El tabaco, es una planta originaria del continente americano, principalmente del Caribe, y allí las conoció el hombre hace aproximadamente dieciocho mil años.
Expertos en genética vegetal han determinado que el origen del tabaco, el lugar donde se cultivó por primera vez, se sitúa en la zona andina entre Perú y Ecuador. Los primeros cultivos debieron tener lugar entre cinco mil y tres mil años antes de Cristo. Por otro lado, algunos historiadores ubican su cuna en la Península de Yucatán y se dice que sus pobladores, los antiguos mayas, fueron los primeros en cultivarlo y disfrutarlo, cuando su cultura se disolvió, las tribus que derivaron de ella se llevaron consigo los conocimientos del tabaco hacia el Caribe, norte y sur de América.
El tabaco no sólo era aspirado en humo, sino también masticado, aspirado por la nariz, se masticaba, se comía, se bebía, se untaba sobre el cuerpo, se usaba en gotas en los ojos, y utilizado como medicina en rituales religiosos y mágicos. Se usaba en ritos como soplarlo sobre el rostro de guerreros antes de la lucha, se esparcía en campos antes de sembrar, se ofrecía a los dioses, se derramaba sobre las mujeres antes de una relación sexual, y tanto hombres como mujeres lo utilizaba como narcótico.
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El tabaco era utilizado por indígenas de diferentes tribus, como los indios de Isla Española (hoy República Dominicana y Haití), los caribes de Martinica, los indios oyampys del Brasil y pueblos aztecas, mayas, guaraníes, taínos y antillanos.
A finales del siglo XII, los aztecas invadieron el territorio maya y asimilaron la costumbre de fumar tabaco. Sin embargo, dieron al fumar un carácter más social que religioso, ya que lo más importante se centró únicamente en la magnificencia y el refinamiento de los utensilios de fumar. Los aztecas conservaron la costumbre hasta la llegada de los españoles a principios del siglo XVI.
No obstante, este cultivo para Europa fue desconocido hasta que en el año 1492 Cristóbal Colón descubrió "el puro", al mismo tiempo que el Nuevo Mundo.
En octubre de 1.492, los indios arawak, habitantes de las Bahamas - primer territorio que encuentra Cristóbal Colón, y al cual bautiza como San Salvador -, ofrecen cestas de frutas y hojas secas al explorador europeo. Sin comprender su significado, Colón desecha las hojas secas. Luego, al encontrarse con un navegante solitario en una canoa cerca de isla Fernanda, nuevamente observó un acopio de esos vegetales marchitos entre sus escasas provisiones. Sin embargo, siguió ignorante de su uso.
Un mes más tarde, el 4 de Noviembre de 1.492, Rodrigo de Jerez y Luis de Torres - a su regreso de una excursión al interior de Cuba cumpliendo órdenes del Almirante Cristóbal Colón - encuentran a lugareños que inhalan el humo de hojas secas de tabaco encendidas, a través de un trozo de caña hueca en forma de Y que llaman tobago o tobaca. Fueron las playas de San Salvador el escenario del gran hallazgo del tabaco. Rodrigo de Jerez y Luis de Torres lo describieron como "hojas secas que desprendían una peculiar fragancia", ellos fueron los primeros occidentales en conocer su existencia. Posiblemente, Colón desconociera que había descubierto el tabaco a la vez que América, fueron necesarios cien años para que el tabaco circulara en algunos puertos españoles como Sevilla, Cádiz, Moguer, Cartagena. El resto de Europa no tardaría en conocer las excelencias de la nueva planta. Image
El tabaco ha sido sagrado en América y mágico en Europa. En América del Sur, fue considerado como medicina milagrosa, elemento imprescindible de las ceremonias religiosas y militares, alucinógeno e incluso complemento dietético. Para los brasileños, es un mito donde se dice que el tabaco es un atributo de Dios, que es su representante en la tierra. Para los Mayas del Yucatán, las estrellas fugaces son las cenizas incandescentes de sus enormes cigarros, el trueno es el ruido de dos gruesas rocas que hacen chocar al modo de lumbre y los relámpagos son las chispas que se desprenden; en cuanto a las nubes, son el humo de los puros del dios de la lluvia, por ello ofrecían sus primeras cosechas a los dioses. Los Indios del Caribe utilizaban el tabaco para drogarse, el indio vivía envuelto en humo. La primera conquista del puro, fuera de su área original, fue Birmania. Desde la introducción del tabaco este pueblo quedó prendado de sus excelencias de tal forma que se agujereaban el lóbulo de la oreja, para introducir en él, el puro.
