domingo, 30 de agosto de 2009

La historia del ojo (1)

I-EL OJO DEL GATO

Crecí muy solo y desde que tengo memoria sentí angustia frente a
todo lo sexual. Tenía cerca de 16 años cuando en la playa de X encontré
a una joven de mi edad, Simona. Nuestras relaciones se precipitaron
porque nuestras familias guardaban un parentesco lejano. Tres días
después de habernos conocido, Simona y yo nos encontramos solos en
su quinta. Vestía un delantal negro con cuello blanco almidonado.
Comencé a advertir que compartía conmigo la ansiedad que me
producía verla, ansiedad mucho mayor ese día porque intuía que se
encontraba completamente desnuda bajo su delantal.
Llevaba medias de seda negra que le subían por encima de las rodi-
llas; pero aún no había podido verle el culo (este nombre que Simona y
yo empleamos siempre, es para mí el más hermoso de los nombres del
sexo). Tenía la impresión de que si apartaba ligeramente su delantal
por atrás, vería sus partes impúdicas sin ningún reparo.
En el rincón de un corredor había un plato con leche para el gato:
“Los platos están hechos para sentarse”, me dijo Simona. “¿Apuestas a
que me siento en el plato?” —”Apuesto a que no te atreves”, le respon-
dí, casi sin aliento.
Hacia muchísimo calor. Simona colocó el plato sobre un pequeño
banco, se instaló delante de mí y, sin separar sus ojos de los míos, se
sentó sobre él sin que yo pudiera ver cómo empapaba sus nalgas
ardientes en la leche fresca. Me quedé delante de ella, inmóvil; la
sangre subía a mi cabeza y mientras ella fijaba la vista en mi verga que,
erecta, distendía mis pantalones, yo temblaba.
Me acosté a sus pies sin que ella se moviese y por primera vez vi su
carne “rosa y negra” que se refrescaba en la leche blanca. Permaneci-
mos largo tiempo sin movernos, tan conmovidos el uno como el otro.
De repente se levantó y vi escurrir la leche a lo largo de sus piernas,
sobre las medias. Se enjugó con un pañuelo, pausadamente, dejando
alzado el pie, apoyado en el banco, por encima de mi cabeza y yo me
froté vigorosamente la verga sobre la ropa, agitándome amorosamente
por el suelo. El orgasmo nos llegó casi en el mismo instante sin que nos
hubiésemos tocado; pero cuando su madre regresó, aproveché, mien-
tras yo permanecía sentado y ella se echaba tiernamente en sus brazos,
para levantarle por atrás el delantal sin que nadie lo notase y poner mi
mano en su culo, entre sus dos ardientes muslos.
Regresé corriendo a mi casa, ávido de masturbarme de nuevo; y al
día siguiente por la noche estaba tan ojeroso que Simona, después de
haberme contemplado largo rato, escondió la cabeza en mi espalda y
me dijo seriamente “no quiero que te masturbes sin mí”.
Así empezaron entre la jovencita y yo relaciones tan cercanas y tan
obligatorias que nos era casi imposible pasar una semana sin vernos. Y
sin embargo, apenas hablábamos de ello. Comprendo que ella experi-
mente los mismos sentimientos que yo cuando nos vemos, pero me es
difícil describirlos.

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sábado, 29 de agosto de 2009

El sueño del caracol

De Iván Sáinz-Pardo

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jueves, 27 de agosto de 2009

Una larga partida de ajedrez

De Eduardo Santiago Ruiz

Cuando vi las hojas amarillentas de los árboles caer de abajo hacia arriba, prenderse a sus ramas y reverdecer tímidamente, no me sorprendí. Muy en el fondo casi esperaba que sucediera, porque todo es posible en un sueño y acaso la vida no sea sino un sueño.

Avancé por el intricado camino de arena. En un oculto meandro estaban las rocas que simulaban ser una mesa y dos bancos colocados con exquisita simetría, como si el destino los hubiera preparado especialmente para mí, para esta tarde.

Me senté.

