triste. El rencor se apoderó de él. No quería entender por qué había tenido que irse, por qué no continuó allí por el resto de los días.
La angustia fue la protagonista de su vida por aquél entonces y el hombre se cansó de recordar. Su último recuerdo fue que nunca se había sentido así de mal, pero, ¿qué se hace para amar lo que quiso despreciar una y mil veces?
Extraña, quiere, ha perdido y eso duele