En 1.507 Amerigo Vespucci, alias Américo Vespucio, encuentra indios mascadores de tabaco en la isla Margarita, en Venezuela. Una carta suya, fechada ese mismo año, es el primer texto en el que aparece la palabra tabaco.
En 1.535 el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés publicó el primer volumen de su monumental obra sobre el primer encuentro y primeras décadas de la conquista, Historia general y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano. En ella se encuentra una extensa y considerada la más temprana referencia al "tabaco" y a la costumbre de fumarlo. En la obra se refiere a los Caquetío de Venezuela septentrional y comenta sobre las prácticas adivinatorias relacionadas con el uso del tabaco por parte de los shamanes y los métodos usados en el cultivo de la planta.
Para los primeros fumadores de Europa, el tabaco era una fuente de placer, tenían razones para oponerse a los detractores del tabaco y a los grandes que quisieron hacer de él un medicamento. Rodrigo de Jerez, descubridor junto a Colón de las Américas, sucumbió a los placeres del tabaco y de regreso a España quiso disfrutar del placer de fumar la nueva planta ante su familia y amigos y al ser sorprendido echando humo por la boca fue confundido con un poseso del demonio y enviado a prisión por el Santo Oficio. De esta forma el tabaco se cobraría su primera víctima. Los españoles fueron los primeros en disfrutar del placer de fumar tabaco y en sufrir los castigos y prohibiciones. En la Iglesia, no tuvo buena aceptación y las arbitrariedades inquisitoriales incapaces de reconocer más humo que el del incienso dejaron paso a las prohibiciones regias propiciadas unas veces por superstición y otras, las más, por intereses convencionales y económicos.
sábado, 13 de diciembre de 2008
Tabaco
viernes, 12 de diciembre de 2008
jueves, 11 de diciembre de 2008
Ervigio
Wamba se dio perfecta cuenta de los escasos lazos que unen la monarquía y la nobleza (sobre todo la de territorios periféricos). Las noblezas locales desean una autonomía sobre el poder central. Para paliar esta situación, Wamba promulgó leyes que obligan a colaborar a la nobleza e Iglesia con el rey en momentos de crisis (léase rebeliones) so pena de pagar pesadas multas o, incluso, confiscación de bienes.
El fin del reinado de Wamba es de lo más peculiar. En 680, sintiéndose el rey enfermo de muerte decide hacer confesión, es ordenado sacerdote (lo que le incapacitaría para ocupar el trono) e ingresa en un monasterio.
La nobleza elige al conde Ervigio como sucesor. Pasados unos meses, en 681, Wamba parece haber recuperado la salud y exige su restitución en el trono. Ervigio se niega a ceder el trono y ordena que Wamba siga recluido en el monasterio.
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Tras esta rocambolesca historia parece que se esconde una conjura de la alta nobleza y en la que tuvo un papel destacado el arzobispo de Toledo. Wamba pudo recibir un veneno que le produciría un grave estado de enfermedad. El rey, viéndose moribundo permitió ser ordenado sacerdote por el mismo arzobispo de Toledo, con lo que perdió el trono. Una vez ingresado en el monasterio y a salvo de sus envenenadores, recobró la salud pero no el trono, aunque viviría los años suficientes para seguir conspirando contra Ervigio.
Ervigio llega al trono tras la conjura durante la cual se engañó y narcotizó al rey Wamba, para una vez en ese estado tonsurarlo y hacerlo tomar los hábitos, cosa que le impedía volver a ser rey. Ervigio probablemente encabezó esta conjura, junto con el metropolitano de Toledo Julián II (680-690), quien le ungió como nuevo rey.