Un tablero de ajedrez estaba tallado en la superficie, y en él, ya dispuestas las treinta y dos piezas. No esperé más e hice mi primera jugada. Las piezas negras comenzaron a moverse aunque el banco de mi oponente seguía vacío. Él, sin duda, era un mal jugador; comparé sus movimientos cobardes y azarosos con los de un nido de ratas que huyen asustadas. Orquesté mi ataque con violencia, avancé mis agudos alfiles, mis ágiles caballos, enlacé mis torres como dos castillos medievales que se defienden el uno al otro, como dos viejas montañas.

Pero sucedió que perdí una pieza y después una tras otra y comencé a jugar con incredulidad y con furia. Ya no era yo el jugador que movía las piezas, era yo el inválido rey que desde el alcázar dirige a su ejército. Enfermo y decrépito, respirando trabajosamente, me asomé a la ventana y vi a las tropas negras plagar el horizonte. Esa visión me hizo entender que lo que llamamos destino no es sino el conjunto de las causas que desconocemos. No pasó mucho tiempo antes de oír a los alfiles correr sobre mi techo, a los caballos hollando mis jardines, a una mujer desconocida hablando tras la puerta de mi habitación.

Unos pasos subieron las escaleras, se acercaron por el corredor, abrieron sin trabajo el cerrojo. Sentí que esos pasos comenzaron a andar mucho antes de mi nacimiento y sólo hasta ahora podía escucharlos. Entraron. Su dueño era un hombre alto que ocultaba su rostro tras una máscara.

Envidié su fuerza y su triunfo, mientras que yo, que había tenido un imperio en mi puño ya sólo conservaba un leve cuchillo. Lo envidié porque pronto sería yo y no él el que no vería sino oscuridad, yo el que sería borrado, yo el que no despertaría ya más.

Quizás como un gesto de piedad o de altivez acercó su oído a mis labios; le ordené que mostrara su rostro. Aquello fue como contemplarme en un espejo. Ese hombre era igual a mí salvo porque no era yo. O quizás, pensé, era yo actuando otro tiempo u otra historia.

El cuchillo cayó al suelo.

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miércoles, 26 de agosto de 2009

La caída de Ícaro

Odilon Redon

Para ver la imagen completa hay que clicar sobre ella.

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lunes, 24 de agosto de 2009

Prólogo a la Grammatica de Nebrija

La primera gramática de una lengua vulgar publicada en Europa.

A LA MUI ALTA Y ASSÍ ESCLARECIDA PRINCESA DOÑA ISABEL, LA TERCERA DESTE NOMBRE, REINA I SEÑORA NATURAL DE ESPAÑA Y LAS ISLAS DE NUESTRO MAR. COMIENÇA LA GRAMÁTICA QUE NUEVA MENTE HIZO EL MAESTRO ANTONIO DE LEBRIXA SOBRE LA LENGUA CASTELLANA. Y PONE PRIMERO EL PRÓLOGO. LEE LO EN BUEN ORA.

Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas, que para nuestra recordación y memoria quedaron escriptas, una cosa hallo y: saco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caída de entrambos. I dexadas agora las cosas mui antiguas de que a penas tenemos una imagen y sombra de la verdad, cuales son las de los assirios, indos, sicionios y egipcios, en los cuales se podría mui bien provar lo que digo, vengo a las más frescas, y aquellas especial mente de que tenemos maior certidumbre,
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y primero a las de los judíos. Cosa es que mui ligeramente se puede averiguar que la lengua ebraica tuvo su niñez, en la cual a penas pudo hablar. I llamo io agora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. Por que es cosa verdadera o muy cerca de la verdad, que los patriarcas hablarían en aquella lengua que traxo Abraham de tierra de los caldeos, hasta que decendieron en Egipto, y que allí perderían algo de aquélla y mezclarían algo de la egipcia. Mas después que salieron de Egipto y començaron a hazer por sí mesmos cuerpo de gente, poco a poco apartarían su lengua, cogida, cuanto io pienso, de la caldea y de la egipcia, y de la que ellos ternían comunicada entre sí, por ser apartados en religión de los bárbaros en cuia tierra moravan.

Assí que començó a florecer la lengua ebraica en el tiempo de Moisén, el cual, después de enseñado en la filosofía y letras de los sabios de Egipto, y mereció hablar con Dios, y comunicar las cosas de su pueblo, fue el primero que osó escrivir las antiguedades de los judíos; y dar comienço a la lengua ebraica. La cual, de allí en adelante, sin ninguna contención, nunca estuvo tan empinada cuanto en la edad de Salomón, el cual se interpreta pacífico, por que en su tiempo con la monarchía floreció la paz, criadora de todas las buenas artes y onestas. Mas después que se començó a desmembrar el reino de los judíos, junta mente se començó a perder la lengua, hasta que vino al estado en que agora la vemos, tan perdida que, de cuantos judíos oi biven, ninguno sabe dar más razón de la lengua de su lei, que de cómo perdieron su reino, y del ungido que en vano esperan.

Tuvo esso mesmo la lengua griega su niñez, y començó a mostrar sus fuerças poco antes de la guerra de Troia, al tiempo que florecieron en la música y poesía Orfeo, Lino, Muséo, Amphión, y poco después de Troia destruida, Omero y Esiodo. I assí creció aquella lengua hasta la monarchía del gran Alexandre, en cuio tiempo fue aquella muchedumbre de poetas, oradotes y filósofos, que pusieron el colmo, no sola mente a la lengua, mas aún a todas las otras artes y ciencias. Mas después que se començaron a desatar los reinos y repúblicas de Grecia, y los romanos se hizieron señores della, luego junta mente començó a desvanecer se la lengua griega y a esforçar se la latina. De la cual otro tanto podemos dezir: que fue su niñez con el nacimiento y población de Roma, y començó a florecer quasi quinientos años después que fue edificada, al tiempo que Livio Andrónico publicó primera mente su obta en versos latinos. I assí creció hasta la monarchía de Augusto César, debaxo del cual, como dize el Apóstol, vino el cumplimiento del tiempo en que embió Dios a su unigénito hijo; y; nació el salvador del mundo. En aquella paz de que avían hablado los profetas y fue significada en Salomón, de la cual en su nacimiento los Ángeles cantan: Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz a los ombres de buena voluntad'. Entonces fue aquella multitud de poetas y oradores que embiaron a nuestros siglos la copia y deleites de la lengua latina: Tulio, César, Lucrecio, Virgilio, Oracio, Ovidio, Livio i todos los otros que después se siguieron basta los tiempos de Antonino Pío. De allí, començando a declinar el imperio de los romanos, junta mente començó a caducar la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recebimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos, poco más tiene que hazer con ella que con la aráviga. Lo que diximos de la lengua ebraica, griega y latina, podemos mui más clara mente mostrar en la castellana; que tuvo su niñez en el tiempo de los juezes y Reies de Castilla y de León, y començó a mostrar sus fuerças en tiempo del mui esclarecido y digno de toda la eternidad el Rei don Alonso el Sabio, por cuio mandado se escrivieron las Siete Partidas, la General Istoria, y fueron trasladados muchos libros de latin y aravigo en nuestra lengua castellana. La cual. se estendió después hasta Aragón y Navarra y de allí a Italia, siguiendo la compañía de los infantes que embiamos a imperar en aquellos Reinos. I assí creció hasta la monarchía y paz de que gozamos, primera mente por la bondad y providencia divina; después por la industria, trabajo y diligencia de vuestra real majestad. En la fortuna y buena dicha de la cual, los miembros y pedaços de España, que estavan por muchas partes derramados, se reduxeron y aiuntaron en un cuerpo y unidad de Reino. La forma y travazón del cual, assí está ordenada, que muchos siglos, iniuria y tiempos no la podrán romper ni desatar. Assí que después de repurgada la cristiana religión, por la cual. somos amigos de Dios, o reconciliados con él. Después de los enemigos de nuestra fe vencidos por guerra y fuerça de armas, de donde los nuestros recebían tantos daños y ternían mucho maiores; después de la justicia y essecución de las leies que nos aiuntan y hazen bivir igual mente en esta gran compañía, que llamarnos reino y república de Castilla; no queda ia otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras, es aquélla que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales y es propria del ombre, y en orden la primera después de la contemplación, que es oficio propio del entendimiento. Esta hasta nuestra edad anduvo suelta. y fuera de regla, y a esta causa a recebido en pocos siglos muchas mudanças; por que si la queremos cotejar con la de oi a quinientos años, hallaremos tanta diferencia y diversidad cuanta puede ser maior entre dos lenguas. I por que mi pensamiento y gana siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nación, y dar a los ombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio, que agora lo gastan leiendo novelas o istorias embueltas en mil mentiras y errores, acordé ante todas las otras cosas reduzir en artificio este nuestro lenguaje castellano, para que lo que agora y de aquí adelante en él se escriviere pueda quedar en un tenor, y estender se en toda la duración de los tiempos que están por venir. Como vemos que se a hecho en la lengua griega y latina, las cuales por aver estado debaxo de arte, aun que sobre ellas an passado muchos siglos, toda vía quedan en una uniformidad.