El nuevo rey intenta apoyarse en el alto clero para contrarrestar el poder de la nobleza. Para ello, invita al episcopado a participar en el gobierno mediante consejos y exhortaciones que tendrán rango de ley (se confía en que los obispos son inspirados directamente por Dios y darán consejos justos). Igualmente, por si acaso, el rey les concede amplios beneficios fiscales y posesiones. Como contrapartida, las vacantes en los obispados serán cubiertas por un candidato designado por el rey y consagrado por el arzobispo de Toledo (primado del reino). Pese a todo, los grupos nobiliarios mantendrán un amenazante poder frente al rey.
Durante los primeros años del reinado de Ervigio, una serie de años especialmente fríos y nivosos arruinaron las cosechas. Esto trae como consecuencia un periodo de hambre generalizada y descontento social. Muchos pequeños propietarios pierden su tierras por las deudas y pasan a depender de nobles locales. Otros muchos deciden huir de sus tierras y dedicarse al bandolerismo. La situación de penuria llegó a ser tan grave que el rey decide condonar en 683 todos los impuestos que se pagan en especie que llevan sin cobrarse desde 681 (probablemente ante la manifiesta imposibilidad de recaudarlos).
Igualmente, Ervigio debió encarar el primer intento musulmán de atacar la Península Ibérica. Parece ser que hubo un fallido desembarco musulmán en la zona de Levante. Esto parece demostrar que los musulmanes ya estaban preparados para la invasión a finales de este siglo VII. Si no la llevaron a cabo fue porque hubo una rebelión bereber contra la élite árabe y siria musulmana. Esta revuelta mantuvo al poder musulmán ocupado durante unos años y ello retrasó la invasión.
Respecto a las actividades legislativas del reinado de Ervigio, hay que mencionar la reducción de algunas prestaciones tributarias y la supresión de otras. Se aprobó una ley que obligaba al pueblo a participar en el ejército y se realizaron algunas reformas al Liber iudiciorum o Código de Recesvinto, que favorecieron a la nobleza, pero sobre todo al clero, no hay que olvidar que subió al poder con la inestimable ayuda del arzobispo de Toledo. Bastantes de las leyes del Código fueron parcialmente modificadas, por lo que, desde esta época, se conoce también como Código de Ervigio. Asimismo, se dictaron fuertes medidas contra los judíos, entre las que se encuentran: No poder tener libros contrarios al catolicismo, prohibición de celebrar fiestas judías, obligación de bautizarse en el periodo de un año y otras medidas ya tomadas en mandatos anteriores como no poder tener esclavos cristianos,etc; Esta reiteración en las leyes nos muestra que las medidas no se aplicaban con rigurosidad. Hay constancia de algunos enfrentamientos con los árabes e intentos de desembarco.
Con la intención de congraciarse con el clero y la noblezaLa convoca dos Concilios en un corto espacio de tiempo, síntoma de la fragilidad de su mandato. En el XII Concilio de Toledo suprime los obispados nombrados por Wamba y en el XIII Concilio de Toledo concede a nobles y eclesiásticos el derecho a no ser encarcelados, así como el ser juzgados por sus iguales y concedió una amnistía a los condenados por sublevaciones anteriores.
Con el objeto de asegurar el trono, casó a su hija Cixilona con Égica, un sobrino de Wamba, buscando unir así a las dos familias y evitar que los nobles partidarios de Wamba tratasen de recuperar el poder tras su muerte.
En el 687, Ervigio enfermó gravemente y designó como sucesor a su yerno Égica, en quien abdicó. Murió el 15 de noviembre de ese año.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Construcción de un rincón (4)
La carrera del erizo.
"Era aburridísima, desierta, sin árboles ni bares para espabilarte tomando un café; una de esas, carreteras donde la aguja se queda clavada en los ciento veinte kilómetros por hora mientras entornas los ojos de tedio y sueño. Un paraje perfecto para que uno se quede torrado al volante y o se rompa los cuernos en la primera curva de no ser porque te mantiene en vela el continuo sobresalto de los Bemeuves que pasan zumbando por el carril de tu izquierda, a ciento ochenta o más, dándote las luces cuando adelantas a un camión, como si tuvieran mucha prisa por llegar a su pueblo y retirar a su anciana madre de trabajar en la calle.
Detesto autovías. Es cierto que son más cómodas y seguras; y si no te quedas frito y la palmas conduciendo, llegas antes a donde quieras ir. Pero para quienes, como el arriba firmante viajar fue durante largos años una forma de vida, esas dobles cintas de asfalto y cemento sustituyen con notable ordinariez a aquellas otras carreteras que tenían árboles y paisajes y pueblos a los lados, donde uno podía detenerse a menudo para un refresco o un bocadillo, compartiendo telenovela de las cuatro con el ventero y las moscas, o calzarse un par de cafés de madrugada entre un camionero y una pareja de la Guardia Civil. Ahora la noche no es más que una larga cinta de asfalto iluminada por tus faros, con la oscuridad y el vacío a derecha e izquierda; y si encontrar una venta durante el día ya se hace raro todo son gasolineras con supermercado, máquina de café y vasos de plástico , dar con una abierta más allá de medianoche es como Sofía Mazagatos leyendo el Ulises de James Joyce: posible, pero improbable.
El caso es que iba el arriba firmante, como les contaba, por una de esas carreteras malditas, y de pronto me encontré con el erizo.
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Ignoro cual es la velocidad de crucero de un erizo adulto, pero les aseguro que aquel cortaba el asfalto de derecha a izquierda a toda leche. Hice un movimiento con el volante, intentando no pasarle por encima, y cuando miré al costado izquierdo vi que el muchacho seguía su afanosa carrera hasta la protección de la cuneta, tiquitiquití, con la misma desesperada rapidez. Por un momento imaginé su punto de vista: a ras del suelo, acojonado, teniendo ante sí la extensión negra del asfalto, equivalente para nosotros a la anchura de un campo de fútbol, una raya blanca en medio y, a intervalos, una especie de truenos violentos y mortíferos que pasan como exhalaciones infernales. Me acordé del conejo Frambueso de La colina de Watership, o de aquel bellísimo poema sobre el despertar de un erizo que escribió en euskera el entrañable Bernardo Atxaga. Habría querido detener el coche y volver atrás para socorrer al bicho en su peligrosa aventura aún le quedaba la carretera del otro lado para estar a salvo , pero no era cuestión de ponerse a maniobrar en la autovía. De modo que seguí adelante, echando un vistazo por el retrovisor hasta que perdí de vista el pequeño y veloz puntito que se la jugaba con un par de huevos, tiquitiquití, a cara o cruz, en vez de quedarse en la cuneta, a salvo.
Que llegues, le deseé. Que alcances el campo al otro lado, pequeño y valiente Erinaceus, allí donde te esperan insectos sabrosos, o lo que diablos comáis los de tu especie; y tal vez también una eriza impresionante, acogedora y tibia, mamífera como tú incluso muy mamífera que se abra de púas y te haga olvidar los sinsabores de la vida y te llene la madriguera de erizitos corajudos como su papi, capaces de cruzar a puro huevo las carreteras que los estúpidos hombres ponemos en vuestro camino. Sin duda ignoras, chaval, que no estás tan solo como crees estar; porque todas las carreteras y todos los rincones de todo el mundo están llenas de otros pequeñajos como tú: anónimos camaradas que corren el mismo albur, quedan despanzurrados o sobreviven, porque no se resignaron a quedarse agazapados viéndolas venir; porque salieron a cazar para su gente, o simplemente a pelear con la vida. Supongo que ahí, en mitad de ese asfalto negro e interminable como la muerte, sudoroso en tu carrera a doble o nada, te sientes miserable y vulnerable. Ojalá supieras que alguien uno de esos hombres estúpidos que cortan árboles y construyen trampas mortales , presenció tu minúscula epopeya, y deseó que llegaras sano y salvo al otro lado. "
Arturo Pérez-Reverte. El Semanal, 7 de diciembre de 1997.