Por que si otro tanto en nuestra lengua no se haze como en aquéllas, en vano vuestros cronistas y estoriadores escriven y encomiendan a inmortalidad la memoria de vuestros loables hechos, y nos otros tentamos de passar en castellano las cosas peregrinas y estrañas, pues que aqueste no puede ser sino negocio de pocos años. I será necessaria una de dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua; o que ande peregrinando por las naciones estrangeras, pues que no tiene propria casa en que pueda morar. En la çania de la cual io quise echar la primera piedra, y hazer en nuestra lengua lo que Zenodoto en la griega y Crates en la latina. Los cuales aun que fueron vencidos de los que después dellos escrivieron, a lo menos fue aquella su gloria, y será nuestra, que fuemos los primeros inventores de obra tan necessaria. Lo cual hezimos en el tiempo más oportuno que nunca fue hasta aquí, por estar ia nuestra lengua tanto en la cumbre, que más se puede temer el decendimiento della que esperar la subida. I seguir se a otro no menor provecho que aqueste a los ombres de nuestra lengua que querrán estudiar la gramática del latín. Por que después que sintieren bien el arte del castellano, lo cual no será mui dificile por que es sobre la lengua que ia ellos sienten, cuando passaren al latín no avrá cosa tan escura que no se les haga mui ligera, maior mente entreveniendo aquel Arte de la Gramática que me mandó hazer vuestra Alteza, contraponiendo línea por línea el romance al latín. Por la cual forma de enseñar no sería maravilla saber la gramática latina, no digo io en pocos meses, más aún en pocos días, y mucho mejor que hasta aquí se deprendía en muchos años. El tercero provecho deste mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real majestad, y me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Avila me arrebató la respuesta; y respondiendo por mi dixo que después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos ternían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latin. I cierto assí es que no sola mente los enemigos de nuestra fe, que tienen ia necessidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcainos, navarros, franceses, italianos, y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y; necessidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a la deprender por uso, podrán la más aina saber por esta mi obra. La cual con aquella vergüença, acatamiento y temor, quise dedicar a vuestra real majestad, que Marco Varrón intituló a Marco Tulio sus Origenes de la Lengua Latina; que Grilo intituló a Publio Virgilio poeta, sus Libros del Acento; que Damaso Papa a Sant Jerónimo; que Paulo Orosio a Sant Augustín sus libros de istorias; que otros muchos autores, los cuales endereçaron sus trabajos y velas a personas mui más enseñadas en aquello de que escrivían.

No para enseñarles alguna cosa que ellos no supiessen, mas por testificar el ánimo y voluntad que cerca dellos tenían, y por que del autoridad de aquéllos se consiguiesse algún favor a sus obras. I assí después que io deliberé con gran peligro de aquella opinión que muchos de mí tienen, sacar la novedad desta mi obra de la sombra y tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte, a ninguno más justa mente pude consagrar este mi trabajo, que a aquella, en cuia mano y poder no menos está el momento de la lengua, que el arbitrio de todas nuestras cosas.

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Caosmeando

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